Categoría: HUMOR


LA ESTRATEGIA DE LA CAJA 6
No se si el lector se habrá dado cuenta de que parece resultar imposible embolsar la compra en la línea de caja mientras el/la cajero/a (en adelante CAJ, odio tener que cambiar el sexo continuamente) pasa los productos. Resulta que CAJ tiene superpoderes y es capaz de pasar los artículos por el lector incluso con las manos a la espalda usando la boca. En la Escuela de CAJ les enseñan a no rendirse, a luchar y a pedir el dinero a una velocidad alarmante. Son profesionales que lanzan a dos metros una huevera de 12 unidades sin que éstos se inmuten cuando a ti se te rompen solo con mirarlos. Olvídate de ganarles. Y ahí está el problema. Se trata de toda una técnica y estrategia terminar de comprar cuando terminan de cobrarte. Doy fe de que es posible, pero requiere entrenamiento, ensayo y mucha constancia. Ir a la compra es algo muy serio. Si os fijáis en el esquema que he puesto arriba vemos los tiempos tanto del CAJ como del cliente (tú). Recordad, el CAJ es un ser preparado durante años para esa labor, para él lanzar tu comida por una cinta transportadora es lo que para ti respirar. Es normal, por lo tanto, que su tiempo de pasar los artículos por el lector sea mucho menor que el tiempo en que tú embolsas los alimentos. Sobretodo si pides esas bolsas de plástico que no hay un dios que las abra. El truco está en hacer una pausa en la tarea de embolsar para sacar el dinero, pagar cuando te lo digan y seguir embolsando como un loco en lo que te dan el cambio. Lo ideal es que tengas el dinero en un bolsillo, preparado, y que se ajuste (en múltiplos de 10) a lo que te vaya a pedir el CAJ. Por favor, que nadie vaya sin dinero, molesta mucho cuando alguien tiene que esperar detrás a que la persona de delante aparte su compra. Ocurre que he visto cómo algunos clientes guardaban el monedero dentro de una bolsa de plástico arrugada dentro del bolso que, por algún extraño motivo que desconozco, se encontraba en el fondo del carrito de la compra, haciendo casi imposible su extracción. Y a los clientes que le siguen se les inflan las pelotas cosa mala les puede llegar a molestar. Porque cuando tardas más de un minuto en sacar el dinero es que algo estás haciendo mal. Y lo de guardar el dinero es también importante, sobretodo en líneas de caja que solo tienen una rampa para la caída de los productos. Me he encontrado al CAJ esperando a que alguien embolse desde el primer artículo una vez ha pagado, haciendo esperar a toda la cola (de nuevo). Por favor, pensad en el cliente que va detrás de vosotros. Luego no vale alarmarse cuando el Manolo, el agradable vecino del 5ºDerecha sale a la calle con una escopeta en la mano y pelos de loco partiendo por la mitad a la gente […]

