Categoría: HUMOR


La disyuntiva de la tapa del váter blog 2
Ocurre a menudo que la convivencia se pone cuesta arriba debido a los hábitos de los coexistentes en una misma casa. Horarios de ruido, falta de higiene u ocupación de lugares comunes puede llegar a ser un problema que a menudo acaba con frases del tipo “Pues siempre saludaba” en los noticiarios. Para evitar penas de cárcel de algunos años debido a desafortunados incidentes con cuchillos en pisos compartidos, he creado un pequeño formulario para un especial desafortunado inquilino de la casa: el inodoro.

La disyuntiva de la tapa del váter


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No sé dónde oí por primera vez que alguien prefería luchar contra un adversario inteligente. “Al inteligente puedes predecirle: tiene un método, una estrategia. Tiene un modus operandi, le puedes ver llegar y esperarte alguno de sus movimientos”, parafraseando. Pero al idiota no hay quien lo vea. Esto no pretende ser una lección como con las que Carlos nos ilustra día tras día, sino un recordatorio de lo absurdo que es en ocasiones el tejido empresarial, y que está en manos de todos que estas estupideces no pasan. Tomen asiento. Luchar contra un idiota es terriblemente peligroso, porque a él no le importa acabar mal. Sencillamente, no piensa, solo actúa. Y, en muchas ocasiones, incluso contra sí mismo, como si apuñalarse en el estómago fuese el mejor plan para vencer. Y ahí, precisamente, está el problema: no hay plan. Porque, bueno… Porque es idiota.

El derecho a trabajar de Tim, contra la estupidez generalizada



posibles formas del universo
El universo, al principio, hizo algo así como un BLOOOOOOOOOMMMMM, y un chorro de algo empezó a salir de un punto minúsculo hacia ninguna parte. Ninguna parte era todo aquello que no estaba dentro del punto y que, técnicamente, no existía. Junto con ese chorro de algo altamente energético, iba también el espacio y el tiempo, todo mezclado. Tuvo que ser algo increíble haberlo visto, pero no había ningún lugar desde donde contemplarlo, ya que todo lugar existente estaba dentro de ese cada vez más grande BLOOOOOOOOOMMMMM que se iba hinchandpo. Imaginad que una olla a presión del tamaño de la bolita de la punta del lápiz estalla en vuestra cocina, y que en menos de una cienmillonésima, toda la cocina está llena de algo muy parecido a la materia, increíblemente denso y caliente, y que crece a ritmo desmesurado. Tal es su crecimiento inicial que, catorce mil millones de años después, la olla sigue con bastante presión interna, y la materia sigue viajando de un lado para otro de la velocidad inicial. Sin duda, fue un momento perfecto para que no hubiese nadie cerca y, por lo que sabemos, no había niños. Supongo que es algo que agradecer al universo. Tras unos cuantos segundos de hipervelocidad a chorro, el universo ya tenía cosas chulísimas como átomos y dimensiones. La verdad es que el universo, así, molaba bastante. Poco después, todo empezó a ir a peor. En menos de catorce mil millones de años un trozo de piedra enorme que orbitaba una estrella pequeña cogió parásitos. Tú lo conoces como vida, pero lo cierto es que la vida, desde el espacio, es algo comparable a esos bichitos odiosos que se comen el brillo de tus dientes si no te los lavas. Por suerte, nadie nos lavó, y durante mogollón de tiempo estuvimos reproduciéndonos, comiendo y formando otras cosas chulas, como la atmósfera rica en oxígeno. Y, claro, ya no había excusa para ser microscópico ni para dejar el agua. Salimos a la superficie, al principio en forma de plantitas y árboles, pero luego lo hicimos como algo similar a los insectos, como lagartijas, luego lagartijas más grandes, posteriormente como ratoncitos, ratoncitos del tamaño de un porche y, finalmente, un mono bastante listo que solía pegarse con sus compañeros. (Y ahí seguimos)

