Categoría: EMPRESA


google business 4
Vivo en España (sorpresa, sorpresa) y aquí el deporte nacional no es el fútbol o Telecinco, como malpiensan algunos en un error garrafal. El deporte nacional es la burocracia, quizá uno de los peores inventos franceses, justo detrás del francés. España es el lugar del “Vuelva usted mañana” de Mariano José de Larra y del “lo siento, estamos cerrados”. Del “fuera de servicio”, del “es en la otra ventanilla” o en el otro piso, edificio, país o planeta. La burocracia se suponía que ayudaría a la humanidad, que elevaría su civismo y su control sobre los hechos,  cuando lo único útil que ha hecho hasta ahora es provocar con bastante acierto y éxito sin parangón úlceras estomacales. Quiero montar una empresa Para montar una empresa en España necesitas, más que otra cosa, paciencia. Te dirán que necesitas dinero, gente capacitada y una idea. No. Lo que necesitas es una paciencia brutal y un sentido de la templanza que eviten arrancarle la cabeza a la tercera persona que te diga “No, se ha equivocado, este es un impreso que no corresponde a lo que usted quiere hacer. No estoy capacitado para decirle lo que necesita”. Desde hace tiempo me interesa mucho montar mi propia empresa, pero barreras burocráticas y fiscales me lo impiden. ¿Pagar del orden de 300 euros fijos solo por existir? Imposible de mantener a mi escala. ¿Y si montar una empresa fuese como abrir una cuenta en Google? Te bajas una App, Google Business, en tu teléfono o abres el navegador, por ejemplo, por business.google.com, y accederías al siguiente menú. Un menú que solo necesita saber quién eres (ya enlazado mediante una cuenta de Google), el nombre de la empresa, la cuenta inicial desde la que se ingresará el primer dinero, el logo y poco más. En el caso de que se necesite algo más, un emergente bloqueador aparecerá en la pantalla, a lo “Ups, parece que falta el DNI del fundador”. Pero sin más trauma que teclear o realizar una fotografía sobre el documento de identidad. Por supuesto, la responsabilidad legal de abrir una empresa es la que hace que la actual burocracia sea tan lenta, inexpresiva, implacable y, en muchos casos, absurda. La política de cubrirse el culo por si algo sale mal está haciendo añicos el trabajo en este país, donde no se puede mover un dedo sin que alguien te pida “firma ahí”. Pero abrir una empresa debería ser lo fácil, y cerrarla lo difícil (impagos, deudas, trabajadores,…). Curiosamente, es más fácil cerrar y decir “hasta luego” que constituirse como sociedad. Una App como esta podría no solo dar el empujón a los emprendedores, sino bloquear el cierre de empresas que no pagan a sus empleados o que tienen deudas con un “Ups, parece que tiene usted deudas con sus empleados o proveedores. Por favor, compruebe sus cuentas e inténtelo de nuevo más tarde”. Sería genial que Google se pelease con el Estado Español para que éste último deje de ser tan tocapelotas en materia de […]

