Categoría: Pensamientos


lavavajillas ventana 6
Hace unos días me encontré con un tweet curioso que dio la vuelta al mundo tal y como lo conocía. En él, un tal Borja Estrada se preguntaba por qué puñetas el lavavajillas no tiene ventana para mirar mientras que la lavadora sí. ¿Quién decidió que lo que pasa dentro no es interesante? Aquí la fuente original, a la que podéis animar a seguir filosofando sobre cuestiones trascendentales como esta: ¿Por qué el lavaplatos no tiene ventana? ¿Quién decidió que lo que pasa dentro no es interesante? ¿Por qué la lavadora y la secadora si? — Borja Estrada (@BorjaEstrada) 13 de febrero de 2016 No es justo que se menosprecie de tal modo a un electrodoméstico tan útil. Mientras que casi todos los modelos de lavadoras poseen su ventanita para verificar que todo está correcto, solo algunas de las secadoras lo llevan, pero ningún lavavajillas fuera de museos y exposiciones. Ninguno. ¿Por qué? ¿Qué tienen que ocultar? ¿Qué han hecho mal los lavavajillas? ¿No estoy en mi derecho de ver lo que pasa ahí dentro o qué? ¿Es esto una conspiración mundial de los fabricantes de lavavajillas contra el resto del mundo? Meditando durante casi treinta segundos al respecto, me vi obligado a abrir una nota y empezar a escribir estas estupideces teorías científicas sobre por qué los lavavajillas no tienen ventana. Todas pueden ser discutidas. Es más, espero que las discutáis. Los lavavajillas no tienen ventana por su diseño A diferencia de las lavadoras, cuyo tambor gira axial al eje tanto de la carga  en movimiento como de la puerta, el giro de los brazos rociadores (sí, se llaman así, «brazos rociadores») tanto inferior como superior son perpendiculares a la normal de la puerta. Esto significa que, cada pocos segundos, una cortina de agua a presión impactaría contra el cristal. En las lavadoras esto no pasa porque el agua, en su giro, se encuentra siempre a la misma distancia del cristal. No creo que sea muy agradable un ruido constante de agua cada poco. fffssss, fffssss, fffssss… Además, la ropa no rueda sobre la puerta de la lavadora. Como mucho, cae empapada al suelo sucio cuando abrimos la puerta con cierta violencia. Sin embargo, la puerta del lavavajillas sí se abate soportando el peso de esas ruedecitas, y mogollón (en unidades del S.I.) de cosas usadas para comer, como vajilla y cubiertos, circulan sobre ella. Los cristales nunca se han llevado bien con los objetos de metal o cerámicos que caen sobre ellos. Quizá el lavavajillas no tenga ventana porque esta podría romperse por el impacto de alguno de los objetos que se nos caerían sobre ella. Los lavavajillas no tienen ventana por cuestiones estéticas Por un lado, es posible que los cacharros que no lo rompan acaben rayando el cristal, y a nadie le gusta ver rayajos. La ropa es muy difícil que consiga estropear el de la lavadora, pero un tenedor… Otro motivo, dentro del estético, es que igual a nadie le hace mucha gracia ver los restos de su […]

¿Por qué la lavadora sí tiene ventana y el lavavajillas no?


que sepas que te vas a morir 4
Siempre he tenido bastante claro que iba a morir. Desde niño, a pesar de que nunca tuve la muerte cerca. Ni en familia ni amigos, la primera muerte ha venido ya más bien tarde, cerca de la treintena. Y sin embargo llevo siendo consciente de que no iba a durar para siempre (qué putada) desde que tengo memoria. Siempre he entendido el cuerpo humano como una máquina de desgaste con una duración limitada. Tras contar un par de recuerdos, me encantaría leer los vuestros

