Textos de: María Escribano Torres


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Antes de que quisiera darme cuenta estaba en un espacio oscuro rodeado de otros como yo. Ninguno sabíamos lo que estaba ocurriendo, pero fuese lo que fuese no pintaba nada bien. Pasados unos minutos los más expertos empezaron a especular acerca de lo que podía ocurrir. Algunos ya habíamos oído historias, sin embargo, nos negábamos a pensar que pudiésemos estar destinados a tan cruel destino. En el exterior empezaron a escucharse voces seguidas de carcajadas y pisadas que nos rodeaban una y otra vez a una velocidad vertiginosa. Podía tratarse de dos o de cientos. De pronto, el pequeño espacio en el que permanecíamos retenidos se abrió y a base de golpes acabé cayendo sin remedio. Intenté rodar todo lo que pude para refugiarme. Si podía permanecer el tiempo suficiente oculto quizá evitaría ser devorado.

Adivinanza


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Aquí va mi primer artículo. Por lo general acostumbro a escribir cosas serias. No quiere eso decir que este artículo no lo sea, pero por el título puede parecer un tema sujeto a guasa. Personalmente, creo que no deberíamos bromear con la menstruación, esa cosa tan horrible que nos hace odiar y querer al mismo tiempo, con la que podemos reír y llorar con una diferencia de cinco segundos, y que te hace pensar que tienes mil millones de manos dentro de ti amasándote los ovarios. Sin embargo, debo agradecerle también otras muchas cosas como por ejemplo poder chillar a una persona hasta llegar incluso a amenazarla de muerte y que baste un “lo siento, tenía la regla” para disculparme, o no sentirme culpable de comer todo el chocolate del mundo durante esos días o, incluso (conozco a una amiga) que se ha llegado a inventar que estaba en esa fatídica semana para no mantener relaciones con algún tipo.

Tampax: el gran enemigo de los hombres