Categoría: RETO MENTAL


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Hola, lectores. Sé que hace tiempo que no publico nada, pero es que he estado escribiendo mucho en otro lugar. A lo largo del mes que viene, si todo va bien, volveré a publicar aquí de manera regular con mis excentricidades. Para ser un blog abandonado, recibo casi 400 visitas diarias, por lo que os estoy muy agradecido. Y, sin embargo, os quiero pedir un favor no monetario (vamos, nada de pagar). Hace ya año y medio que mi libro «Haz algo diferente» fue publicado en Amazon, y las ventas siguen siendo muy altas para la nula publicidad que le hago. El problema es que la calificación del libro ha bajado mucho desde que he recibido una puntuación de una estrella por ser un libro «machista» y «escrito por un adolescente». Algo que comparto más bien poco en mi condición de escritor para grandes marcas y feminista reivindicativo. El libro cuenta ahora con 3,6 estrellas sobre 5, y mi objetivo es levantarlo con comentarios realistas y sinceros de lectores que hayan disfrutado del libro. Es decir, nada de mentiras y calificativos por ser mis amiguitos en Twitter. Hasta ahora, más de 800 personas han leído el libro, pero tan solo siete de ellos han tomado el minuto que cuesta decir «Este libro me ha gustado porque…». ¿Os animáis? Basta con hacer clic en el enlace anterior  y calificar el libro, y me ayudará muchísimo. Gracias a todos

¿Una ayudita con «Haz algo diferente»?


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Me han cogido en todas las entrevistas de trabajo a las que he asistido, siempre. Y he trabajado para 11 empresas en los últimos 5 años. Actualmente trabajo para tres, a la vez. ¿Por qué empiezo con eso? Pues porque tengo experiencia en venderme y en redactar un currículum bastante bueno. No, perfecto no, pero ya se andará. Hace unos días, de hecho el jueves 24 de septiembre me di cuenta de dos cosas. Lo primero, de que necesitaba una web profesional. Un lugar donde dejar claro todo aquello que he conseguido a lo largo de mi vida (aunque haya sido poco). Lo segundo, que necesitaba mejorar mi currículum. De ahí surgió la idea de crear un blog personal, un CV-Blog donde mostrar mis logros. A pesar de que tenía más proyectos entre manos, la idea me vino como un flash: sin una plataforma profesional me iba a ser mucho más difícil dar a conocer mis trabajos. Es por eso que, para el lunes siguiente, ya tenía reservado el dominio marcosmartinez.me (“me” significa “yo” en inglés) y la web estaba levantada. Pero hasta este viernes pasado no he terminado de dejarla tal y como debe estar. Con esta página he creado un lugar central desde el cuál hacer mis proyectos crecer de manera escalable y de darme a conocer. Un portfolio personal que incluye el currículum, los proyectos en los que estoy involucrado y la experiencia conseguida con el trabajo. De hecho, me estoy planteando ayudar a otros con la experiencia de crear su propia página web. Y tanto es así que he decidido que a las cinco primeras personas que me lo pidan con un comentario voy a ayudarles a levantar su propio dominio web profesional basado en WordPress (esto es condición indispensable porque no soy experto en ningún otro paquete). Espero no solo vuestras demandas sino también vuestras opiniones sobre mi web