Google Business: App para crear tu empresa en 5 minutos


qué hacer cuando te despidan
Teniendo en cuenta el ritmo laboral, las bajadas en precios y los altos sueldos que ganamos (según nuestros empleadores), preguntarse cuándo te acabarán echando de alguna empresa quizá tenga más sentido que preguntarse si lo harán o no. Antes de que nadie me hable de optimismo, pesimismo o vasos con agua, o que me llame “cenizo”, aclararé que este no es un artículo negativo. De hecho, es un artículo que va en la línea opuesta del concepto de “mala suerte externa”. Ya sabes, eso de “la culpa es que ha sido de otro pero el marrón me lo he comido yo”. Ni soy negativo ni soy positivo: planteo una posibilidad plausible (hipótesis de partida) en un futuro a corto, medio o largo plazo. Quizá no te echen del puesto laboral que ocupas, pero sería raro que nunca llegasen a echarte de ninguna parte. Y este artículo surge para que te prepares bien si el momento llega. Yo mismo soy el primero que me he ido de todas las empresas en las que he trabajado. En este caso el que les ha despedido he sido yo, pero el caso contrario está a la orden del día. La última vez, a un compañero, no hace ni dos semanas. De modo que los despidos son una realidad. Quizá una menos frecuente si la comparamos con los cotilleos y las oídas de terceros, pero una posibilidad en el futuro. Un muro en nuestro camino. La relación con la empresa Me han calificado de muchas maneras. Por ejemplo, cuando cuento esto de lo que hablo aquí a algunos amigos, éstos me comentan que “voy a las malas” con las empresas. Cuando, en realidad, para mí es actuar de manera justa y según el acuerdo previo que tanto la empresa como yo hemos prometido (vía contrato) cumplir. Mucha gente me dice que, cuando una empresa te contrata, el comportamiento normal debería ser: Hacer horas extra; poner tu coche si hace falta; no hablar de dinero ni de horarios; poner de tu parte en todo. Pero creo que, como toda relación entre dos o más, todas las partes deben comportarse del mismo modo, y nadie tiene por qué bajarse los pantalones o humillarse. Si yo: Hago horas extra (algo que se puede hablar sin problema), estoy sacando trabajo. Es decir, la empresa está ganando dinero con ello, de modo que lo lógico sería que compartiese parte de ese beneficio que he ayudado a conseguir. Os pongo el ejemplo de las cajitas. Si yo trabajo ocho horas al día y saco ocho cajitas (unidades de trabajo útiles), y gano por ello ocho unidades monetarias, lo lógico es que, el día en que saque nueve cajas, se me diese una unidad monetaria extra. Porque la empresa la cobra y la factura. Pongo mi coche si hace falta. Algo perfecto, siempre y cuando el kilometraje incluya no solo la gasolina, sino el mantenimiento, la amortización o la posibilidad de accidente. Después de todo, es nuestro vehículo privado, el que usamos […]

Prepárate para cuando te despidan



PL1 - copia - copia (2) 4
Dado que no sabía muy bien cómo empezar este artículo me he ido a lo fácil. A hablar claro, sin tapujos y sin ocultar nada. La idea de este artículo es que todo el mundo pueda ver cuánto estoy ganando, cuánto espero ganar y cuánto he ganado. Mis ratios de venta, los lugares desde donde más se compra y quién se lleva cuánto dinero en esto de escribir un libro. Es evidente que tenemos tres agentes en el juego: Amazon, el escritor (yo) y el estado. Pero, ¿cuánto se lleva cada uno con mi trabajo? Empecemos. Datos generales. Ventas mensuales Comenzaré por mostrar dos tablas, ambas con el mismo tipo de datos pero una incluyendo enero (la segunda) y otra sin ese mes. Es importante su exclusión porque todavía no ha concluido, y puede dar lugar a dudas o errores de muestreo de datos. Lo que se ve en ambas estadísticas es lo mismo: las unidades vendidas de libros eBooks en función de dos parámetros. Estos son el mes y el día de la semana. Por ejemplo, puedo afirmar que he vendido más los martes de diciembre, pero que en enero las ventas máximas se disparan al domingo. En ambas tablas, cuanto más oscuro es el azul, más alto el número. De manera general (y ahora vamos a la fila inferior de totales mensuales) voy vendiendo cada vez más, las ventas tienen sus picos. Por ejemplo, septiembre. Es fácilmente observable que, aunque en enero las ventas se desplacen hacia el domingo, se suelen vender unos pocos más libros en lunes. No, no muchos más. Es posible que te estés preguntando: ¿Qué es lo que ocurre los lunes? Pues los lunes es el día en que, como hoy, publico las entradas de mi blog. Atrás quedó el tiempo en que lo hacía todos los días. Además de publicar los lunes mis entradas, este suele ser el día de mayor compra de libros electrónicos según los cinco escritores con los que abiertamente comparto los datos de mis libros. Datos básicos. Dinero generado por ventas Vamos a lo que vamos. Imagino que cuando uno se hace escritor lo que quiere (además de ser leído) es ganar pasta. Sobretodo quiere ganar pasta, quiere vivir de vender libros y, si es posible, dejar su trabajo de mierda, en el que está atrapado y con un jefe al que odia a muerte. Pues vamos a ello. Lo primero de todo es decir que Amazon permite dos tipos de configuraciones de regalías (lo que te llevas) en función de, por ejemplo, lo que vaya a costar el libro. Yo no quería que costase mucho, de modo que tuve que elegir la primera opción: 35%. El precio del libro no llega a los 3 dólares. 70%. El precio del libro ha de ser mayor o igual a 3 dólares. La tabla lo que muestra es lo siguiente: lo obtenido para cada agente (El estado, Amazon y el autor) en función del mes. Podemos observar, en gris un factor […]