Después del BigBang todo empezó a ir a peor


Esta imagen no parece tener sentido, pero las cosas (y en especial los prospectos médicos) no suelen ser lo que parecen.
La estadística es algo muy simple: es la medición de una serie de hechos de la realidad mostrados de un modo que podamos entender, y valorados de igual manera. La estadística dice espectacularidades sobre el mundo, como que si me como dos hamburguesas y tú ninguna, nos hemos comido una hamburguesa de media. Cuando descubrí que podía poner la estadística de mi lado al descubrirla de pequeño me emocioné muchísimo (reacción similar se da en nuestros políticos al aprender el mismo principio), y es que puedes cometer muchísimas burradas de sentido común para llegar a aquellos valores que a ti te gustan estadísticamente hablando. Por ejemplo la extensión de la probabilidad a la estadística y el caso del pronóstico del tiempo. Todos habéis visto esos horribles últimos minutos del final de las noticias, donde recorren todo el país señalando las probabilidades de lluvia o de sol en ciertas regiones. Y plantan datos como que mañana habrá una probabilidad de lluvia del 90% a las ocho de la tarde. ¿Significa eso que mañana lloverá? Pues no. ¿Significa entonces que no lloverá? Tampoco. Lo que significa es que puede llover con una alta probabilidad. Es decir, que si llueve han acertado, pero si no llueve, también. Es triste, pero es la parte del telediario más fiable. Hace tiempo me pregunté cómo hostias son capaces de decir que hay nueve de cada diez sucesos de que mañana llueva. El único modo fiable es que abran mil portales a universos paralelos en mañana, a las ocho de la tarde, saquen la mano por la ventana del tiempo y miren a ver si llueve o no. Y luego digan: ha llovido en nueve de cada diez universos paralelos en mañana. Eso sí que sería fiable. Pero no, en su lugar lo que hacen es mirar hacia ayer y decir: pues es muy posible que la nube pase por aquí o aquí. A mi eso nunca me ha valido, ya que las variables son tan complejas que sería como echar el euromillón de mañana en función de lo que salió la semana pasada. Otro fallo estadístico es Miss Universo. Lo nuestro (como especie) son pretensiones de grandeza. En primer lugar porque los datos de inicio para las medias son subjetivos (me refiero a eso de puntuar del 1 al 10 por parte de un jurado irrisorio), en segundo lugar porque los sujetos (modelos) del experimento no son una fracción importante del total (humanidad), y tercero porque no sabemos si hay extraterrestres ahí fuera. Miss Mundo ya es un concurso bastante poco exacto, pero ya verás cuando los extraterrestres impugnen setenta años de dar premios a Miss Universo. Y una unión de estadística y probabilidad es el trauma farmacológico del prospecto. El prospecto, para los que no lo sepáis, es ese papel que luego no se puede doblar y que os encontráis en las cajas de medicamentos cuando vais a buscar medicamentos. En su lugar, encontráis un pequeño mapa de letras doblado de tal modo que desafía […]

El lado extraterrestre del prospecto



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Hay un suceso muy divertido que ocurre en una conferencia, cuando la impartes. No debes estar nervioso. Total, la gente no te está mirando a ti, está a sus cosas, a sus problemas, a sus observaciones. ¡La gente no te está escuchando! El mejor sitio para que no te escuche nadie es delante de mucha gente porque la gente, a la hora de la verdad, está a lo suyo. No puedo sino secundar ese tipo de ocurrencias debido a mi problema de atención no diagnosticado. Vamos, que ningún médico me ha dicho que tengo déficit de atención ni nada parecido. Pero, lo cierto, es que no hace falta. De hecho en las conferencias o clases soy el único que suele tomar apuntes: es el único modo de no evadirme a otro planeta, al más puro estilo de Calvin y Hobbes. Es cierto, reconozco que hay personas que son capaces de atender durante dos horas a un ponente, pero no es mi caso, ni desde luego el de la gente de la que me he ido rodeando. Aún recuerdo con cariño gente dormida en las aulas de la universidad mientras un profesor hablaba sobre teoría que nunca sería utilizada por aquellos que no escuchaban (que eran una parte importante de aquellos jóvenes). No estoy seguro de hasta qué punto la capacidad de escucha torna nula. Quizá una hora, quizá dos, a lo mejor cinco minutos. El caso es que me he puesto a preguntar a las personas de diferentes edades,  y me he dado cuenta de una cosa: la gente más joven, simplemente, desconecta, pero no piensa en nada. La gente con más edad no es que desconecte, sino que gira los ojos hacia dentro del cerebro para mirar a un problema de su vida que está ahí, y que es mucho más importante que la charla en cuestión. La gente está a sus cosas. Todo esto venía a raíz de esas personas con miedo escénico (entra las que me incluía hace tiempo), porque pasado un número de persona, por ejemplo veinte, nadie se siente obligado a escuchar demasiado atentamente lo que estás diciendo, y tienen otros pensamientos mejores a los que hacer caso. Esto he descubierto con los años: cuanta más gente hay en la sala, menos te atienden y durante menos tiempo. Es por eso que el hecho de que te de corte hablar en público ha dejado de tener sentido para mí: ¡Pero si nadie te está prestando atención! Tú dí lo que quieras, que nadie te escucha. Y tú, ¿durante cuánto tiempo sueles prestar atención a un ponente?