La estrategia de la bolsa de la compra


tíos 4
Como sabéis quienes me leéis con asiduidad me encanta mencionar cómo escribe Dave Barry, y en concreto el manual sobre los tíos “Nosotros los tíos”. En este manual de supervivencia-tío se explica qué puñetas es esta subespecie de humano y todo lo que ha influido a lo largo de la historia. Siguiendo en esta línea no he podido dejar de observar la falta de un análisis concienzudo de un pequeño rebaño de hombres-tío al que he llamado “manada de tíos”. Un nombre que le viene al pelo. Cuando varios hombres-tío se unen, por ejemplo para un cumpleaños cualquiera o como consecuencia de un cataclismo natural que nos hará luchar por los pocos recursos de la Tierra, éstos se organizarán a conciencia y tratarán puntos de suma importancia como: Hablar sobre fútbol. Y lo harán aunque no les guste, aunque no tengan ni idea de los equipos mencionados y aunque la humanidad nunca vuelva a jugar un partido nunca. Es algo de suma importancia, los tíos hablaban de fútbol incluso antes de inventarlo. Obviamente después de hablarlo durante milenios tuvieron que hacer el esfuerzo de jugar, al menos a ratos. Conducir sin rumbo. Un vehículo en el que entren cuatro tíos puede estar dando vueltas una noche entera sin parar hasta que se acabe la gasolina Intentar emborracharse. No importa cómo ni por qué, pero cuando hay un grupo de más de cinco hombres-tío el alcohol aparece de forma espontánea en las manos de alguien. Aparece sin más, desafiando todas las leyes de la naturaleza, lo que indica claramente que Dios es un hombre-tío. Eructar con profusión. Esto es un problema, dado la cercanía del sistema respiratorio y el digestivo, y dado que éste último suele estar hasta arriba de alcohol. Me río yo de las fuentes de Mentos y Coca-Cola. Todo el mundo es tu amigo. Otro problema, dado que en un estado de embriaguez varias manadas de tío pueden llegar a colisionar. En ese caso no suele haber pelea sino que los desconocidos pasan a ser tu mejor amigo. Y al mejor amigo se lo reconoce no con abrazos, sino con violentos golpes en la espalda. Esto tiene dos consecuencias: un aumento del grupo en una espiral viciosa y dolores de espalda. Intentar ligar…con cualquiera o cualquier cosa. Geranios y petunias incluidos. Un hombre-tío en un grupo lo suficientemente amplio contraerá matrimonio con un muro de hormigón o un cactus medianamente atractivo. Se tienen registros de una horda entera que acabó a golpes para llevarse a la cama un bonito taburete de bar. Su coeficiente intelectual bajará a límites insospechados. Cuanto más grande es la manada, más bajará. De ese modo superados los veinte miembros ya no se puede hablar que sean tíos-humanos. Son, quizá tíos-escarabajo-pelotero, o tíos-hormiga. Hacer cosas absurdas se vuelve (para ellos) lógico. Esto viene como consecuencia de la bajada de coeficiente intelectual reforzado con el alcohol en sangre. A cualquier tío dentro de una manada de tíos le parecerá completamente lógico y normal subirse todos en […]

La manada de tíos



croqueta-mijo
Yo cocino las croquetas de oído. Hay quien le da con un tenedor, quien la aplasta con una paleta, o quien sopla para olerla de cerca o incluso probar un poco. Yo cocino de oído, como el que conduce al golpe. Por supuesto hablo de las de bolsa. Si os digo la verdad soy demasiado vago como para ponerme a cocinar croquetas de verdad. Me resulta totalmente soporífero prepararlo todo, y siempre hay algo mejor que hacer antes que eso. Pero lo de cocinar al oído ocurre con todo lo frito: croquetas, empanadillas, patatas, etc. Llega un momento que, al sacarlas de la sartén y escurrido un poco el aceite, se ponen a silbar. El sonido es muy leve, y similar al que realiza el silbato de aquellos trenes de vapor antiguos. O el que hace la olla a presión. Porque de hecho es lo que está ocurriendo: el aire, al entrar en el frito, se calienta, se expande, y quiere salir. Sale a través de pequeñas aberturas en la corteza crujiente, y debido a la velocidad de escape, las croquetas se ponen a cantar. De hecho si las coges con una herramienta de pinza, como de hecho las pinzas de cocina o dos tenedores, notarás una pequeña vibración en tu mano. El sonido de escape del aire se transmite a través del utensilio de cocina. A partir de ahora verás las croquetas de otro modo. Yo las escucho.