Los datos del escritor (#Transparencia)


culo en LinkedIn 6
Hace un tiempo una amiga me llamó, y me preguntó cuál era el motivo de LinkedIn, como empresa, así como qué era lo que la gente esperaba de ella. Sin pensármelo mucho, contesté que LinkedIn, como empresa, quería dinero, y que la gente acudía a ella porque podía darle ventajas para su siguiente trabajo. Tras investigar a todo mi entorno social más un poquito más de investigación en foros y en esos conocidos a través de la web, confirmo mis sospechas: prácticamente nadie se hacía un perfil de LinkedIn cuando tenía trabajo o cuando quería mantenerlo, sino cuando lo buscaba. Es un hecho contrastado estadísticamente. Y sobre que una empresa desee beneficios contables creo que no hay mucha duda. LinkedIn es, por supuesto, una empresa. Una que se dedica a muchísimos proyectos, todos ellos enlazados a través de la experiencia laboral. Resumir lo que hace LinkedIn con un “es un CV online” se queda muy atrás, porque lo cierto es que es una herramienta bastante potente en la búsqueda activa de empleo. Recuerdo que la búsqueda activa de empleo no es echar muchos currículums, sino tocar mucho los cojones a mucha gente. Luego volveré a este punto. Quiero destacar que LinkedIn no me paga por haber puesto hoy su logo en un culo, por si acaso alguno, tras leer todo lo que voy a decir de esta empresa, le da por pensar por ahí. Tampoco he conseguido trabajo gracias a esta red social, aunque lo de red social está un poco desvirtuado para lo que viene siendo. Como decía, LikedIn no es una base de datos para tu CV. Por supuesto puede ser un buen escaparate para lo que has hecho en tu vida, aunque dentro de unos años todos debamos tener nuestro blog o web personal para decir “esto es lo que he hecho hasta ahora”. También ofrece algo muy importante: poder conocer a personas de determinada empresa directamente a través de las visitas que hagamos a su perfil, valorar las aptitudes de los conocidos, publicar artículos interesantes, publicar basura también (hay de todo, claro). Pero para mí lo más importante es la posible interacción entre la empresa y el posible futuro trabajador. Hay modos de ponerse en contacto, incluso sin hablar. La perseverancia febril como virtud Esto me lo comentó un amigo, y es totalmente cierto: llamas la atención cuando miras el perfil de alguien en LinkedIn. Que es, en esencia, para lo que puede valer esta red social. Un poco el “ey, estoy aquí, mírame” que todos deseamos tener a nuestro favor. Ya lo comentó una vez Carlos Bravo con su estrategia para conseguir la atención de tu blogger. Básicamente lo que había que hacer es ir a tu web, poner un enlace a la suya y hacer clic muchas veces. Cuando la persona que hay al otro lado ve que en sus estadísticas hay muchas visitas desde tu web, le llamarás la atención más que los demás. Esto en LinkedIn es exactamente igual: cada vez que […]

Por qué publicar un culo en LinkedIn



suicide
¿Que no quieres ser rico? Ah, pues nada, cierra esta ventana y sigue con tu vida. Pero yo que tú seguiría leyendo, y no porque sea el autor, sino porque creo en el contenido y, porque, en el fondo, se que alguna de las empresas que se monten a lo largo de tu vida me mantendrán la pensión. Egoísmo en estado puro. En España tenemos un problema bastante grave: si una persona monta una empresa y fracasa tiene una etiqueta de fracasado de por vida, y si antes de montar esa empresa que fracasó tenía cinco personas encima que le decían que se dedicase a algo más normal ahora tendrá a veinte que le dice que está loco y que se esté quieto, que trabaje para otro como todo el mundo y que se quede sentado, que para eso de ser empresario no vale.