Crear un currículum en una web profesional



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imagen: Jesse Bowser (unplash) Hace tiempo que no venía por aquí, y el título del artículo de hoy, de alguna forma, está relacionado con el porqué de esta ausencia. Un motivo de peso es que me tengo que devanar los sesos para encontrar temas que encajen con el blog para mis colaboraciones. Otro, es que he estado liado ultimando la publicación de mi nuevo libro, que es lo que enlaza con el título del artículo y con lo que te voy a contar hoy. Estaba yo pensando a dos bandas en los pormenores de la publicación de Lo poco que sé del misterio, que trata sobre mis experiencias intentando ir a la búsqueda de los fenómenos extraños para comprobar en carnes propias lo real de su existencia, y por otro lado tratando de encontrar tema para post invitado en Pensamiento Lateral cuando, en un alarde de este último, mi selevro dio el chispazo, y se me ocurrió hablar de la aplicación del pensamiento lateral a los fenómenos  paranormales.  Difícil propósito, pensarás, y llevas razón. Habrá quien incluso piense que ‘fenómenos paranormales’ y ‘pensamiento’ son dos términos antitéticos, por pensar que los primeros son una patraña. No voy a entrar en la eterna disquisición. Lo cierto es que, ya los consideremos como mera superstición o como eventos posibles, la época, por su cercanía a La noche de todos los santos / Halloween / Samhain  se presta a hablar de temas misteriosos. Así que ahí va. Pensamiento lateral aplicado a los fenómenos paranormales En este caso, el artífice de dicho logro no es otro que mi señor padre. Es cuestión común entre los padres tener que ayudar a los hijos a hacer frente a sus miedos, sean estos racionales o no (los miedos, no los padres). A mí mi padre me dio un arma que aún a día de hoy conservo, un método para saber cuando estaba ante un verdadero fenómeno paranormal. Es algo así como un Predictor de las apariciones espectrales, si salen las dos rayitas, entonces tienes razones para tener miedo de verdad. Pero es que, demás, aunque un poco absurdo, este método te permite afrontar la aparición del Más allá con humor, lo cual siempre da un valor añadido. La cuestión es simple. Imagínate que estás en casa, por la noche, y ves la silueta de una sombra pasar por el umbral de la puerta. Y estás solo en casa. U oyes ruidos extraños. O un objeto se mueve de forma inexplicable. ¿A quién vas a llamar? ¡Cazafant..! No, no,  que se me va la pinza. Como te iba diciendo, en esta situación en la que comienzas a notar como se comprime tu esfínter, lo que tienes que hacer es algo sencillo. En lugar del proverbial “¿hay alguien ahí?”, haz la siguiente petición: “Si eres del otro mundo, di Pamplona”. Si, para tu desgracia, oyes una voz espectral y cavernosa diciendo “¡Paaaamplooonaaaaa!”,  entonces tendrás la certeza de que te hayas ante un fenómeno inexplicable. Porque sería demasiada coincidencia. Y de paso […]

Cómo detectar fantasmas (el pensamiento lateral aplicado a los fenómenos paranormales)


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Me despierto y plasmo varias líneas en un cuaderno junto a la cama. 100 palabras, quizá menos, quizá más. No las cuento. Las que sí cuento son las palabras que escribo después, a lo largo del día. Cada mañana, antes de salir de casa, creo un nuevo archivo de texto en mi móvil que acabo cerrando por la noche. Tras desayunar, vestirme y lavarme los dientes, salgo corriendo hacia el metro, donde me aguardan los siguientes 23 minutos de mi vida. 23 minutos para escribir en el nuevo archivo creado. Escribir sobre lo que sea, aunque últimamente suele ser ficción sobre el futuro. Escribir por encima de los vaivenes del vagón y del ruido. En este aspecto, los auriculares son esenciales para la concentración. A veces, en lugar de escribir, me limito a leer, lo cual ayuda a la siguiente sesión de escritura. Ésta ocurre tras la comida, en el trabajo. Antes de volver a mis quehaceres, abro el mismo archivo en red (esta vez en el ordenador) y continúo escribiéndolo donde lo dejé. Ya habrá tiempo para corregirlo horas más tarde. De momento, me limito a engordarlo. Finalmente, antes de llegar a casa otros 23 minutos de trayecto me dejan en la que es la segunda sesión del día. Apenas sí ha transcurrido la mitad de la jornada cuando he escrito durante casi una hora. Aún quedan dos horas más por delante. La siguiente suele transcurrir antes de la cena. En ella a veces sigo escribiendo y a veces corrijo o tiro a la papelera lo que he ido plasmando a lo largo del día. Suelen ser más de 3.000 palabras durante todo el día, 1.000 de las cuales suelen ir directamente a la papelera sin demasiada preocupación. Del resto, una vez procesado el texto y almacenado debidamente en la carpeta que le corresponde, restan unas 1.000 palabras. No pocos escritores me han preguntado cómo hice para escribir durante un año entero un artículo diario. La respuesta a esa pregunta es “escribiendo un artículo al día”, una respuesta de pregunta cíclica sin fin. Para ellos, he creado este artículo, escrito en (editado a posteriori) 15 minutos de mi tiempo. Si en 15 minutos de mi tiempo he podido plasmar sin pensar demasiado (son las 18:00h de un domingo y quiero ver Rompe Ralph antes de salir a dar una vuelta esta tarde, y hacer 20 minutos de ejercicio) unas 500 palabras, a lo largo de varias horas diarias se pueden escribir más de 2.000. No digo que todas sean buenas. Es más, la mayoría serán líneas sin ton ni serán borradas. Pero aun conservando un 50% para nuestros proyectos, podremos escribir 1.000 palabras al día. Yo escribo esas 1.000 palabras serias y decentes al día, de las cuales 500 van a parar a los diversos artículos de blogs (incluido el de ING que me reporta beneficio). El resto van a formar parte de los libros que escribo en paralelo. No todos los días escribo el mismo libro, eso me […]