Cuando silban las croquetas


la-version-de-otro-planeta-2223
Siempre oigo eso de “¿Qué te llevarías a una isla desierta?” como un rasgo característico que nos defina. No creo que exista nada más absurdo que irse a una isla donde no hay nadie. No ya solo por el aburrimiento absoluto, sino por el esfuerzo físico contante que conlleva. No creo que nadie en su sano juicio decidiese irse a una isla desierta. Cualquier persona que no responda “Una baliza GPS de rastreo global” o algo similar no ha debido meditar bien lo aburrido que debe ser estar solo. A un planeta habitado…ya es otra historia. Porque, ¿por qué no preguntarse qué se llevaría uno a un planeta habitado por otra especie? Ese me parece un destino mucho más suculento que un trozo de tierra separado de todo. Y tras pensarlo muy detenidamente he decidido que me llevaría el mejor ordenador del mundo lleno de toda nuestra cultura y ciencia, porque le he dado la vuelta a la pregunta: ¿Qué querrías que alguien de fuera trajese a tu planeta? Como nadie suele responder este tipo de pregunta os pondré la única respuesta que me ha gustado de las que responden a lo que llevar a la isla y que, por un extraño desliz del universo, puede aplicarse a la mía: El bolso de Mary Poppins, para buscar lo que necesite.La puerta mágica de Doraemon, para poder volver cuando quiera.Un súper héroe, para tener compañía, charlar Lo de la puerta mágica de Doraemon estaría genial para idas y venidas a la Tierra, para conseguir material de supervivencia humano como pueden ser barritas de proteínas, ropa y calzado y bollería industrial variada. Aunque es muy probable que en poco tiempo acabase siendo de dominio militar por su importancia táctica. Volviendo de los cerros de Úbeda y volviendo a mi respuesta inicial, creo que lo más importante que se puede llevar fuera es la esencia de lo que somos: arte, cultura, guerra, deporte,…Todo lo que hace que seamos como somos (para bien o para mal). A mi personalmente se me hace la boca agua en pensar que alguien de por ahí fuera me diese su Wikipedia intergaláctica o su Youtube, que mantendría de fondo mientras aprendo un idioma nuevo para poder entender la Wiki. Podría dedicar mi vida entera a aprender los modos de nuestros vecinos galácticos. Y tú, ¿qué te llevarías a otro planeta?

¿Qué te llevarías a…?



martillo-evolucion
Existe un juego mental del cuál ignoro el nombre si es que lo tiene que consiste en hacerte repetir una serie de cifras en voz alta. Una vez que encuentres a tu víctima le harás repetir lo que digas, y comienzas…”3,…, 33,…, 333, …3.333,… 33.333,…” dejando unos segundos para que la otra persona responda la repetición. Al llegar a su contestación sobre el treinta y tres millones trescientos treinta y tres mil trescientos treinta y tres le dirás “Dime rápido una herramienta y un color”. Si perteneces a la raza humana es muy improbable que responda algo diferente a “martillo rojo”. Nadie sabe muy bien por qué, pero el martillo es la primera herramienta que nos viene a la cabeza. Quizá sea porque llevamos utilizándola, al menos con indicios históricos, desde hace 30.000 años. Es bastante, teniendo en cuenta lo recientes que somos y lo poco que llevamos de escritura. Y es que el martillo es una herramienta de lo más útil. Puede usarse como maza para moler o para abrir frutos secos (probablemente uno de nuestros primeros alimentos hace milenios y en mi persona); como elemento disuasorio en disputas; elemento de justicia; herramienta de confesión, mediante la rotura de huesos; golpear chapa; golpear piedra; golpear personas; herramienta de precisión trepanadora, por si a alguien le entra el diablo dentro; desafortunado localizador de dedos en los momentos más tontos; herramienta en trading; modo de llamar a puertas si eres muy bruto; lugar donde poner los ojos y la boca del tiburón martillo; e incluso de vez en cuando se usa para clavar clavos. La gente piensa que sirve solo para clavar clavos, pero entonces se le hubiese llamado clavador o algo similar. El martillo es una estupenda herramienta casera que aporta muchas ventajas (aunque también muchos inconvenientes). Por ejemplo, puede usarse como argumento arrojadizo en conversaciones venidas a más, pero tiene el problema o la necesidad de haber llamado previamente a la ambulancia. Sí, lo sé, la mayoría de las veces que se empuña un martillo por alguien no experto (todos) la probabilidad de un accidente aumenta un 800% de media, en especial si lo empuña un varón (siempre), pero el martillo es probablemente nuestra herramienta más importante. Con el martillo se han creado las herramientas posteriores, se han levantado los primeros edificios de madera y se han fabricado las primeras armas. Sin el martillo la historia de la raza humana sería muy diferente. Quizá no hubiésemos descubierto la rueda (estoy convencido de que se descubrió en un campeonato de dar golpes a la piedra con un martillo). Y eso que no he tocado aquí esa parte guay del martillo en forma de V y que sirve, entre otras cosas, para limpiarse las uñas de los pies sin tener que agacharse.