Nadie te está mirando


Fuente: Diseños.com
Siempre me he considerado seguidor de las películas y series de superhéroes. Al fin y al cabo, si quería ver realidad no tenía más que asomarme a la ventana, y esta era siempre bastante aburrida. Al menos en comparación con alguien que puede levantar una camión. La fuerza bruta es uno de los primeros superpoderes, lo han tenido seres inventados mucho antes que Superman: los dioses. Y, como los dioses, el mundo del cómic nació con habilidades como correr muy rápido, ser increíblemente inteligente, poder engañar, lanzar rayos, soplar fuego, crear hielo,… Todo habilidades que podían derivarse del mundo que nos rodea, todo habilidades naturales. No obstante, con el avance tecnológico, los poderes comenzaron a convertirse en algo más. Todos conocen a Lobezno, ese tierno tipo que despedaza gente con sus garras de adamantium. Sin la tecnología que modificó (en la ficción, ojo) su cuerpo esas garras habrían sido de hueso, lo que no llega a molar tanto, y le hubiesen convertido en un tipo duro pero aplastable. Vamos, que la tecnología cogió un poder bastante chulo y lo transformó en algo aún mejor. Otro héroe que ha salido últimamente en películas es Hulk, aunque debido a la destrucción que ocasiona es posible que no se le considere tal cosa. Pero estamos en las mismas: fuerza, fuerza y más fuerza. ¿Es que no hay superhéroes basados en cualidades físicas? Pues sí, los hay. De hace diez años a este momento se han disparado las aventuras y desventuras tanto de héroes como antihéroes, como las series Héroes, Haven, Alphas,… La lista tiene cerca de veinte títulos, y basan casi todas los poderes en la genética. Es decir, que los poderes no son ya pruebas de laboratorio, sino que papá y mamá guardan algún que otro secreto. Secretos como mover objetos con la mente o enviar un email con la mente. Y es aquí hasta donde quería llegar. Vale, si eres superfuerte acabas por notarlo, pero imagina lo que le hubiese pasado a una persona con el poder de meterse en Internet sin ningún dispositivo en el siglo XV. Obviamente nada en absoluto. Esa habilidad es una auténtica mierda para la época, y no le sirve de mucho. Lo mismo ocurriría en el futuro. ¿Y si el metal desaparece de nuestras vidas? ¿Qué hará Magneto entonces? Absolutamente nada vuelve a ser la respuesta ganadora. Quizá ya tengas superpoderes, como controlar a unos animales extintos con la mente o ser capaz de crear un tipo de energía que aún no sabemos aprovechar ni que existe. Lo que sería un auténtico cachondeo cósmico bastante molesto, hablemos con franqueza.