Escribir 1.000 palabras diarias



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Hace un día apacible, el sol sonríe a las nubes blancas y en el telar del cielo predomina el azul. En los auriculares, esa canción que llevabas tiempo queriendo escuchar y sobre la que parece mecerse el mundo al ritmo de tus pasos. Es un buen día. Te han crecido alas y observas el mundo desde todas sus facetas. De un modo extraño, todas te parecen bien, y el mundo es lo suficientemente grande para todos. Junto con el sentimiento de ser invencible aparece una sonrisa, dispuesta en CC0 para todo aquél que desee replicarla. Después, aterrizas de lleno en un cenagal de kriptonita, preguntándote cómo has llegado hasta allí. Has entrado en una estancia, cualquier estancia, y una indescriptible sensación de malestar invade tu cuerpo. Hay algo en el aire, una concentración indescriptible capaz de ocultar los rayos del sol y emponzoñar la cadencia de la música. Huele mal. Muy mal. El ambiente está enrarecido y buscas fervientemente una ventana a la que asomarte. Mierda, el vagón de metro, la sala de reuniones o el aula en la que te encuentras no tiene ventanas. O peor, elementos de características similares pero sin la facultad de ser abiertos descansan sobre las paredes, encerrando el aire rancio de carácter humano. El aire tóxico reverbera y se mueve con mayor frecuencia que si estuviese limpio, atacando a tu cerebro a través del sistema olfativo. O bien la ventilación es escasa, o alguien ha decidido que la higiene personal es algo opcional. Puede que ambos. Instintivamente, subes el volumen de la música con la esperanza de saturar esa parte del cerebro que se encarga del ritmo, retirando los recursos para analizar el poco interesante malestar químico. El olor, la concentración de determinadas sustancias en determinado ambiente, puede ser indicativo del índice de humanidad, un índice que hace llorar incluso cuando estamos felices. Consejos para la humanidad: Ventilar los espacios cerrados al menos una vez al día. Ducharse con una frecuencia no mayor a una vez cada dos.