Monta veinte empresas y estarás más cerca de triunfar y ser rico


maxresdefault 5
A todos nos ha ocurrido (o bien a un amigo) que una vez depositadas las mariposas resulta que no hay con qué remover el excedente del proceso que a menudo queda en la boca de la tubería de salida. Es en ese momento en el que una poderosa sensación de vergüenza se apodera de nosotros, y con una vocecilla que roza el llanto proferimos el alarido lastimoso: “Papeeeeeel”. Existen una innumerable cantidad de situaciones en las que hay que mirar bien dónde se sienta uno o, de manera más genérica, dónde pone el culo. Son ejemplo de señales de alarma un banco vacío en una plaza abarrotada, una plaza laboral que nadie parece querer ocupar o ese trabajillo de nada que un colega necesita hacer en su parcela (y que a ver si le echas un cable). Y esto no vale solo para sentarse en la taza de váter, sino también en el autobús, en un trabajo, en una acera o en mitad del bosque. Como sabéis los que me conozcáis de un tiempo a esta parte soy un fanático del estar preparado. Soy ese tipo de personas que siempre lleva un boli, pañuelos de papel, un cuaderno donde escribir, el teléfono cargado, el ticket del metro aunque no vaya a moverme en ese vehículo, varias tarjetas, crema, lentillas de repuesto, auriculares, etc. Por supuesto siempre ando con un bolsón o una mochila enorme a cuestas, pero es el precio que pago porque no haya imprevistos que me arruinen el día. Soy consciente que en ocasiones resulta imposible prever todas las eventualidades (en especial las que vienen a modo de apretón) y que los errores se cometen porque no es posible adelantarse a su aparición. No obstante el análisis de la situación en frío durante unos segundos (en la mayoría de casos basta con unos segundos) nos dirá si debemos entrar al proyecto o si necesitamos algo más de preparación. En una de mis últimas entrevistas de trabajo estuve cinco minutos. Por supuesto las condiciones eran tan abusivas de cara al trabajador (el dinero se adelantaba por parte del trabajador y lo de cobrar era según si habías trabajado bien para ellos o no), pero aunque no me hubiese encontrado con un contrato tan lamentable aún así no hubiese entrado a participar en esa empresa. Solo estuve un par de minutos en sus oficinas, pero me pude dar cuenta de lo siguiente: Había tres personas llamando por teléfono solo para captar trabajadores, y no parecían de recursos humanos. Una empresa que realiza tantos contratos o bien piensa crecer o la tasa de renovación es astronómica. En este caso, lo segundo. De unos veinte puestos con ordenadores solo dos estaban ocupados un miércoles a eso de las doce del mediodía. Se nos había citado a ocho personas, en un plazo de media hora, para la oferta laboral. Ninguno de los que nos atendieron tenía más de veinte años. Se trata de pequeñas señales de alerta que te gritan “¡Sal de ahí ahora […]

“Que haya papel”, y otras estrategias a seguir antes de sentarte



Accidentes-en-la-piscina
Recuerdo que cuando era pequeño nos dejaban jugar, al finalizar las clases de natación, a un juego llamado Tiburón. En el juego, un tipo se la ligaba haciendo de este animal. El resto (unos quince nadadores) disponían de una colchoneta cuadrada de flotabilidad dudosa de unos tres metros de largo que podía sostener (si uno se estaba lo suficientemente quieto) a unos cinco niños encima. El juego no trataba sobre fuerza o destreza física (aunque alguno había que golpeaba el agua de tal modo esperando ganar). Se empezaba todos en la orilla, la colchoneta en uno de los lados de la piscina y con un minuto de ventaja con respecto al tiburón, que esperaba en el otro extremo de la piscina el momento de saltar. ¿En qué consistía el juego? En que el tiburón no te cogiese en el agua, momento en el que tenías que dar la vuelta a una columna del centro de la piscina (sí, había una enorme columna en el centro de la piscina de dos metros de diámetro) y te convertías en tiburón. ¡A cazar niños! El juego consistía en tirar a otros de la colchoneta más que de mantenerse arriba, quedando el último y ganando por ello a todos los demás. El resto había perdido. Me gustaba porque se me daba muy bien golpear a otros niños para que cayesen al agua. El mundo empresarial es en ocasiones similar. La colchoneta es el mercado (clientes y clientes potenciales). El tiburón es la ruina empresarial, y tus compañeros nadadores los competidores directos. No, no es lo ideal, ético u honrado tirar al resto de competidores a la ruina económica, pero es un método de ascenso muy eficaz. Si consigues hundir a parte de tu competencia haces lo mismo que al ganar clientes con métodos más honrados: ganar cuota de mercado. Lo sé, no es nada ético, pero dudar de la práctica resulta absurdo, como dudar de que el marketing fabrica o no necesidades. Lo cierto es que de la teoría empresarial a la aplicación práctica hay un trecho enorme. Vamos, como que no se parece en nada. Cuando tu competencia se pone en el local de al lado y baja los precios por debajo de los tuyos, el compañerismo, la ética y el valor de la honradez desaparece para dar paso a un tiroteo empresarial con todas las armas de que dispones, porque el cliente no suele querer dos productos de las mismas características, y desde luego no comprará uno más caro porque sí. La pregunta es: ¿Estás preparado para hacer que otro caiga? Recuerda que cada vez que compartes mi artículo me estás ayudando.