La importancia del martillo


Leer más abajo (prometo que esta foto tiene sentido) 6
¿Has visto la película Poseidón? El barco da la vuelta y las mesas quedan en lo que ahora constituye el techo, ancladas sin ser alcanzadas. Y el antiguo techo es un suelo improvisado con decenas de lámparas, luces, conductos. Lo que fueran amplias puertas ahora son muros con ventanas altas e inalcanzables. Imagina un mundo así, donde la gravedad gira, dando la vuelta al mundo que conocemos. Por supuesto imaginaremos que los edificios y la corteza de la Tierra no se despedazan con esta extraña caída. ¿Podrías moverte por tu casa? ¿Podrías salir a la calle sin caer fuera de la Tierra? Me gusta dar la vuelta al mundo en ocasiones y tratar de imaginar cómo sería posible ir de un lugar a otro. Sin duda sistemas como el metro nos serían de gran ayuda, pero los techos de acceso se convertirían en rampas infranqueables, y sería necesario material de escalada. Las paradas de autobús con marquesinas serían un buen lugar donde descansar al cruzar la calle, y tendríamos que buscar un sistema para iluminar nuestras casas. Ahora las ventanas no estarían bien orientadas, ya que los techos nunca han tenido que ser iluminados. Pero mi cabeza no se queda ahí (o yo no la dejo, según cómo se mire). Siempre que voy a un lugar en el que no he estado me hago preguntas absurdas: ¿Qué haría en el caso de una inundación? ¿A qué edificio me subo? ¿Y si es una inundación lenta? ¿Y si es una ola enorme y de repente? ¿Y en el caso de un terremoto? ¿Qué hago si me vienen a robar? ¿Y si me quedo ciego ahora mismo? ¿Por dónde me voy si un vehículo invade la acera? Algunas, por supuesto, son básicamente absurdas: ¿A dónde voy si vienen zombies? ¿Y si me persigue alguien en moto? ¿Cómo puedo cruzar al balcón de enfrente sin tocar el suelo? El objetivo de estas preguntas no es conseguir una respuesta que utilizar, sino conseguir idear una respuesta con los elementos que tengo a mi disposición, ser capaz de ver todos los usos de los objetos y visualizar escenarios imposibles o poco probables para idear métodos de resolución de problemas alternativos. Por supuesto siempre se saca algo sin ningún tipo de utilidad, como qué haría en el caso de una infección de zombies rabiosos si me pilla en el gimnasio (en el improbable caso de que yo esté en el gimnasio cuando ocurra). Lo cierto es que hay cantidad de armas en el gimnasio esperando ser usadas contra un ejército de no-muertos. Por ejemplo, ¿habéis visto esa barra para bancadas que tiene lugar para dos pesas a los lados? Pues basta con despejar uno de ellos y colocar un par de kilos de peso en el otro. Ahora golpeamos el lado cargado con una pesa de 10 kg, dejando caer sobre el extremo de la barra, doblándola. Enhorabuena, ya tienes una maza de mano. No es muy rápida pero con la inercia que coge parecerá que […]

Desarrolla tu agilidad mental (o la cuestión de la lucha zombie)