Sobre el olor: el índice de humanidad


dejar de fumar
  La historia que traigo hoy está muy relacionada con el pensamiento lateral, aunque pueda que sea tan lateral que al final no se entienda. Espero que no. Hoy vengo a presentarte el método zen sicotrópico para dejar de fumar. Sabes lo que es el zen. Contrariamente a lo que dicen muchos no es una religión, es más bien una forma de pensamiento y código de conducta, pero no incluye la adoración a ningún tipo de deidad. Busca educar la mente para trascender la lógica dualista que domina al pensamiento racional, consiguiendo así la expansión de la conciencia, para que esta alcance el Satori, o despertar espiritual, un estado de claridad mental en el que podremos percibir la realidad tal como es, sin filtrarla por nuestra subjetividad y nuestros apegos. En esto pienso que tiene mucho que ver con el pensamiento lateral, pues se trata, no ya de generar una forma nueva de pensamiento, sino, más bien, de alcanzar el no-pensamiento. Pero la aclaración de este concepto la dejamos para otro día, que quizás nunca llegue, porque los propios maestros zen no podrían aclarártelo. ¿Y por qué sicotrópico? Porque te voy a narrar una historia real, pero que al final quedó como una especie de koan. Un koan es un problema que el maestro zen  plantea al estudiante para comprobar si este progresa adecuadamente en la enseñanza zen. Se suele plantear en forma de un poema o cuento que narra un acertijo aparentemente absurdo e ilógico. Para resolverlo, el estudiante tiene que trascender el pensamiento lógico racional dualista y guiarse por su intuición, consiguiendo un estado de conciencia expandida. Un tema, vamos. Y esta experiencia-koan fue fruto de la ingestión de una sustancia sicotrópica. El ¿koan? Un sujeto, llamémoslo Jinglor, por llamarlo de algún modo, vaya, decidió tomar setas mejicanas en la sala de estar de una residencia de estudiantes, junto con 3 amigos. Después de perderse intentando ir a su habitación, sentir que no podía salir de la sala de estar porque había entrado en bucle que le impedía dejar de levantarse del asiento y volverse a sentar, como si fuera víctima de un maldición formulada por Teresa Rabal, y de ver en la ceremonia de los Óscar a Nicole Kidman con cara de gato, alcanzó un estado súbito de conciencia expandida mientras uno de sus compañeros de viaje se encendía un cigarro. –Ahora lo tengo –dijo con cara de asombro, como si el mismísimo Buda le hubiera enseñado la chorra. –¿El qué? –le preguntó su interlocutor con voz pastosa. –Si quieres dejar de fumar, tienes que comprar cigarros sin boquilla. –¿Cóooomo? –Sí, un cigarro que se encienda por los dos lados, así no te lo puedes fumar, porque te quemas los labios. En aquel momento a Jinglor le pareció que había accedido a una gran verdad. Para él tenía mucho sentido. ¿Había accedido Jinglor a un estado de conciencia expandida, o los monjes zen piensan como un juerguista narcotizado? ¿Es este otro koan? Cuéntame tu opinión en el hilo […]

El método zen sicotrópico para dejar de fumar



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Por turnos, las fichas de madera se desplazan por el tablero. Por turnos, van cayendo. Cada par de jugadas despeja un poco más un campo previamente saturado. Por turnos, se acercan las unas a las otras para masacrarse entre sí. Las fichas, dispuestas con simetría en un inicio,  bailan caóticamente ordenadas por el tablero. Pero este tablero carece de límites, y es ahí donde el juego difiere del ajedrez. Sin límites, las piezas tienen la habilidad de huir ad infinitum, escapando de sus cazadores a los que dejarán atrás. O, al menos, lo intentan. Hace tiempo que juego al ajedrez despejado, un juego en sincronía con la idea del espacio einsteniano, en el que la materia del espacio (piezas de ajedrez) deforman el espacio en sí mismo (tablero). El ajedrez despejado tiene exactamente las mismas reglas que el ajedrez normal, y estas aparecen dispuestas en el mismo orden que en el tablero original, con alguna salvedad: Las celdas son , del mismo modo, fichas que se pueden mover, y aparecen en una cuadrícula de 10×10 en un inicio (en vez de las 8×8 convencionales). Se establece la diferencia: fichas para las celdas y piezas para las figuras clásicas. Cuando una pieza del tablero (una pieza de las clásicas) quiere avanzar a una casilla fuera del 10×10 original, solo tiene que situar más fichas fuera, creando más superficie de juego. Pero no se puede hacer un tablero infinito, de este modo, la tercera regla del ajedrez despejado establece que ninguna pieza podrá desplazarse de modo que quede a más de 11 celdas de radio de alguna de las otras piezas dispuestas ya en el tablero. Pronto el tablero se combará bajo el peso del movimiento. En el tablero inicial, una diagonal mide 8 celdas, y es lo más alejadas que están unas piezas de otras. En el ajedrez despejado, cada pieza no solo estará limitada por su movimiento natural, sino que, además, estará limitada por la posición del resto de piezas a lo largo de un tablero cambiante. Un tablero que, además, puede simular persecuciones. Si, por ejemplo, al final quedan un par de piezas por el tablero, éstas podrían correr la una a por la otra en una persecución sin límites en la que el tablero “crecería” hacia el lado del avance y “decrecería” por el otro extremo. Pero siempre manteniéndose (como máximo) en una longitud de 11 celdas. La idea del ajedrez despejado nace de la idea que Einstein nos dio sobre cómo influye la materia sobre la forma misma del espacio. De este modo, las fichas representan la materia que, moviéndose, deforman y crean el espacio (las celdas). Además, existe una atracción de todas las piezas entre sí basada en la mecánica newtoniana, de modo que no pueden alejarse de manera indefinida. Esto genera agotadoras partidas de semanas de duración, por supuesto, pero se trata de hacer algo diferente… y de ganar. Y a ti, ¿se te ocurre ampliar un juego clásico con física teórica?