Que sepas que te vas a morir



Internet-es-un-lugar-maravilloso-3 1
Internet es un lugar maravilloso. Estoy a punto de dedicarme a mendigar a través de Internet (como profesión) porque estoy convencido de la que gente me daría dinero cuando lo necesitase. Si tú te pones en mitad de la calle con la foto de tu hijo enfermo pidiendo algo de ayuda, aunque sea verdad y el chaval esté en las últimas, lo único que vas a conseguir son miradas de asco y que la gente se aparte. Que huyan de encontrarse con tu mirada. Sin embargo, cuando pones un cartel en Internet en el que pidas ayuda… aparece la magia. De verdad. La gente se lanza a ayudarte y te empiezan a llover emails de personas a las que no conoces de nada, pero a las que –por un motivo u otro– tu proyecto resulta atractivo y te ayudan a cambio de nada. Hace un par de días publiqué que un comentario crítico en el perfil de Amazon de mi libro había hecho que las ventas disminuyesen una barbaridad. Menos de dos días después, tres personas (dos de las cuales no conocía de nada) y que habían leído mi primer libro, se han lanzado a opinar que a ellos les ha gustado. Sin esperar nada a cambio, me han ayudado. No es la primera vez que me ha pasado, pero quizá si haya sido la más significativa últimamente. Quiero aprovechar para volver a dar las gracias. Tras meditarlo durante un tiempo, me he dado cuenta de que Internet es muy diferente al mundo AFK (lejos del teclado). Por algún motivo que desconozco, en Internet se presupone cierta buena fe de la gente, y mucha confianza. Me di cuenta de que no solo he recibido ayuda de extraños durante los 10 años que llevo navegando.  Quizá el no estar en contacto directo con la otra persona hace que le atribuyamos parte de lo que somos, tras lo que de manera casi automática nos cae bien. O quizá seamos más lanzados al no poder encontrarnos con su mirada, y vayamos corriendo a ayudar. Sea como fuere, Internet es un lugar maravilloso. ¿Alguien necesita ayuda en algo que yo domine?

Internet es un lugar maravilloso


barba
Tengo barba, y la llevo larga desde los dieciséis. Fue la época a la que salió, y resultó espesa y de un crecimiento alarmante. De esta guisa, en el instituto –y durante parte de la carrera- fui un heavy (aun a pesar de mi blandita cubierta estomacal) guarro. No, por lo visto no hay heavys limpios, y no importa si llevas la barba acicalada y con perfume. Y tener el pelo largo en coleta no ayudó a mejorar aquél calificativo. Se llevaban los heavys guarros, estos aparecían en manadas en los barrios, y yo estaba en uno. Ergo aquello era lo que era, y punto. Pasado un tiempo, más o menos al acabar la carrera, me convertí en un simple guarro en el mundo empresarial. Un impresentable o descuidado. Lo de heavy se habría pasado de moda, y yo era un tipo informal, algo parecido a un hippie. Sin embargo, mi aspecto físico no había cambiado gran cosa en lo que a barba se trataba: ahí seguía, como el primer día. Hace unos años me llamaron hipster por primera vez, y me quedé bastante sorprendido. No compraba ropa de moda, no iba a pagar un iPhone en la vida y mi bicicleta de verdad que puede usarse como bicicleta. Sin embargo, mi barba era de hipster, por lo que era eso lo que debía ser para todos los demás. Ahora, sin que haya aparecido ningún cambio antes-después con el pelo que me crece sobre la cara, soy un islamista radical, y la gente se aparta de mí en el metro y la biblioteca. Yo sonrío y cedo el asiento a quien sea, pero la gente sigue mirándome igual de mal que si fuese a matar a alguien. Qué se le va a hacer, es el tiempo que le ha tocado soportar a mi barba. Aun a pesar de ser la misma que me salió con dieciséis años, esta parece cambiar con el tiempo en función de la percepción de la sociedad. Que, para el que no lo sepa, es idiota.