Quizá seas un superhéroe y no lo sepas



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No, no estoy gordo. Soy un hombre preparado, y lo que veis es preparación en estado puro, en su estado más natural, en estado de reposo alrededor de mi cuerpo a la altura del ombligo en forma de energía de material viscoelástico de alta concentración. Lo llamo Cinturón de Energía Abdominal (CEA), y son unos cinco o seis kilos de grasa pura. Pero no estoy gordo, que eso es otra cosa. Disponer de un CEA dispone de una infinidad de ventajas, de las cuales solo enumeraré aquí las más importantes, así como las de uso diario. Veréis por que disponer de un CEA no solo te facilita el día a día, sino que, además, puede llegar a salvarte la vida en alguna situación peliaguda. Nadie, nunca, te pedirá que te hagas el héroe. Como acumulador de energía que eres tu velocidad está limitada a lo que alcances rodando colina abajo. Es por eso que en una situación del día a día como correr a buscar un médico o sacar un explosivo de una sala llena de niños llorando tú nunca serás la elección de héroe. Nadie esperará nada de ti salvo que te quedes quieto (pero sudando) y jadees cada vez que pronuncies una frase. La flotabilidad, debido a la bajada de la densidad, es mayor. Esto significa que cuanta más energía concentrada tengas en el CEA más flotarás, lo que impedirá que te ahogues en el mar. Además las labores de señalización que tu familia tendrá que hacer a toda la playa para remolcarte hasta la orilla serán excesivas, y acudirás a la playa con mucha menos frecuencia. No morirás de hambre. Tu CEA te proveerá de toda la energía que tu cuerpo pudiese necesitar, si has trabajado con constancia, durante años. Tus amigos irán a verte a tu casa. Gasto de transporte nulo, y nada de cenitas o comidas fuera de casa. Es más, una vez alcanzado un tamaño crítico ni siquiera los bomberos podrán sacarte de tu casa, lo que te protegerá contra ocupas. Los extraterrestres no podrán cogerte con demasiada facilidad. Debido a tu peso nada despreciable habrá otros humanos para esclavizar y experimentar, y a ti no querrán abducirte porque les consumirá demasiada energía llevarte a bordo de su platillo volante. ¡Como veis son todo ventajas! Por favor, que nadie se tome esto en serio.

El cinturón de energía abdominal


Cálculo del XXX, nótese una falta absoluta de conocimiento de las reglas de preferencia del paréntesis 4
Hoy voy a suspender un examen porque los conceptos sobre los que habla para mi son muy parecidos a la magia o el budú: están desordenados, no tienen mucho sentido y, además, no resultan nada atractivos. Me estoy refiriendo a la contabilidad y las finanzas. Tengo una batalla perdida contra la contabilidad. Bueno, no contra la contabilidad en general. He de decir que me he administrado mi dinero desde siempre y la gente se sorprende al saber cómo lo estiro. Soy maniático y todo queda registrado: una entrada para el cine, el pago de la factura del teléfono, un refresco… Todo lo llevo a modo de control, para saber qué es lo que gasto, cuándo y de dónde quitar. Pero claro, al parecer la contabilidad al uso (la de los contables del día a día) está por encima de las normas básicas tanto lógicas como matemáticas, y por eso: Lo que resta puede ir sumando para según qué cuentas, y a veces en vez de poner un signo de menos puedo poner un paréntesis para verlo más claro. Eso sí, los colores en una hoja excel ni ocurrírseme. El paréntesis lo pongo englobando la operación porque me sale de los cojones (véase la fotografía, donde se supone que las pérdidas restan al beneficio en vez de multiplicarlo con signo negativo). Defino rendimiento no con la fórmula del rendimiento, sino con la que a mi me da la gana. Inlcuso puedo decir que 0,25% es lo mismo que 25%. Puedo trabajar sin unidades (en serio, sin ninguna en absoluto) durante desarrollos de tres o cuatro folios. Puedo hacer varias sumas y restas en vertical, sumando el resultado de una al de otra, y eso se lo resto a tal o cual cantidad. ¿Para qué me voy a liar haciendo varios pasos lógicos y formalmente correctos si te lo puedo poner todo como una sucesión de sumas sin ningún signo de operación de por medio? 4,1 % es 4%, y 3,9% también es 4%, y a la mierda. Los millones los pongo yo como una M, o como una m, pero mi vecino los pone como “kk“, y a veces podemos incluso trabajar sin ningún tipo de coma. 0,25 evidentemente hace referencia a un porcentaje. Si no lo entiendes es porque no estabas atento. Al dividir “unidades monetarias” entre “unidades monetarias” me puede salir un resultado en meses. Yo molo. La notación científica es para maricones. Si me tengo que liar a ceros, los pongo, aunque sean 24 y no tenga sentido. Los subíndices me los paso yo por el forro de los coj****, y por eso CV no es lo mismo que CV. “No, Marcos, la contabilidad es algo muy serio, y hay normas.” Ya. Pero todavía no he encontrado un solo libro en el que al pasar de página en determinados capítulos se respete la nomenclatura que le precede. Es por eso que beneficio neto puede escribirse como BºN, BDIT, EBITDA, BN o Bfn a veces de modos diferentes, ¡dentro de […]