“Tiburón”, el juego en el que aprendes a hacer que otros pierdan


La expresión de éxito de mi yo interior...sin barba. Mi yo interior es un niño con barba 5
Quienes me conocéis de hace tiempo y en persona (lo siento) me habéis dicho ya en muchas ocasiones eso de “A ti seguro que te va bien…”. Mi familia, mis amigos, la enfermera que me regañará hoy por haber engordado (¡Hola, Isabel!), mis antiguos jefes, algún que otro tímido lector,… Luego no agregan ese tipo de comentarios que uno espera oír como: …con lo guapo que eres quién se te resiste. …eres tan listo que seguro que inventas algo y te haces millonario. …ahora que tienes los cincuenta millones de euros del euromillón. No. Ojalá pero no. La frase suele continuar con un “…porque no paras quieto.”. Y creo que lo dicen con toda sinceridad (porque estoy de acuerdo). Desde que hace ya tiempo me diese un trompazo empresarial serio puse las piernas mentales en marcha y, poco a poco, me he hecho: un hueco propio, un nombre, muchos conocidos, un blog, un libro, un nuevo look, más mayor. Vale, lo último igual no tiene mucho mérito, pero ya que poseo más daños qué menos que darles rentabilidad. He de decir que trabajar por nada no es nada fácil (modo víctima activado). Levantarse todos los días tratando de superar la idea loca del día anterior y sorprender al lector no es algo fácil. Reconozco que ahora no estoy trabajando y que el estudio facilita la escritura por el horario totalmente flexible, pero también es cierto que me dedico a invertir (y por tanto estar pendiente) en bolsa y a escribir/reescribir mi segundo libro mientras diseño la portada del anterior, maqueto, hablo/negocio con las editoriales, trabajo en el proyecto final del MBA, busco trabajo,…, y no me corto de hacer deporte o de salir. Siempre he estado bastante ocupado, y reconozco que las vacaciones más de cuatro días me incomodan. Pero mientras que ya hace tres iba a tontas y a locas por el mundo, todas (o casi todas) mis actividades tienen un rumbo fijo. Todo va encaminado a un par de objetivos finales en el plazo de veinte años (hay que ser previsor, joder): Objetivos cortoplacistas: Encontrar un trabajo que me agrade y con el que me mantenga (lo de ganar mucho dinero es totalmente secundario); Hacerme un nombre en Internet y en la calle; Conocer gente, hacer contactos y ganar experiencia. Objetivos a largo plazo: Vivir de los libros y de lo que gane en bolsa; Montar una empresa por placer y no por necesidad y poder decir que hay familias que pueden comer gracias a mi. De momento he de decir que todo se ha acelerado. Había calculado que vendería menos que quince libros, que nadie se suscribiría a mi boletín semanal, que muy pocos iban a demandarme la copia impresa del libro (que con suerte testeo el viernes), que nadie me conocería ni leería mi blog ni mi libro. Y me encuentro con que he vendido casi (casi, casi) cincuenta libros, que unas cuarenta personas leen a diario mi blog (y más del doble caen de manera […]

Enfocado al éxito



No vender para vender
Cuando abrí el blog me planteaba (y aún lo hago) monetizarlo de algún modo. Pero me he dado cuenta de que cada vez tengo más visitas, lectores y suscriptores por un motivo. No tengo publicidad. Por supuesto es por los contenidos, pero estos se ven fácilmente, sin enlaces que estorben. Sí, tengo un libro que estaré encantado de venderte, pero no es el objetivo de este blog. El objetivo es enseñarte algo diferente cada día. Por así decirlo soy un distribuidor de contenido, uno no autorizado, que no un vendedor de contenido. O, dicho de otro modo, vendo gratis. El caso es que regalo conocimiento y un modelo diferente de pensar, y eso vende. O atrae lo suficiente como para decir que tengo mi pequeña tribu. Gracias, tribu. Hablando con Carlos Bravo (gracias de nuevo por ese cable) me comentó lo que los seguidores de Quondos ya saben: los mejores emails son aquellos en los que se habla de casos de éxito empresarial y no se intenta vender nada. O vendes historias. Es el mejor modo de dar a conocer qué es lo que haces sin que te den con una puerta metafórica en la cabeza o que dejen de estar suscritos a tu boletín. Aportar (a ser posible sin coste) información útil. Para algunos, los seguidores de este blog, utilidad tiene que ver con intentar ver más allá de lo que se ve. Creo sinceramente que la mejor alternativa para vender es no intentar ser un vendedor, sino ayudar a las personas a lo que sea. Desde un blog de marketing a finanzas, uno para ahorrar poco a poco o alguno de carácter literario. Si abres una plataforma cuyo objetivo es recaudar euros es muy probable que no consigas casi nada. Yo, de momento, me conformo con que las ventas del libro consigan financiar este espacio (que tendrá un pequeño coste de mantenimiento). Y hasta ahora lo he conseguido, gracias a vosotros, lectores Y tú, ¿qué no-vendes para vender más?

