Categoría: RETO MENTAL


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Acepto el reto de Adella Brac sobre el relato en 5 líneas que incluya las palabras nunca, momento y cerrando. Aquella ventana, representada ante mí en forma de reloj, menguaba segundo a segundo, cerrando cualquier posibilidad que en algún momento tuviese a unos pocos minutos que, aun así, disminuían. A cada tic, la posibilidad de que aquél fuese el momento de actuar decrecían, y yo entraba en pánico tan solo de pensar en hacerlo. Viernes, de nuevo, minutos para acabar su jornada, y parecía que nunca fuese a ser capaz de decirle algo. Gracias a Adella por la propuesta

Nunca, momento, cerrando


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Se lo traga todo cuando menos te lo esperas; o lo devuelve, y ya no sé que es peor. Por mucho que le insisto en que haga las cosas bien no me hace caso, cuando estás desprevenida te da una puñalada por la espalda. Es más falsa que los billetes de tres euros y no la soporto. La tengo todo el día detrás, pegada a la nuca, haciendo ruiditos horrorosos. Por mucho que me diga, por muchos mensajes que me deje una y otra vez no la entiendo y me pone de los nervios. En ocasiones me escupe, es muy asqueroso y no se quita de la ropa, así que me da muchísima rabia. Pero tengo que soportarla, todos los días laborales, no me queda de otra. Otro texto de esto tan interesante que es el pensamiento lateral y otra vez que os pido vuestras opiniones. ¿De quién estoy hablando? Como siempre, la solución la pondré en los comentarios dentro de unos días, pero hasta entonces, ¡a participar!

Se lo traga todo



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Hola a todos: Muchos me conocen como la chica de los “biquiños” porque siempre acabo mis comentarios tirándolos al viento. Para otros soy la chica del abanico, pues en mi foto de perfil me oculto tras uno. ¿Sabíais que las posiciones de los abanicos conforman un lenguaje propio y singular? En este caso, ponerlo tapando la cara desde la nariz a la barbilla significa: “si me voy, sígueme”. Y aquí estáis: los que me conocéis venís tras la pista que os he dejado en mi blog; y los que no, os encontráis ahora mismo siguiendo mis líneas, al menos hasta aquí. Y siguiendo un poco más he de contaros que Marcos, el administrador de este blog, me ha invitado a unirme a su equipo y colaborar con algún artículo, algo que me apetece mucho y por lo que aprovecho para darle las gracias. Y qué mejor manera de empezar que honrando el nombre de este blog, así que aquí os traigo un problema sobre pensamiento lateral. Lo que quiero es que os metáis en situación, imaginaos la escena que os voy a contar y decidme de qué creéis que estoy hablando. Estoy segura de que os resultará fácil, ¿o no? Empecemos… Daba vueltas y más vueltas como siempre que encontraba un rato libre que no sabía en qué emplear. Iba allí porque al menos me resguardaba de la lluvia y no estaba sola. Pensaba que los peligros sólo acechaban en la oscuridad de la noche pero un sitio con tanta luz también podía mostrarnos las cosas más horripilantes, y con más claridad. De repente lo vi, como si me encontrase mirando a través del cristal de un televisor, había perdido la cabeza, ¿por qué nunca presenciaba el momento exacto en que se la arrancaban? ¿O es que todos estaban faltos de ella? No lo sé. Creo que una vez que la perdían tampoco podían recolocársela; da igual, le pasaba a muchos. Lo curioso de hoy es que también había perdido un brazo, pero este sí se lo estaban poniendo en su sitio. Y hasta aquí el problema de hoy. Yo no quiero saber qué es lo que ve el narrador de esta historia, sino lo que ves tú al leerla. ¿Te animas a contármelo? Mi respuesta la pondré en los comentarios, después de ver los vuestros. Así que… ¡a participar!