El lanzamiento de la runa empresarial 4
En la serie Futurama aparecen un par de escenas curiosas. En la primera de ellas tres “analistas financieros” lanzan runas para ver cómo se comportará el mercado. Una segunda escena muestra a un ordenador responsable de elegir el contenido de una determinada cadena lanzar unos dados para seleccionar la programación. Futurama es una serie de ficción que se desarrolla en los inicios del tercer milenio, a 1000 años de distancia de ahora. Debido a la destrucción de la civilización un par de veces por el camino, el futuro se parece bastante a nuestro presente, con la salvedad de la capacidad de viajar por el universo en naves, tener robots (de los de verdad, no como el robot de cocina) y poseer coches flotantes. Todo lo demás es bastante parecido: son sucios, nadie escucha a los científicos, los políticos no hacen bien su trabajo y Nixon sigue dando por el c*** 1000 años después. Pero sobre lo que quería hablaros es el método que se tiene para elegir inversiones futuras: el azar. Cualquier otro sistema que no sea el azar será descartado por absurdo y poco fiable. Por supuesto es una gran broma: dentro de 10 años existirán métodos para analizar la información que ahora ni nos planteamos. No obstante no deja de ser un hecho que de lo estático pasamos a lo dinámico, de ahí a lo turbulento, de la turbulencia a la inestabilidad y de ahí a lo que desde nuestro ahora se podría llamar caos absoluto. Imagino que hace cien años mirarían hacia nosotros y dirían algo como: “Es imposible que puedan organizarse a nivel mundial, será un caos.”. Y míranos, tenían razón. Dentro de 1.000 años va a ser un momento divertido de la historia. Lástima no poder estar allí para hacer alguna foto. Y tú, ¿qué técnicas predictivas crees que funcionarán en el futuro?

El lanzamiento de la runa empresarial


robot de cocina
En el siglo XVIII se escribió un relato corto llamado La Bonne Petite Souris (El buen ratoncito). Este pequeño, ficticio, inanimado y escurridizo animal inexistente ha tenido la capacidad desde entonces de extenderse por todo el globo más aún que las Rattus rattus, sus parientes reales, y de entrar en los sueños de miles de millones de niños desde entonces, adaptándose en varias culturas bajo la forma de hadas, duendes, mariquitas, ángeles…y todo derivado de un pequeño cuento hace tres siglos y pico. No estoy seguro de a qué edad supe que ese pequeño roedor no existía, como tampoco recuerdo el momento en que Papá Noel dejo de existir. Lo hizo durante muchos años tanto para mi como para mi hermano, pero un año dejamos de hablar de ello, y años más tarde eso de madrugar para abrir los regalos de aquél misterioso hombre ya no se llevaba. Que se esperase él, ya que no existe. Pero lo comento porque no tengo esa pavorosa sensación de miedo y pánico a la que se enfrenta la mayoría de los personajes de las series o incluso mis conocidos en la vida real. A nadie parece importarle un bledo que el Ratoncito Pérez no exista o que Papá Noel no sea quien trae regalos. Creo que lo verdaderamente importante es que los regalos, así como el dinero a cambio de dientes, siga llegando. A la tierna edad de 18 años decidí que iba a creer en otro tipo de duendes y animales mitológicos: los políticos. Es por eso que leí listas de lo que iban a hacer uno y otro, me documenté sobre todas las opciones, los diferentes regímenes políticos existentes, la historia de España, de Europa y del mundo. Tras muchos años de leer e informarme hasta el límite de 2.500 años (siglo arriba, siglo abajo) me di cuenta de que no creía en el político. No podía creer en alguien tan voluble, tan plástico que era capaz de decir que el sol se acababa de poner de madrugada y al que, por ello, todos parecían aplaudir e idolatrar. Aunque siempre he votado nunca he estado de acuerdo con prácticamente nada de lo que estos animalitos (los políticos) gruñen, tergiversan y anuncian. Pero hubo un tiempo en que creí en ellos. Me parece que duró unos meses. Aunque no hay nada peor y más traicionero que el siguiente y último objeto de engaño. Un crimen contra el intelecto y la esperanza, un insulto a la ciencia y al pensar, a los sueños de civilización y a la imaginación. Una broma, al fin y al cabo, que confunde, retorciendo las palabras en una mueca de tristeza hacia todos nosotros: el robot de cocina. El robot de cocina no es un robot. No se parece en nada a un robot, y desde luego tiene muchos menos láseres, articulaciones y conversación que un robot que se precie. Cuando era pequeño y Papá Noel aún existía el Ratoncito Pérez ya se había ido hacía unos años y […]