A veces no vender nada vende mucho


desempleo
Yo lo tengo claro, si tengo algún día una empresa (y todo apunta a que así será), no creo que coja muchos trabajadores normales. Tendría en mi equipo a un señor con nueve nietos, a una ama de casa, a un inmigrante que aprende castellano, a alguien en silla de ruedas o con problemas de movilidad y a alguien con problemas de integración social. Aunque es un equipo un poco extraño lo cierto es que no se me ocurre nada mejor. Y desde luego no los buscaría por LinkedIn o infojobs, sino por referencias y a nivel personal. En nuestro círculo íntimo de amistades todos tenemos conocidos en paro. ¿Por qué no ellos aunque no sean el estándar buscado? Hace poco leía un artículo sobre la marginalidad de determinados colectivos a la hora de trabajar. En concreto personas de avanzada edad. Es cierto que determinadas personas simplemente no encajan en el perfil que estás buscando. No vas a poner a alguien de más de cincuenta años de albañil, o a alguien que use una silla de ruedas bajando muebles de un camión. Pero pensémoslo bien y detenidamente: Personas de movilidad reducida Vale, te cuesta una rampa, pero con las subvenciones que se otorgan a las empresas esto debería estar más que superado. Una persona en silla de ruedas quizá no sea la más apropiada para un trabajo de mensajero, pero, ¿y en una oficina? Secretario, organizador de documentación en un archivo, trabajo de inventariado, compras, marketing,…Hace un par de días vi a un tipo en silla de ruedas llevando un mueble pequeño encima. No es coña: se puede. Y se puede subir el Kilimanjaro, como hará mi heroína Gema Hassem-Bey. Si alguien merece ser seguido en las redes sociales (y por la calle si puedes alcanzarle) es ella. Está claro que hay quien tiene capacidad. Por ejemplo para ser directivo solo necesitas oídos, cerebro y boca. Algunos ni eso. Por poner otro ejemplo no hay ningún problema con un profesor cuya parálisis mental le obligue a llevar muletas. Con las pizarras virtuales de la actualidad no tienes que obligarle a levantarse para escribir en lo alto de la pizarra. Ahora lo alto de la pizarra está a un clic de distancia. Personas de edad avanzada ¿Sabías que hay empresas que solo contratan personas de más de 40 ó 50 años? Y no son empresas pequeñas o marginales. Se trata de auténticos imperios que se mueven con el poder de la experiencia, la cercanía que ofrecen las personas mayores y la seguridad que transmiten. ¿Has visto un comercial de 60 años? Claro que sí: tu abuelo. Y chitón todo el mundo con ponerse por medio, que si lo quería lo conseguía. ¿Cómo se le va a decir que no a un abuelito/a? no es lo mismo cortar a un joven impertinente que a una persona mayor cuando te paran por la calle. Al joven lo despachas sin pestañear, a veces sin mirarle a la cara. Pero a ver quién evita el […]