Mi barba tiene muchos pelos, y varias modas



el día en que la humanidad se muera de aburrimiento 2
¿Os imagináis que de un día para otro la gente se aburra de manera natural de absolutamente todo? Pues creo que es algo bastante factible si la tecnología sigue por el lugar a donde va. Y ojo, porque yo soy el primer fanático de la tecnología, pero eso no me evita ver a dónde va a conducirnos, y en mi amor-odio estoy entusiasmado-aterrado por la idea de un futuro en el que los seres humanos no tengan nada que hacer y lo tengan todo. ¿Os lo imagináis? Creo, según nos ha demostrado la ciencia hasta ahora, que es factible que llegue el momento en el que nuestras obligaciones terrenas se acaben y que no «tengamos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente». Ni, ya puestos, ninguna parte de nuestro cuerpo. Lo que va a ser maravilloso, porque evitará muchísimos atascos a las 7 de la madrugada de un lunes cualquiera. Pensadlo por un momento (aunque, y eso espero, seáis algo escépticos). Poneos en situación. Dentro de una serie de años, vete tú a saber cuántos, llegará el momento en el que los robots y las máquinas trabajarán para realizar las labores básicas como la cosecha, nuestras prendas y nuestras casas, y que poco a poco también empezarán a ocupar puestos de responsabilidad en las empresas y a realizar trabajos artísticos. Sí, eso ocurrirá, lo siento al que le acojone. Cuando llegue ese momento y el ser humano pueda dedicarse a la vida contemplativa y a meditar, ¿qué hará con su vida cuando ya lo hayan hecho todo? Aunque muchos de nosotros somos capaces de vivir enganchados a un buen libro y a Internet, ¿qué ocurrirá cuando nadie tenga que trabajar y cuando pueda estar con sus amigos eternamente? ¿Seguiremos considerando Internet como un lugar donde refugiarnos y aprender? Pero puede que no llegue ni a ese momento. Es muy posible que perdamos las ganas de vivir mucho antes de que las máquinas nos sustituyan. Pongámonos en situación de nuevo. Es 2050 (de nuevo, vete a saber la fecha, pero casi seguro que será un poco antes de que los robots empiecen a pensar) y se ha inventado eso que llaman realidad virtual. Pero no como en los juegos malos en los que algunas pantallas están pixeladas, no. Digo cuando nos sea físicamente imposible distinguir la realidad virtual de la realidad en la que más nos vale que comamos y nos aseemos. En la realidad virtual podremos hacer lo que queramos: saltar en paracaídas en una distancia infinita, vivir en la cama con nuestra pareja perfecta, habitar una casa de esas que te quitan el hipo o andar eternamente por esos bosques húmedos que atrapan al caminante. Podremos, en esencia, ser dueños de todas aquellas experiencias que nuestro cerebro demande, en tanta intensidad como deseemos. Ahora bien, ¿qué ocurrirá cuando despertemos? ¿Qué ocurrirá cuando debamos ir a trabajar ocho horas después de haber vivido en el paraíso varios años? ¿Seremos capaces de seguir adelante sin recurrir al infantilismo […]

El día en que la humanidad se muera de aburrimiento


dog-188273_640
Hace un día apacible, el sol sonríe a las nubes blancas y en el telar del cielo predomina el azul. En los auriculares, esa canción que llevabas tiempo queriendo escuchar y sobre la que parece mecerse el mundo al ritmo de tus pasos. Es un buen día. Te han crecido alas y observas el mundo desde todas sus facetas. De un modo extraño, todas te parecen bien, y el mundo es lo suficientemente grande para todos. Junto con el sentimiento de ser invencible aparece una sonrisa, dispuesta en CC0 para todo aquél que desee replicarla. Después, aterrizas de lleno en un cenagal de kriptonita, preguntándote cómo has llegado hasta allí. Has entrado en una estancia, cualquier estancia, y una indescriptible sensación de malestar invade tu cuerpo. Hay algo en el aire, una concentración indescriptible capaz de ocultar los rayos del sol y emponzoñar la cadencia de la música. Huele mal. Muy mal. El ambiente está enrarecido y buscas fervientemente una ventana a la que asomarte. Mierda, el vagón de metro, la sala de reuniones o el aula en la que te encuentras no tiene ventanas. O peor, elementos de características similares pero sin la facultad de ser abiertos descansan sobre las paredes, encerrando el aire rancio de carácter humano. El aire tóxico reverbera y se mueve con mayor frecuencia que si estuviese limpio, atacando a tu cerebro a través del sistema olfativo. O bien la ventilación es escasa, o alguien ha decidido que la higiene personal es algo opcional. Puede que ambos. Instintivamente, subes el volumen de la música con la esperanza de saturar esa parte del cerebro que se encarga del ritmo, retirando los recursos para analizar el poco interesante malestar químico. El olor, la concentración de determinadas sustancias en determinado ambiente, puede ser indicativo del índice de humanidad, un índice que hace llorar incluso cuando estamos felices. Consejos para la humanidad: Ventilar los espacios cerrados al menos una vez al día. Ducharse con una frecuencia no mayor a una vez cada dos.