El Ratoncito Pérez, Papá Nöel, la política y el robot de cocina



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El tema de la vulnerabilidad de los sistemas siempre ha sido interesante para mi porque responde a la pregunta: ¿Qué tengo que tocar para conseguir romperlo? Y es que cada vez que caía un juguete en mis manos cuando era pequeño lo daba vueltas, buscaba sus puntos débiles,…y dejaba de haber juguete, trasformándose (él solo, claro, fijaos en la forma reflexiva de la frase) en un montón de piezas inservibles por todo el suelo. Creo que mi manía por romper objetos de pequeño se ha extendido hasta ahora debido, principalmente, a la curiosidad. [Defino mi curiosidad en base a la frecuencia que rompo cosas: cuanto más he roto, más curioso he sido]. Que yo recuerde he abierto en canal: muñecas, varias, radios, altavoces, una infinidad de coches de juguete, todos los muñecos con articulaciones que he encontrado a mi paso, un equipo de vídeo VHS, un equipo DVD, varias consolas, un Tamagotchi, in inhalador (no lo hagáis), petardos y fuegos artificiales, peluches, separar la moneda de 1 euro de sus dos metales, varias bombillas, un ordenador portátil, varios discos duros, el encuadernado de algún que otro libro, suelas de zapatillas que tenían algo de calza, coches (desguace) y neumáticos, bolígrafos (si lo hacéis poneos guantes), compresores, motores eléctricos, un aspersor, la tarima… Ahora mismo no caigo en nada más, pero seguro que algo hay. Y es que no se puede poner un objeto que funciona de un determinado modo sin explicar el modo en que lo hace. Recuerdo mi primera experiencia con una de esas muñecas que si las tumbas cierran los ojos. Fue acompañando a mi madre a su colegio (donde es maestra) teniendo yo unos siete años más o menos. El caso es que se estaban librando de ese tipo de material que llevaba años por el colegio en muy muy mal estado y que era imposible recuperar. Y había en el montón una muñeca de estas características con bastantes taras físicas (producto de mucho amor por parte de animales-niño de infantil). Y me pregunté: “Oye, ¿cómo hace para cerrar los ojos?”. Por supuesto eso requería desguazar la muñeca por completo. Resultó ser un contrapeso pequeño que se orientaba siempre hacia el suelo (imagen), haciendo que los párpados lo acompañasen. Ruego si hay algún fabricante de muñecas en la sala incluya un diagrama básico de cómo funcionan estos muñecos en el pecho o la espalda del muñeco (o en las partes púbicas, buscadas con cierta frecuencia) para que un futuro niño no tenga que romper un juguete para encontrar el por qué de los parpados cerrados. Pero aparte de la curiosidad también tengo una auténtica preocupación con “cómo hacer un nuevo modelo que no se rompa”. Se trata de verdadero amor por la disciplina científica que lucha contra la obsolescencia. Por ejemplo, un walkman que resistiese una caída de seis pisos, altura a la cual un montón de alegres piezas huyen de la prisión que fue su ensamblamiento, saltando a distancias insospechadas. No es que yo fuese un animal, […]