Hola a todos


Bacterias trabajando
Me hace gracia eso de que estamos destruyendo el planeta. Porque no es verdad, el planeta y toda la materia que contiene estarán aquí muchos miles de millones de años más. Por lo menos cinco o seis mil millones de años. Lo que nos estamos cargando es un sistema de relativo equilibrio que, sin nuestra ayuda, sin duda algún día dejará de existir. ¡Lo que estás destruyendo es una serie de ecosistemas! Y bastante endebles, en realidad. La vida Hace cuatro mil quinientos millones de años la Tierra, como sólido en el espacio, apareció, fruto de una infinidad de pequeñas rocas vagantes dentro del Sistema Solar. La vida comenzó hace cuatro mil millones de años, apenas quinientos millones de años después de que el planeta pudiese llamarse planeta, y no “un montón de trocitos dispersos de algo”. Sobre si la vida vino de fuera (panespermia) o evolucionó aquí mismo no hay consenso. Por un lado está el hecho de que 500 millones de años es poco tiempo como para que evolucione algo tan complejo como la vida, sobre todo si el 99% de ese tiempo la Tierra era una bola de fuego. Y por el otro lado está el hecho de que resulta difícil imaginar haber sido colonizados por trazas de vida de otro sistema solar (aunque a día de hoy sea la teoría más probable). Si te estás preguntando cómo es posible, piensa qué ocurriría si la Tierra es golpeada por un meteorito de esos que parten planetas en dos, y miles de millones de trocitos terráqueos fuesen lanzados al espacio. Con que uno de ellos portase aminoácidos capaces de formar vida en un futuro y cayesen en un entorno medianamente favorable, la vida volvería a surgir. Obviamente para que la panespermia tenga algún sentido, la vida ha debido evolucionar en un planeta (pero en más tiempo que 500 millones de años). De hecho en 1969, en Murchison (Australia), un meteorito de un olor espantoso entró en la atmósfera. Resultó tener 4.500 millones de años (igual de viejo que la Tierra) y contenía 74 tipos de aminoácidos diferentes, de los que ocho eran idénticos a los que en la Tierra habían dado origen a la vida. Lo más divertido es que, años más tarde, se descubrieron también cadenas complejas de azúcares en los meteoritos. Se habría pensado que se trataba de contaminación por parte del personal del laboratorio, pero es que resulta que esos azúcares no existen en la Tierra. Este planeta es de las bacterias No te equivoques, las bacterias llevan aquí mucho más tiempo que tú, que yo y que todos los animales pluricelulares. Las bacterias surgieron en la tierra (mediante la agrupación de aminoácidos en proteínas y éstas en bacterias) 50 millones de años antes de que la Tierra se solidificase. Créeme, es un logro cuyo calificativo científico es “acojonante”. Imagina que tienes que sobrevivir en un lugar donde, cada poco, tu charca se convierte en un hervidero en segundos, explota y tanto tú como tu […]