Sobre el olor: el índice de humanidad



elysium2
Me gusta el espacio. Me gusta mucho la idea de qué ocurrirá cuando consigamos salir de este planeta de manera natural. Algo impensable para la ciencia de hace dos siglos, un reto hace cien años, una verdad en los últimos cincuenta y una necesidad futura. No hablo de ir a la conquista de Marte como si fuese la conquista del Viejo Oeste, un planeta yermo en el que cultivar y terraformar en el que cada nave-colonia tomará unas cuantas miles de millones de hectáreas para su población. Hablo de tomar planetas completos mucho después de haber conseguido dominar este sistema solar. Hablo del cilindro de Rama como nave estándar de desplazamiento y de miles de mundos O´Neil diseminados por la galaxia por cada planeta conseguido. Hace un tiempo hablé en mi blog de algo llamado la “esfera máxima de la exponente de la velocidad“, una esfera imaginaria que marca hasta dónde llegarías a lo largo de una vida en el espacio en función de la velocidad máxima que pudieses desarrollar. Sir George Edwards propuso, allá en 1958 ante la Royal Aeronautical Society la expresión “la exponente de la velocidad” como una unidad de medida de nuestra tecnología, de nuestro progreso y de nuestro conocimiento y, para algunos, sabiduría. Se toman para esta medida 12 horas, y se observa que, con los avances tecnológicos, cada vez llegamos más lejos en 12 horas: la doma del caballo, la mejora de las carreteras de la Revolución Industrial, los ferrocarriles, el avión, el motor a reacción y todos los avances dentro del mismo, por mencionar alguno de los hitos desde el caminar. La medida de esta exponente de la velocidad es, a todas luces, exponencial, tal y como su propio nombre indica. Esto significa que cada vez podemos ir más rápido en menos tiempo de investigación, lo que abre las puertas no solo a otros planetas y lunas del Sistema Solar, sino a otros sistemas solares y, en su momento, otras galaxias. Pero el espacio, ese que me gusta tanto, está casi todo hueco en cierto sentido. Al menos en el sentido de planetas capaces de ser terraformados. Me explico: todo está tan sumamente lejos que, aunque estemos 1000 años dedicados únicamente a aumentar nuestra velocidad, no llegaríamos a otro Sistema Solar con planetas en menos de cinco, diez o más generaciones. Es decir, de un par de centenares a incluso miles de años. Y eso suponiendo que se sabe que a donde se va uno puede quedarse, algo que no podrá ser comprobado hasta que se esté propiamente allí. Es ahí donde surgen las meganaves, por llamarles de algún modo. Naves-ciudad sería otro modo de llamarlas. Algo, por supuesto, a muchos cientos de años (o más) de nosotros. Estas gigantescas estructuras deben ser un pequeño hábitat humano y animal, así como terreno de cultivo, ciudad y campo para la generación de oxígeno. En esencia, una enorme lata lanzada al espacio sin demasiada capacidad de maniobra y que mantenga viva a una comunidad de […]

Hacia donde la humanidad no ha ido (todavía)