Hoy voy a suspender un exámen. La estrategia de la cebolla



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A todos nos ha ocurrido (o bien a un amigo) que una vez depositadas las mariposas resulta que no hay con qué remover el excedente del proceso que a menudo queda en la boca de la tubería de salida. Es en ese momento en el que una poderosa sensación de vergüenza se apodera de nosotros, y con una vocecilla que roza el llanto proferimos el alarido lastimoso: “Papeeeeeel”. Existen una innumerable cantidad de situaciones en las que hay que mirar bien dónde se sienta uno o, de manera más genérica, dónde pone el culo. Son ejemplo de señales de alarma un banco vacío en una plaza abarrotada, una plaza laboral que nadie parece querer ocupar o ese trabajillo de nada que un colega necesita hacer en su parcela (y que a ver si le echas un cable). Y esto no vale solo para sentarse en la taza de váter, sino también en el autobús, en un trabajo, en una acera o en mitad del bosque. Como sabéis los que me conozcáis de un tiempo a esta parte soy un fanático del estar preparado. Soy ese tipo de personas que siempre lleva un boli, pañuelos de papel, un cuaderno donde escribir, el teléfono cargado, el ticket del metro aunque no vaya a moverme en ese vehículo, varias tarjetas, crema, lentillas de repuesto, auriculares, etc. Por supuesto siempre ando con un bolsón o una mochila enorme a cuestas, pero es el precio que pago porque no haya imprevistos que me arruinen el día. Soy consciente que en ocasiones resulta imposible prever todas las eventualidades (en especial las que vienen a modo de apretón) y que los errores se cometen porque no es posible adelantarse a su aparición. No obstante el análisis de la situación en frío durante unos segundos (en la mayoría de casos basta con unos segundos) nos dirá si debemos entrar al proyecto o si necesitamos algo más de preparación. En una de mis últimas entrevistas de trabajo estuve cinco minutos. Por supuesto las condiciones eran tan abusivas de cara al trabajador (el dinero se adelantaba por parte del trabajador y lo de cobrar era según si habías trabajado bien para ellos o no), pero aunque no me hubiese encontrado con un contrato tan lamentable aún así no hubiese entrado a participar en esa empresa. Solo estuve un par de minutos en sus oficinas, pero me pude dar cuenta de lo siguiente: Había tres personas llamando por teléfono solo para captar trabajadores, y no parecían de recursos humanos. Una empresa que realiza tantos contratos o bien piensa crecer o la tasa de renovación es astronómica. En este caso, lo segundo. De unos veinte puestos con ordenadores solo dos estaban ocupados un miércoles a eso de las doce del mediodía. Se nos había citado a ocho personas, en un plazo de media hora, para la oferta laboral. Ninguno de los que nos atendieron tenía más de veinte años. Se trata de pequeñas señales de alerta que te gritan “¡Sal de ahí ahora […]