El ajedrez despejado


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  Como ya te comentaba en la primera parte de esta serie de artículos, considero que la serie Los Simpson es una genialidad, de la que se pueden extraer lecciones vitales aplicables a la vida diaria. Así que hoy te traigo Filosofía simpsonística 2: Hi-po-po-tamooooooooooohhhhhhhhh En el caso de hoy haré referencia al capítulo en el que Homer quiere construir una barbacoa de ladrillo. Al final, por supuesto, el amago de bricolaje acaba en desastre, pero el engendro que monta es confundido por una tratante de arte por una obra de arte moderno. Aparte de esta sutil crítica al mercado del arte, la lección que extraje yo del capítulo fue la que te expongo a continuación. El desencadenante de la decisión de Homer para comprar la barbacoa es un anuncio de teletienda en el que se habla de dicho artículo y en el que se enumeran sus virtudes. Homer, como buen lerdo que es, cae hipnotizado por la cháchara marketiniana y su cerebro se decide del todo cuando el presentador del producto enumera los platos que se pueden cocinar en la barbacoa, para culminar diciendo: “Y podrá cocinar un hipopótamo”. En ese momento el cerebro de homer hace catacrocker, y comienza a salivar con la lengua fuera mientras exclama: —Hi-po-po-tamooooooooooohhhhhhhhh Es ese instante de máximo deseo, esa manifestación inimitable del apego o anhelo por algo, el que se grabó en mi cerebro. Desde entonces, esta exclamación se ha convertido en una clave perfecta para expresar de forma críptica que algo le gusta a uno mucho, a fin de que solo unos pocos iniciados lo entiendan. Por ejemplo, si estás con tu parienta y pasa una tía buena, siempre puedes decir Hi-po-po-tamooooooooooohhhhhhhhh… para expresarle a tu colega que consideras que es una mujer muy atractiva, sin que tu pareja te mida el lomo. Otra gran virtud de esta exclamación es su capacidad de síntesis. Tienes mucha hambre, alguien te pregunta si te apetece comer X o si prefieres otra cosa. No es necesario dar más explicaciones, con un simple Hi-po-po-tamooooooooooohhhhhhhhh… dejas claras tus preferencias en cuestión de segundos. Así que ya sabes, si este artículo te resultó Hi-po-po-tamooooooooooohhhhhhhhh… (cosa que francamente dudo) te invito a hacérmelo notar en el hilo de comentarios o a compartirlo en las redes sociales, para que otros puedan salivar mientras fantasean con degustar a tan exótico animal.

Filosofía simpsonística 2: Hi-po-po-tamooooooooooohhhhhhhh



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Antes de que quisiera darme cuenta estaba en un espacio oscuro rodeado de otros como yo. Ninguno sabíamos lo que estaba ocurriendo, pero fuese lo que fuese no pintaba nada bien. Pasados unos minutos los más expertos empezaron a especular acerca de lo que podía ocurrir. Algunos ya habíamos oído historias, sin embargo, nos negábamos a pensar que pudiésemos estar destinados a tan cruel destino. En el exterior empezaron a escucharse voces seguidas de carcajadas y pisadas que nos rodeaban una y otra vez a una velocidad vertiginosa. Podía tratarse de dos o de cientos. De pronto, el pequeño espacio en el que permanecíamos retenidos se abrió y a base de golpes acabé cayendo sin remedio. Intenté rodar todo lo que pude para refugiarme. Si podía permanecer el tiempo suficiente oculto quizá evitaría ser devorado.