Pulse aquí para romper


Kansas-Point_Of_Know_Return-Interior_Frontal 2
Las personas de mi alrededor siempre me han visto como una persona activa e inquieta. Yo me veo como un tipo normal. Bueno, raro de cojones, pero más cerca de la pereza y vaguería personal que de hacer cosas. Y es que podría dedicar mi vida al tedioso esfuerzo de hacer mucho para luego tener que hacer menos y alzar por bandera el lema “Trabaja duro para no tener que trabajar”. Esto quiere decir que soy una persona más bien vaga y perezosa. Pero entonces, ¿por qué desde fuera parezco una persona activa? ¿De dónde viene esa diferencia? Y pensando en esto me vino a la mente una adaptación del término de intendencia “Punto de no retorno”. Definido en un inicio como el punto en el que ya no tienes combustible para volver al punto de origen y no te queda otra que seguir hacia delante se ha extendido a multitud de hechos bajo una definición general: “en un proceso que tiende a algo es el punto a partir del cual el desencadenante es inevitable, aun antes de producirse”. Es ese punto en que, a mitad del suelo tras un tropezón tu cerebro piensa “¡Mierda!” y te das cuenta de que lo único que puedes hacer es poner los brazos para evitar el golpe. Y me he percatado de que uso ese principio en mi vida constantemente. Y el modo el el que sigue: me esfuerzo mucho al principio en cualquier tarea y, una vez iniciada, mi enfermedad mental por la que tengo que terminarlo todo y dejarlo bien me obliga a seguir. pensándolo bien se necesitan ambas dos: el punto de no retorno y un cerebro con TOC. Hasta la fecha lo he aplicado en: los estudios, el carnet de coche y moto, el deporte, los pequeños retos, este blog,…Pondré el caso más visible de todos (el deporte). Como algunos ya sabéis me gusta la bici, de modo que doy vueltas con ella frecuentemente. De hecho, casi a diario, a veces en varias ocasiones. Esto (y hacer cosas no involuntarias tales como respirar o seguir latiendo) pueden llegar a suponer un problema para mí. A saber: que puedo volver reptando a casa al poco de salir y habiéndome esforzado entre cero y nada. De modo que mi estrategia es siempre seguir un camino todo lo recto que pueda, y que cada pedalada me aleje, necesariamente, del punto de origen y en dirección radial. Este tipo de conducta me obliga a, en el caso de querer volver con el sillín entre las piernas, realizar el doble de trabajo hasta mi casa. Esto suele ocurrir en el momento en que empiezo a estar algo cansado, momento en el que doy la vuelta, punto que suele coincidir con ese en el que se empieza a quemar grasa de verdad y que, a su vez, coincide con el instante en que maldigo al Marcos del pasado y sus ideas estúpidas para hacer ejercicio que no sea levantar un lapicero. Propiamente dicho os merecéis una aclaración […]

Cómo esforzarse la mitad para conseguir los mismos resultados o “La aplicación práctica del aburrido ...