control-785555_1280 4
Los trolls son criaturas mitológicas que, gracias a la llegada de Internet, se volvieron reales. Un troll, dentro de Internet, es ese tipo de persona capaz de comentar en tu blog solo para llamar la atención sobre una falta de hortografía. Alguien que comenta por el mero hecho de echarte algo en cara, generalmente un defecto. Y es en ese preciso punto en el que hace falta un troll de vez en cuando, y por lo que te animo a contratar un troll. Los blogueros tenemos muchos defectos: ego, falta de autocrítica, autocrítica en exceso, exceso de barba, barba,… Uno de los grandes defectos es no querer ver nuestros errores en los artículos, pensar que son perfectos. Por ejemplo, información incorrecta, faltas de ortografía, incongruencias en el desarrollo del post,… ¿Malditos trolls o benditos trolls? Los trolls han sido, desde que aparecieron, mirados con malos ojos. Después de todo eran criaturas incorrectas que, sin invitación, entraban a tu blog o web a jugar y hacer de las suyas. Es por eso que se les puso ese nombre tan apropiado. Los trolls, al parecer, no solo no son útiles, sino que además incordian. Pero, ¿esto es así? Lo que no parecemos apreciar es que un troll siempre trae tráfico a nuestra web, y siempre y cuando haya un número bajo de trolls por web, no habrá problema. Piénsalo de este modo. Un troll viene a tu web (genera +1 visita y es posible que hasta un +1 un en tu publicidad). Quizá lea del todo, o no, tu contenido, pero lo que está claro es que un troll siempre es un potencial lector converso. Hoy en día es muy difícil que nos despertemos y digamos “soy católico, o budista, o patólico” habiéndonos acostados agnósticos. Si nos convertimos a una fe, a un credo, o a un blog, es porque hay estímulos que nos llevan hasta la línea de suscripción. Lo que seguro que hará el troll es comentar tu blog, dejando un +1 en comentarios, lo que no suele venir nada mal a la hora de hacer que otras personas comenten. Mucha gente solo comenta en blogs en los que ya hay comentarios, ya que existe cierta reticencia a ser el primero que habla. Si, además de haber un comentario, hay un comentario estúpido, se vuelve más fácil comentar para el siguiente, que verá su comentario muy por encima del troll. Volviendo al punto inicial del artículo, un troll suele señalar los defectos, que es mucho más de lo que harán muchos lectores cuyas quejas silenciosas nunca nos ayudan. El troll está haciendo por ti lo que no hacen tus seguidores más acérrimos: ver las flaquezas. ¿Cómo piensas mejorar si no sabes qué mejorar? Agradéceselo a tu troll. Claro, siempre existen blogs para ayudarnos con la redacción como  la experiencia de Rosa Morel, pero tenemos que ir a buscarla. Si eres más vago que eso, entonces cuida a tus trolls. Un troll, además, es un coach perfecto. Siempre impasible, siempre esperando poder tocarte las pelotas. Como […]

Contrata un troll



blogger 3
Hace poco me comentaron que hablo bastante mal: maldigo, insulto, me cago en muchas cosas y mis coletillas usan palabras malsonantes. Y es cierto, joder, hablo de puta pena. Podría tratar de reformarme, pero no me interesa en absoluto. Curiosamente, cuando maldices y te quejas, la gente se une a ti y se crean sinergias chulas. Creo sinceramente que las llamadas “palabrotas” ayudan mucho a liberar tensión, al igual que usar de saco de boxeo a un enemigo o salir de una oficina cerrando la puerta como si la fueses a arrancar de sus goznes. Pero, diferencia de las puertas y los Nemesis que encontramos por la vida, las palabrotas no te llevan de cabeza a una multa o una represalia legal. Al menos no siempre. Todo esto para explicar el título del artículo (pues empezamos bien). Con “chupársela” no me refiero a que os remanguéis la camiseta, os pongáis de rodillas y os metáis su pene (o similar) en la boca. Obviamente es una bonita metáfora para “hacerle la pelota a tu blogger favorito“. Hacerle la pelota mucho. Pero hacer la pelota es demasiado suave, demasiado “light”. “Chupársela” lleva implícito connotaciones de bajada de pantalones y casi servidumbre que la otra expresión no guarda. Entraremos al tema, y veréis a lo que me refiero, y por qué uso esa expresión y no otra.