“Que haya papel”, y otras estrategias a seguir antes de sentarte


La biblioteca en la que estudio. Sí, lo que veis es un hueco entre pisos del doble o más de área que la superficie aprovechable en mesas. Es para que alguien se lleve una host** 2
Cuando juegas una partida al billar no hay peor modo de que te estropeen la jugada que una aleatoria bola ya retirada que un colega extremadamente divertido acaba de poner de nuevo en juego, golpeando las bolas restantes. Del mismo modo es tanto o más divertido que un factor aleatorio como una papelera, una zapatilla, un bastón de esquí o incluso tu amigo elijan saltar al tapete de juego, acabando con la partida al estilo de los gatos: no dejándote hacer otra cosa salvo mirarle. Resulta obvio que la entrada de un elemento incontrolable y caótico es capaz de hacer que la estructura se rompa, que el caos aumente o que incluso la realidad misma (en este caso la partida) pase a carecer de sentido. Y, como toda estrategia de generación del caos por el caos, he querido ponerla en práctica en mi biblioteca. La pregunta era: ¿Puedo hacer que el resto de las bolas (personas) dejen su modo de comportarse normal? Por supuesto sin molestar a nadie, dificultad que complica el problema. De modo que durante unas semanas he ido observando a los que se sientan siempre en los mismos sitios (que suelen ser casi todos, y en especial los que llegan primero). Y tras esta observación he llegado yo otro día un poco antes y me he sentado en el lugar en el que el primero que llegaba tras la comida (un tipo con greñas a eso de las dos de la tarde). Es gracioso percibir un cierto grado de desconcierto, un leve error computacional al darse cuenta que el sitio que ha ocupado durante meses ya no está disponible. De modo que comienza la búsqueda de un nuevo sitio. Y es aquí donde empieza la diversión: se suele elegir un sitio que otra persona iba a ocupar al poco rato, repitiéndose la  escena durante toda la tarde. El problema se agrava cuando vienen parejas, tríos o cuartetos de estudiantes. Por lo general a esta biblioteca la gente suele ir acompañada de algún compañero de universidad, instituto o colegio (en orden de aparición). Eso significa que, de estar su mesa parcialmente ocupada por alguna bola desubicada, éstos ocupan otra mesa que no les corresponde en su totalidad, convirtiendo el fenómeno en una caída de fichas de dominó de divertido resultado. Las personas entran a la sala, van hacia su sitio, lo pasan, retroceden, lo miran, avanzan, vuelven a retroceder, y acaban sentándose en un lugar donde su culo realmente no está del todo a gusto tras la cotejación de las posibles permutaciones. El caos crece de manera exponencial, más aún teniendo en cuenta que no todos los puestos son para personas sin portátil. Más o menos la mitad están destinados a ordenadores, y por tanto personas con ese tipo de posesión material tendrán prioridad, despachando al anterior ocupante. Por supuesto se trata de una biblioteca modesta con usuarios asiduos, y una pequeña modificación altera bastante el panorama, sobretodo si cada día elijo sustituir a una persona. Me pregunto […]

La entrada del factor de aleatoriedad



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Llegar a poner los pies sobre el planeta que inspiró en tantas culturas el dios de la guerra y la sangre ha sido una meta para la humanidad desde que alguien dijo “Oye, que es un planeta y te puedes subir encima”. Sobretodo de los tíos, claro. Pero no fue hasta la década de 1950 como un grupo enorme de tíos con bata dijo al mundo “Ojito, que en veinte años viviremos en Marte.”. Y claro, se equivocaron. Estarían borrachos por ir en manada. Y es que resulta que a la humanidad le encanta eso de poner fechas futuras de lo que ocurrirá. ya en el siglo XVIII alguien dijo “En dos años el coche eléctrico será usado en todas partes”. Fue un tipo llamado Robert Anderson, y entre los años 1932 y 1939 (entre no de “entremedias”, sino de “debió ser más o menos por ahí”) construyó el primer vehículo eléctrico puro. El problema por aquél entonces era la capacidad de la pila o batería, pero “en dos años se solucionará”. Y claro, no se solucionó. Tampoco se solucionó dos años después de la Exposición Mundial de 1867 en París, ni dos años después de 1913 (fecha en la que el primer automóvil eléctrico salió de fábrica). ¿Los problemas? Varios. Por un lado la tecnología aún en desarrollo que no daba ni velocidad ni duración. Y por otro los oligopolios de combustibles fósiles. Esto ha frenado el desarrollo del coche eléctrico, hasta ahora. ¡Por fin tenemos coches eléctricos! Sí, vale, más de la mitad de los puestos de recarga en Madrid (supongo que en otros lugares incluso peor) están rotos o sin mantenimiento, y comprarse un coche eléctrico en este estado de infraestructuras no es muy inteligente. Pero no os preocupéis, que en dos años está. Y en nueve años llegamos a Marte. Y nueve es un buen número teniendo en cuenta que llevamos unos setenta años estando a veinte años de ir. La propuesta de los nueve años viene de parte del Proyecto Mars One, que está trabajando para mandar a la primera tanda de habitantes marcianos en 2025. Que no os depriman los acabados sin llegar a término proyectos: Proyecto Marte (1952, 1956) Proyecto Empire (1962) Programa Apolo (hacia Marte) (1980) Proyecto Transbordador STS (1980) The Case for Mars (conferencias orientativas) (desde 1981) Iniciativa Exploración Espacial (1989) Mars Direct (1996) Y estos solo los americanos. Aquí en Europa iniciamos el Programa Aurora (2001), que nos llevaría a Marte en cinco años. Teniendo en cuenta la falta de noticias al respecto la prensa especializada duda mucho de que estemos a menos de 20 años (otra vez). Pero quizá, y debido a la tecnología, seamos las primeras generaciones que ven cumplir estos dos sueños tecnológicos y de supervivencia humana (o usamos coches eléctricos y nos vamos mudando a Marte a esta piedra le quedan dos días con humanos). De hecho el coche eléctrico es técnicamente viable, pero su implantación depende de aspectos como que el gobierno quiera. Y el viaje a Marte […]