clock-bunny
Hace una semana asistí un par de días a un curso de ventas y marketing para trabajar en una empresa. En él se ha hablado sobre un producto un poco extraño. Una especie de seguro gratuito al adquirir determinado producto. No os diré cuál es ese producto porque no me pagan por ello, pero sí en qué consiste el seguro. Porque resulta que si haces un viaje para matarte tus hijos podrían recibir 150.000 euros. Lo sé, es la cosa más tonta que habéis oído. Yo también. Por eso os la traigo hoy aquí. El producto en sí es un medio de pago bastante sencillo consistente en cierta tarjeta de crédito de determinada entidad bancaria. Y se nos pusieron una serie de ejemplos de los seguros que incluye. Incluye, por ejemplo, un seguro de robo. Tanto de la tarjeta como si sacas en efectivo. También de extravío, de producto defectuoso, o de si lo defectúas (rompes) tú una vez comprado. La verdad es que todavía no le he visto el pero al producto. Cuestión de tiempo, supongo. Pero lo más curioso es un seguro que indica que si has pagado un viaje con esa tarjeta cobrarás en caso de: Pérdida de equipaje (600€) Retraso de equipaje (400€) Facturas médicas (45000€) Muerte (150.000€) Sí, señores y señoritas, es un seguro que cubre accidentes de todo tipo. También si mueres o si te cercenas un brazo o te quedas ciego en el viaje. Dentro del apasionante mundo de los seguros me temo que siempre habrá alguien que viaje a morir para que sus hijos cobren la paga de 150.000€. Pero lo más macabro es que se especifica que los hijos beneficiarios (o pareja) ha de estar allí. Contrato cruelmente macabro o error de traducción, sea lo que sea posibilita viajar a otro país (técnicamente a 100km valdría) y matarse para que otro cobre un dinero. Desde luego no sería el primer caso ni el segundo. Por desgracia desde que empezó esta crisis a nivel mundial ha habido familias que se han llevado a algún familiar por delante, e incluso se han visto casos en los que ese familiar se quitaba de en medio (según las compañías de seguros) para que su familia no tuviese problemas económicos. Y es que somos siete mil millones de habitantes y hay de todo. Supongo que hay que verse en una muy mala situación simplemente para planteárselo. Y tú, ¿te irías de vacaciones con tus hijos en un acto desesperado para morir y proteger su futuro?

Las vacaciones de la muerte de papá


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Todos hemos tenido, durante más o menos tiempo, alguna abuela. Algunos, por desgracia, no han podido disfrutar de ellas durante mucho tiempo, o ni siquiera han llegado a conocerlas. Si sois de esos, o si queréis más tiempo con un abuelito, o si odiáis a los que ya tenéis siempre podéis adoptar un abuelo. Para los que sí hayáis disfrutado de una abuela sabréis que suelen hacer una serie de tareas de un modo realmente experto, tales como: Parar a la gente por la calle, a veces aunque vayan en moto, mejor que un comercial, y venderle lo guap@ y list@ que es su niet@. Aún no me pregunto por qué no se estudia su comportamiento, sus técnicas y frases, tales como el “Oye, ¿eres el de la Juani?” o el gancho de muñeca + presa de mano, que te deja totalmente inmovilizado a su lado, escuchándola. Coger las croquetas o filetes de la sarten sin quemarse las manos. Coser sin mirar. Dejar los huevos fritos una hora en la sartén e ir justo cuando se han hecho perfectamente: con la yema jugosa y la clara frita por los bordes pero no quemada. Decirte lo guap@ y list@ que es su niet@, que eres tú. Decirte lo guap@ y list@ que es su hij@, de la/el que eres descendiente directo. Decirte lo guapa y lista que es la del tinte. Las abuelas también pueden definirse como ese ser para el que nunca estás lo suficientemente carnoso (sí, es un eufemismo) y que intentan atiborrarte a comida en cuanto entras por la puerta. Aunque vengas de la boda de tu prima chorreando tarta por las orejas te preguntará si tienes hambre, y te meterá la comida con calzador si es necesario. Porque se preocupa por ti, porque ella es inmortal, pero tú no, que estás flacucho y vas a coger cualquier cosa si vas enseñando las piernas. Sus hijos llevaron durante veinte años las piernas al aire, pero tú no. Para ella tú perteneces a una endeble generación de personas que podríais morir de frío si no os ponéis un abrigo en agosto, “no vayas a coger algo”. Es por ello que las abuelas padecen un tipo extraño de hipocondría ajena, que les indicará que tú siempre: tienes hambre, tienes frío, no tienes dinero, quieres oír lo último de la Juani. Y tú, ¿tienes una abuela que te cuide/sature? Si no, ya sabes que puedes adoptar un abuelito. Seguro que estará encantado de prepararte fabadas y tejer jerséis. =)

La externalización de la hipocondría o el “Síndrome de la abuela con fabada”