Deja de preocuparte por el medio ambiente. El planeta de las bacterias



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Buenos días (empiezo bien porque luego, cuando me lancéis sillas a la cabeza por contaros este rollo tan aburrido, el haber sido majete al principio igual me libre de uno u otro sillazo. Este artículo nace como contestación a un comentario de Erik Espinosa a un comentario mío de un vídeo de Youtube. Resulta que OpenMind, una web que me encanta y que incorpora artículos científicos modernos a su base de datos, publicó un vídeo en el que se ve (incluyendo errores incomprensiblemente graves) cómo se creó el universo. (El universo es ese lugar donde vivimos los que vivimos). Lo cierto es que el vídeo merece la pena por varios asuntos: la animación lograda y la música que acompaña. El caso es que me disponía a comentar a su comentario de un modo totalmente inocente, como acostumbro a hacer en Internet, cuando se me ha ocurrido: Oye, el texto va a ser más bien larguillo e igual puedo utilizarlo a modo de artículo dado que encaja muy bien con esa dinámica que tiene el Pensamiento Lateral de verlo todo desde una posición diferente. Eso y que hoy tendré un RT más, ¿no? Va, Erik, enróllate un poco El caso es que en este vídeo se muestran los electrones como preciosas bolitas brillantes que giran en torno al núcleo atómico. Algo que se nos enseña desde párvulo, pasando por naturales, física básica y física en la universidad. Y, claro, es arrastrado como concepto a lo largo de todas y cada una de las películas y documentales, siendo totalmente falso. De hecho, comenté: Y los electrones no son bolitas girando, sino destellos orbitales de probabilidad, una masa nubosa que se condensa, un estado vibracional que solo toma forma cuando copapsa su función de onda y es observado. Y, creedme, en ese momento no “gira” alrededor del átomo. E hice referencia al artículo que escribí en La Piedra de Sísifo llamado “La nada está más llena de «algo» de lo que parece“. Como el artículo y el tema es un cacao bastante serio, Erik me preguntó hace un par de días con un comentario: Este es un tema tan complejo que no me cabe en la cabeza. Me gustó el comentario, aunque es difícil de tragar, pues necesito explicación con plastilina… ¿En qué momento lo que sea que está hecho (la energía, la onda), hace lo que hace para crear materia? Pues no os voy a decir que la respuesta vaya a ser fácil o satisfactoria. Pero va a ser sincera, y, de momento, científicamente aceptable. Antes de nada, decir que es la teoría más plausible y defendida, aunque no universalmente comprobada. No obstante, no tenemos otro modo de explicar la materia y las cuatro fuerzas básicas, de modo que, de momento, tendrá que valer. Al menos hasta que descubramos algo nuevo que nos diga si teníamos razón o, por el contrario, estábamos equivocados. ¿Qué es eso de una vibración? El problema de las vibraciones que conoces es el siguiente: ocurren al energizar materia. […]

La materia es porque vibra. Y más nos vale que no se pare


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“Buenos días, me llamo Pedro, tengo 76 años y no voy a volver a subir más de dos o tres metros nunca más en lo que me quede de vida. Siempre estaré en la cota 656, hasta que me muera.” No, no es un diálogo real, pero podría ser el trágico final de cientos de miles de personas tan solo en nuestro país. Y esto no se extiende solo hasta los más ancianos, sino a miles de personas más cuya movilidad es prácticamente nula. ¿Quiere Marcos deprimirnos? No, tranquilos, ahora viene la parte bonita de esta entrada. Porque esto se me ha ocurrido la noche del jueves, víspera de irme de viaje a Portugal, pensando en lo que sería no moverme más de una habitación o de una residencia, atrapado entre cuatro paredes para, quizá, toda una vida, o parte de una al menos. Es por eso que os animo a caminar todo lo lejos que seáis capaces de llegar. Aunque tengáis que arrastraros por el suelo, coger polvo, que os duelan las piernas, pillar insolaciones y una infinidad de penurias más. Porque cuando seáis Pedro (y nos acabará pasando, con suerte, a todos) querrás mirar la habitación y decir “Bueno, he estado lo bastante lejos como para no necesitar moverme mucho en los próximos años. Esta entrada es cortita, pero es que estaré visitando Lisboa cuando salga

