Textos de: Lisbeth Peña


Drowning 1
Te consideras una persona que sabe quién es, qué quiere y que tiene un sistema de valores firme, por lo que nunca llegarías si quiera a considerar que algún día serías el cordero perfecto de un manipulador. Es decir, a lo largo de tu vida tantas personas lo han intentado y siempre te has plantado y les has puesto un paro. Te sientes en ese sentido, fuerte. De repente llega a tu vida una persona buena, maravillosa, amable, podrías decir que es un ángel. Tú le abres tu corazón y le cuentas todo de ti. ¿Por qué no? Es una de las almas más hermosas que has conocido: la admiras, quieres ser como ella y quieres que conozca hasta lo más hondo de tu ser.

Presas de la manipulación


rendirme 4
Desde que tengo memoria, he escuchado decir que la clave para alcanzar tus metas y objetivos es nunca rendirse. Y, aunque esto es muy cierto, usualmente las personas no saben que hay detrás del “dar lo mejor hasta lograrlo”, que suena maravilloso. Pero el proceso dista mucho de ser algo placentero, al menos en mi experiencia. Cuando quiero algo, nunca me doy por vencida. Y eso significa: no importa cuántos “noes” haya en el camino, cuántos ajustes tenga que hacer en mis planes, cuánto tiempo tenga que esperar… No voy a parar, y llego a un nivel obsesivo, destructivo…  Agotador. Por más que trato de olvidarme del asunto, no puedo cerrarlo hasta que lo cumpla, lo cual es frustrante y hace que todo lo demás (relaciones familiares, amigos, trabajo, etc.) pase a un tercer plano. Al final, después de tanto esfuerzo mental y emocional, ¿lo logro? Sí, pero una vez que lo consigo es como si automáticamente perdiera importancia y, entonces, vuelvo a buscar otra “presa”, otra ilusión que conquistar, lo que me hace sentir que estoy en dando vueltas en un círculo interminable. Quiero aclarar que no estoy diciendo que se rindan, lo que realmente quiero expresar es que la palabra “nunca” es muy definitiva. Muchas veces saber rendirse es digno de admiración. Se necesita una fuerza de voluntad enorme para dejar a medias algo que quieres mucho pero que sabes que no vale la pena. O contar con la madurez suficiente para percatarte a tiempo de que quizás es solo un capricho. Cuando nos permitimos rendirnos, le damos apertura a lo que viene, que pudiera ser inclusive mucho mejor. Rendirse no siempre es de perdedores, muchas veces es de sabios. Dejemos de estar etiquetando a las personas como ganadoras o perdedoras en la vida, dejemos de usar los “siempre” y los “nunca”, dejemos a los demás ser. Porque al final eso también nos hará libres. Aunque no conozco a nadie tan intenso en ese aspecto como yo, supongo que allá fuera hay personas que cuando quieren algo se enfocan tanto que descuidan todo lo demás, inclusive la salud. Es algo que es difícil de trabajar. Yo aún no he podido hacer ningún avance al respecto. Pero al menos reconozco que tengo que regular la intensidad con que persigo lo que quiero para no dañarme a mí misma y no perderme nada de mi presente. Es como el cuento del rey y la cuchara con las dos gotas de aceite: Cierto mercader envió a su hijo con el más sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo para explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por su palacio y volviese dos horas más tarde. -Pero quiero pedirte un favor- añadió el sabio entregándole una cucharita de té en la que dejó caer dos gotas de aceite. -Mientras caminas, lleva esta […]

El otro lado de nunca rendirse



Pensamiento Lateral Cabecera Twitter 3
Cuando entré al blog por primera vez, me hice la pregunta que está en el centro de la página “Pregúntate “¿Y si…?” y haz algo diferente”. Siempre he escrito, desde muy pequeña, coleccionaba diarios solo para plasmar todo lo que sentía y leerlo meses o años después para ver cuánto había crecido. Mucha gente me ha preguntado ¿Tienes un blog? A lo cual respondo: No, no tengo. Para mí es muy personal lo que escribo, y siento que es como exponerse desnudo ante una audiencia.  Pero, ¿qué pasa si me expongo¿¿Qué sucedería si dejo que otros vean como soy? ¿Y si… coopero con este blog? Así que me animé a escribirle a Marcos y aquí estoy.  Ha sido un año en el que todos mis planes los eché a la basura y me comencé a preguntar “¿Y si…?”. Al principio me desquicié. Esa búsqueda interior en vez de llevarme a muchas respuestas, me ha llevado a más preguntas y creo que la más básica de todas es: ¿Quién soy? Así que para que tengan una descripción más objetiva (ya que es muy difícil definirse a uno mismo) le pedí a un amigo de muchos años que conoce que me hiciera el favor y esto fue lo que escribió: “¿Cómo describir a Lis? La primera vez que escuche la pregunta pensé que era fácil, ya que puedo presumir que la conozco muy bien. Pero ¿Cómo puedo resumir en algo breve todo  lo que he aprendido de cómo es ella durante tantos años? Y se me ocurrió una sola palabra: AGUA. Lis es una mujer que se considera cambiante, que cambia su rumbo, sus objetivos, sus pensamientos. Sin embargo ahora que la conozco más que antes yo sigo sintiendo que es la misma chica y es porque entiendo su forma de ser y es por eso que me atrevo a describirla como AGUA. El AGUA puede cambiar de estado y su forma, pero seguirá siendo AGUA, para la persona que no entienda la naturaleza del AGUA creerá que es algo completamente diferente porque luce diferente, se siente diferente pero siempre basándose en su exterior, en su forma, pero quien si entienda su naturaleza sabrá que fue su naturaleza nunca cambió, fue AGUA todo el tiempo. Lis, es AGUA sin embargo ella no es consciente de su naturaleza, ella creerá lo que le digan las personas que es, por como luce, por su forma, su estado lo cual a veces le creara conflicto. Pero el día que ella se dé cuenta de su naturaleza se dará cuenta que tal vez cambiaba de forma y de estado pero nunca dejo de ser AGUA.” Julio Mijares, México

Me pregunté “¿Y si…?”