Posos laborales



El lanzamiento de la runa empresarial 4
En la serie Futurama aparecen un par de escenas curiosas. En la primera de ellas tres “analistas financieros” lanzan runas para ver cómo se comportará el mercado. Una segunda escena muestra a un ordenador responsable de elegir el contenido de una determinada cadena lanzar unos dados para seleccionar la programación. Futurama es una serie de ficción que se desarrolla en los inicios del tercer milenio, a 1000 años de distancia de ahora. Debido a la destrucción de la civilización un par de veces por el camino, el futuro se parece bastante a nuestro presente, con la salvedad de la capacidad de viajar por el universo en naves, tener robots (de los de verdad, no como el robot de cocina) y poseer coches flotantes. Todo lo demás es bastante parecido: son sucios, nadie escucha a los científicos, los políticos no hacen bien su trabajo y Nixon sigue dando por el c*** 1000 años después. Pero sobre lo que quería hablaros es el método que se tiene para elegir inversiones futuras: el azar. Cualquier otro sistema que no sea el azar será descartado por absurdo y poco fiable. Por supuesto es una gran broma: dentro de 10 años existirán métodos para analizar la información que ahora ni nos planteamos. No obstante no deja de ser un hecho que de lo estático pasamos a lo dinámico, de ahí a lo turbulento, de la turbulencia a la inestabilidad y de ahí a lo que desde nuestro ahora se podría llamar caos absoluto. Imagino que hace cien años mirarían hacia nosotros y dirían algo como: “Es imposible que puedan organizarse a nivel mundial, será un caos.”. Y míranos, tenían razón. Dentro de 1.000 años va a ser un momento divertido de la historia. Lástima no poder estar allí para hacer alguna foto. Y tú, ¿qué técnicas predictivas crees que funcionarán en el futuro?

El lanzamiento de la runa empresarial


Lo que costaba y lo que cuesta (en euros y malestar) 2
Durante las décadas de los 80 y 90 y, gracias sobretodo a la tecnología y a la automatización, la curva de lo que cuesta hacer un trabajo ha ido a menos: con los mismos recursos podemos realizar más tareas. A su vez, el precio que se ha solicitado a cambio de un trabajo ha ido bajando un poco más rápido: cada vez el beneficio es menor. ¿Quién no ha oído expresiones del estilo “margenes ajustados”? Pues cada vez están más ajustados en el mundo empresarial, eso es algo visible a simple vista en el mercado. Lo divertido aparece tras 2008 (aproximado), momento en el que ya no hay tanto flujo económico y los contratos se vuelven terríblemente competitivos. Vamos a suponer, por suponer, el estado de un hospital público y ficticio “Hospitalito”. Se trata, como todos, de un hospital con un cierto número de camas y cierto número de quirófanos, con personal administrativo y sanitario, además del necesario para su mantenimiento y buen funcionamiento. Pondré números redondos para visualizar el problema. Imaginad que el hospital necesita 10.000.000 euros para funcionar bien en el nivel de mantenimiento (filtros, limpieza, obra interior, remodelaciones, acondicionado de salas, nueva maquinaria, calefacción,… Es decir, para que la gente sea atendida del modo en que debe. Para ello sale a concurso la oferta pública de la gestión privada del hospital. Antes de 2008 las empresas concesionarias (las que se quedaban con la gestión del hospital) podían llegar a demandar 12 ó 13 millones de euros por mantenerlo activo. Y la administración no tenía problemas en dárselo, por lo que de la diferencia obtenían el beneficio. El problema empieza en 2008. La administración no puede seguir pagando 12 o 13 millones por el hospital de ese número de camas, y saca a concurso por 10.500.000 euros una oferta laboral. En este concurso participan las misma decena de empresas que en los concursos anteriores, pero ahora se subasta al menor precio incluso por debajo del dinero que realmente hace falta para dejar el hospital en condiciones de funcionamiento. De modo que la empresa ficticia “Omega” acaba cobrando 8.000.000 euros por el mantenimiento del hospital “Hospitalito” Por supuesto es una empresa y necesita rentabilizar su dinero, de modo que de esos 8 millones llegan 7 útiles o efectivos al mantenimiento del hospital. Y el hospital comienza a deteriorarse. Durante los primeros años no se aprecia mucha diferencia: hay despidos en mantenimiento pero los costes siguen siendo asumibles porque las reparaciones son baratas y se va ahorrando de todo lo que se puede. Pero poco a poco se estropean puntos críticos del hospital: una caldera, la bajada de aguas principal, un quirófano ha de ser restaurado,…Se juega entonces a los platillos chinos con cada vez menos personas y recursos. Y los platillos comienzan a caer. La falta de presupuesto deja a mantenimiento boqueando en el suelo por más recursos, y se empiezan a realizar ñapas en vez de reparaciones, se compra lo barato para salir del paso y se trabaja […]

“Por debajo de la necesidad” o “El ABC de perder un buen servicio”