Por qué chupársela a tu blogger favorito


vergüenza 6
De entre los comportamientos inherentes al ser humano que más me llaman la atención por absurdos, voy a hablaros hoy de la vergüenza ante determinadas situaciones en las que no deberíamos tenerla. Cuando llega el día de cobro en el trabajo y no ves tu cuenta corriente engrosada por el dinero que tu empresa debería haberte ingresado, esperas, esperas, y esperas. Esperas porque te da vergüenza decir que no te ha llegado el ingreso; te pones colorado si tienes que comentarles a tus jefes que se han olvidado de pagarte el mes. Pero el sueldo es un derecho contractual, es algo que te corresponde porque tú ya has trabajado, y por adelantado además. Tu jefe te exige que llegues a la hora, que hagas esto o aquello, a veces incluso te pide más de lo que debería, más de lo legal, como cuando te quedas una hora extra porque hay mucha carga de trabajo ese día y no te la pagan; o como cuando te acercas un fin de semana a la oficina a mirar algo que necesitan que compruebes con urgencia. Fuera del ámbito laboral, por ejemplo, en un bar, se puede dar la situación de que te cobren un euro de más por un trozo de pan que realmente no te han servido. Y parece que te da reparo hacer ver al camarero que, no sólo no has comido pan, sino que te lo están cobrando indebidamente. Entonces, si es obligación del jefe pagar; si es obligación del camarero cobrar sólo por lo que consumes, ¿por qué nos da tanta vergüenza indicarles su despiste o su error y reclamar que nos paguen o cobren como es debido? ¿Por qué nos ponemos tan nerviosos cuando de reclamar algo que nos corresponde se trata? ¿Es que tenemos el gen de la idiotez por defecto? ¿Será cuestión de la educación que recibimos, de cómo está arraigado ese tipo de costumbres en nuestra sociedad o depende del carácter personal de cada individuo en particular? ¿Vosotros qué pensáis? A mí no me queda claro, lo único que sé con certeza es que no pedir lo que es nuestro es de necios, y que muchos somos necios con conocimiento de causa, y sin poder evitarlo.

La vergüenza de pedir lo que es nuestro



agujero en internet 8
“Joder”, piensas (y continúas), ” Menuda puta mierda” Y es que nadie comenta tus, por otro lado, maravillosamente curradas entradas. Es muy probable que esto se deba al efecto violento y acelerado de Subducción Informática que viene dándose desde la creación de Internet. O quizá debería decir Creación, dada la importancia que tiene en nuestras vidas y en nuestro futuro. La Subducción Informática es un proceso natural del entorno de la datasfera o esfera de datos mediante el cual los enlaces más antiguos y/o con contenido menos interesante se desploman a las profundidades de la red. Sí, es posible que a tu artículo, ese que te ha llevado horas escribir, le pase algo similar: una mezcla entre que no llamó mucho la atención y que salió hace mucho tiempo. Toda la información acabará en lo profundo de Internet sin poder ser visible, pero la velocidad a la que se hunda dependerá de si es poco interesante o lleva mucho tiempo en la red. Además, es importante destacar que si nadie apunta hacia tu artículo con sus enlaces, éste seguirá hundiéndose a mayor ritmo de un modo muy similar al modo en que se hunden los ladrillos de la fotografía.

Lluvia de comentarios en tu blog


Tus proyectos no van a realizarse por sí mismos 8
Esto es un hecho. Que nadie lo tenga a error: tus proyectos no van a realizarse por sí mismos. No van a empezar un lunes cualquiera ellos solos a llamar a gente, a levantar un negocio, a arreglarte la casa. Dicho de otro modo: si quieres hacer algo, hazlo tú mismo. Porque nadie más lo va a hacer por ti. Hace unos días discutíamos en mi trabajo sobre el egoísmo, sobre si es una cualidad innata del ser humano o por el contrario es una elección. Yo, por mi experiencia, me he dado cuenta de que si bien podemos comportarnos de un modo no egoísta, la mayoría de las personas van a lo suyo: no ayudan, no colaboran, no quieren trabajar juntos y desde luego no van a pensar por ti si no sacan algo de provecho. En parte es lógico: si alguien invierte su tiempo en una actividad querrá algún tipo de compensación como contrapartida. Ya sea económica o de otro tipo, lo ideal es que si alguien trabaja de algún modo para otro reciba algo a cambio. Aunque sea un refresco por ayudar en una mudanza.

Tus proyectos no van a realizarse por sí mismos