Adivinanza


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Ser verde mola. Lo que antes era el referente perroflautista del que no tenía medios económicos para vivir, ahora es el santo grial de ese conjunto de la población que trata de diferenciarse de los demás haciendo exactamente lo mismo que los demás. Y el reciclaje ha dado fuerte últimamente. Por eso puedo afirmar sin temor a equivocarme que ser verde, hoy, mola. Pero, claro, no podría ser un blog sobre hacer algo diferente si no reciclásemos aquí materiales poco convencionales. Y ese material son las ideas. Hace poco, Cris, colaboradora del blog, se planteó volcar aquí determinados contenidos de un blog que tiene y que, por motivos que ella misma os explicará mañana, dejará de publicar sobre él. Pero eso una lástima que contenido provocador como el que ella escribe quede en el olvido, y Cris tendrá dos pequeñas secciones dentro de este blog, reciclando sus artículos que ya gustaron en ese blog anterior, y trasladándolos (gracias de nuevo, Cris) a este pequeño espacio que hace ya un tiempo he dejado de considerar personal.

Reciclemos blogs juntos



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Quizás el título de este post os parezca exagerado, pero para mí es la misma exageración que decir que es posible perder 10 kg en una semana de manera sana y sin esfuerzo. Explicar que tener un cuerpo diez es una mezcla entre genética, constancia, comida sana, ejercicio, persistencia, más ejercicio, más esfuerzo, y más constancia no vende, así que algunos anunciantes de ciertos tratamientos estéticos o fármacos para perder peso usan reclamos publicitarios más llamativos pero que para nada se ajustan a la realidad.   Y yo me pregunto: ¿Por qué no se persigue este tipo de prácticas fraudulentas y desleales? A mí no me afecta ver a una modelo de 40 años que parece una chiquilla porque sé que tiene más photoshop encima que el mismo programa en sí. Pero hay gente influenciable, y con ello me refiero especialmente a esos adolescentes que aún no tienen debidamente formada su personalidad, que pueden llegar a creerse esas cosas que ven, precisamente porque lo ven con sus propios ojos; para luego llegar a hacer auténticas locuras. Porque si pensáis que meterse el cepillo en la garganta para vomitar es algo que se puede solucionar sin más, dejadme deciros que, en cuanto a salud, normalmente los problemas de hoy serán los achaques de mañana. Y vosotros, ¿cuántos anuncios de estos habéis tenido que soportar? ¿Me dais algún ejemplo?

Adelgaza 15 kg en 7 horas


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Os voy a invitar a que colaboréis en este curioso pero intrigante juego. Quiero que repitáis, lo más rápido que podáis y en voz alta, una serie de cosas que os voy a poner a continuación. Acto seguido os haré una pregunta y deberéis responderla a la mayor brevedad posible.  ¿Listos? Pues allá vamos. Repetid conmigo: 2 22 222 2.222 22.222 222.222 2.222.222 Y ahora decidme una fruta. (…) ¿Ya? El 99% de las personas a las que les he hecho este juego han pensado en “una pera”, lo cual me parece asombroso. Conozco también otro juego que consiste en hacer preguntas absurdas absurdas que descolocan y luego pedir que nos digan una herramienta y un color. La mayoría de las personas que han participado han dicho “un martillo rojo”. Y después de estas cosas que a priori parecen absurdas una se pregunta si nuestro cerebro puede estar, en alguna medida, programado. ¿Somos tan libres cómo pensamos? ¿Cómo podríamos no serlo? Me gustaría saber qué opináis vosotros. Yo, de lo único que estoy segura, es de que las casualidades no existen.

¿Estamos programados?