A veinte años de viajar a Marte, y a dos del coche eléctrico


Grim, el dinosaurio, justo antes de morir 6
Un cometa del tamaño de una vivienda enorme va rumbo a la Tierra, y colisionará en breves minutos. Tras esa colisión la vida no volverá a ser lo mismo, y se extinguirán el 99% de las especies. Pero tú ni jota, eres un dinosaurio y no tienes ni idea ni de lo que es la Tierra, mucho menos lo que es una especie, una vivienda enorme o un cometa. Vas a morir en unos minutos pero para ti lo más importante es seguir mordiendo la pata de dinosaurio que tienes entre los dientes. Esto fue, más o menos, lo que debió pasar hace 65 millones de años, justo antes de que Grim, el albertosaurio (existió, palabra) que masticaba otro dinosaurio con menos suerte que él (probablemente llamado Tim) mientras una enorme bola de hielo y roca viajaba hacia ellos a velocidad de vértigo e impactaba contra la Tierra en algún punto situado a miles de kilómetros de allí. Por supuesto aún no se habían inventado los kilómetros, de modo que Grim siguió masticando a Tim durante varios minutos más hasta que notó que el suelo empezaba a temblar. Resulta que el impacto del cometa contra la Tierra hace que todo el planeta vibre por el golpe. Algo muy parecido ocurre al chocar dos vehículos a mucha velocidad, a ambos les recorren lo que se llaman ondas de choque, solo que al ser el planeta una masa tan grande y constituir algo parecido a una esfera las ondas rebotan continuamente en forma de terremoto. Esto puso muy nervioso a Grim, y masticó aún más rápido. Se olía que iba a pasar algo, y no quería dejarse nada de comida en el suelo, no vaya a ser que se la quitasen. De lo que Grim no era consciente es de que el meteorito se había vaporizado completamente. Millones de toneladas de roca habían pasado de sólido a vapor sobrecalentado en menos de un segundo, liberando una energía descomunal. Imagina la energía necesaria para convertir una piedra pequeña en vapor de piedra (y el volumen que ésta necesitaría ocupar). Ahora imagina un edificio entero sin huecos dentro y una sublimación de millones de toneladas en un segundo. Esto levanta una pared de roca fundida de varios kilómetros de altura que se mueve a más velocidad que el sonido y que es capaz de recorrer el planeta completo si el meteorito es lo bastante grande. El que mató a Grim, por suerte, no lo era. No obstante, cuando estaba a punto de terminarse su Tim crudo, vio en el horizonte un algo oscuro que avanzaba hacia él. Una especie de ola de oscuridad que iba poco a poco comiéndose el horizonte. Dado que el muro de roca fundida avanza más rápido que el sonido, Grim no podía oír nada de aquella extraña ola, aunque sí que notaba que el suelo se movía cada vez más. Miró al suelo por última vez para asegurarse de que todo Tim se encontraba a salvo en su tripa justo […]

Dinosaurios (con)fundidos