Cota 656



Recreación histórica
Desde que el hombre es hombre y descubrió que podía mutilar su cuerpo realizando pruebas de esfuerzo que, evidentemente, exigirían de él uno o dos miembros, se ha lanzado a superarse a sí mismo. Y he puesto hombre por la sencilla razón de que cualquier mujer de la Tierra es, al menos, lo suficientemente inteligente para decir en su momento: “Querido Juan Sebastián Elcano, yo si eso te espero en casa”. La historia de las superaciones es, sin duda, una divertida historia de mutilaciones propias de perturbados mentales. Memorables perturbados mentales, para hacer honor a su memoria. En el presente cogemos sus fotografías de época y las situamos en los libros de nuestros hijos junto a frases elocuentes probablemente fruto de deformaciones a lo largo de los siglos. Un poco como eso que se atribuye a Maquiavelo de “El fin justifica los medios”, discutida hasta la saciedad y que cualquiera de los grandes hombres que presentaré hoy defenderá incluso con la vida de sus hijos, que Maquiavelo nunca llegó a decir en ningún momento. Pero, al igual que alteramos la historia a nuestro beneplácito, como hombres (y quiero recalcar que las mujeres realizan tareas más inteligentes, como por ejemplo ignorar a los hombres cuando se les ocurre una de estas ideas geniales y dejar que se maten solos) necesitamos alterar la historia con nuestras superaciones personales. Uno de los records memorables que hay que destacar es el que consiguieron Barton y Beebe en junio de 1930. Por aquél entonces eso del submarino de profundidad era un sueño, y lo más parecido eran los barquitos de madera con los que los niños jugaban en los ríos. Barton y Beebe, ambos dos hombres aventureros donde los haya, decidieron usar su fortuna y su fortuna (los dos tipos, de hecho) para construir el primer submarino de la historia y bajar a 183 metros. El que submarino esté escrito en cursiva es, más que nada, porque se trataba de una enorme lata de hierro colado de casi 4 centímetros de grosor con la misma maniobrabilidad que una piedra. En 1934 lograron llegar a los 900 metros de profundidad, marca que tendrían hasta pasada la Segunda Guerra Mundial, y que los libros de historia constatarán durante siglos. Resulta evidente que el peligro de muerte por presión, rotura del fino cable que sujetaba el submarino o la muerte por envenenamiento con nitrógeno son minudeces para aventureros hechos y deshechos. Pero lo cierto es que se trataba de poco más que una lata de acero. Los que de verdad molaron fueron un padre y un hijo, ambos de apellido Picard, y llamados Auguste y Jacques. Si Barton y Beebe no tenían ningún aprecio por sus integridades físicas, lo de Auguste Picard era poquito menos que el suicidio ajeno de su propio hijo. Lo usaba para todos los experimentos de una máquina que se encuentra en la antesala del submarino llamada batiscafo. Lo cierto es que solo subía y bajaba, pero lo hacía tan bien. Y, tan bien lo hacía, que […]

La vuelta al Sistema Solar en 80 días


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Hace unos años una profesora nos hizo esa pregunta en clase, cuál era nuestro nivel de fuerza de voluntad. Adelanto que suele depender en qué ámbito la desarrolles. Por ejemplo soy capaz de ponerme delante de una bandeja de polvorones y no dejar ni uno solo, aun a pesar de ser alérgico al sésamo tengo una voluntad férrea de desafiar a mi organismo y comerme diez de una tacada. Es un modo de ver la voluntad. Claro, que suele referirse el término a aquellas tareas más bien desagradables que no tenemos mucha intención de realizar, o a la no-realización de las agradables. Vamos, dicho de otro modo, tener voluntad es joderse uno a sí mismo adrede (golpearse el meñique contra un mueble no cuenta). En esa línea, la profesora nos contó un ejercicio para reforzar la voluntad que me impactó en cuanto lo escuché, y he de decir que es una de las profesoras más desagradables (en todos los sentidos) que he tenido, y el respeto que siento hacia su calidad de enseñanza es negativo. No obstante un día contó algo interesante en clase de historia, curiosamente de una vida privada por la que nadie había preguntado. Comentó una tarea que solía repetir cada noche para tener presente su capacidad de aguante y voluntad. Tengo que admitir que su entrega como profesora lamentable fue absoluta, tanto que nunca llegaron a apartarla de los alumnos, que habría sido la solución lógica a notas de selectividad que empeoraban año tras año. La tarea en cuestión consistía en levantarse en mitad de la noche (cuando tienes sed, ganas de mear o de mear gordo, o quieres ver qué hora es. Te levantas, vas hacia el extremo más alejado de la casa, te quedas cinco minutos de pie y, cuando se haya acabado ese tiempo, puedes volver a la cama. Sin duda un ejemplo mucho más difícil que salir a entrenar a diario, cuando estás a gusto a las tres de la mañana en la cama. Y tú, ¿tienes esa fuerza de voluntad?

¿Qué nivel de fuerza de voluntad tienes?



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La inmortalidad a nivel científico ha sido objeto de estudio por parte de los humanos desde que se dieron cuenta de que eso de los dioses no olía muy bien, y que desde el otro lado ni se escribían cartas ni se mandaban telegramas. Si hay vida después de la muerte, la señal del móvil debe de ser una auténtica mierda. Así que la gente empezó a cuidarse, por aquello de intentar vivir más sobre la Tierra, no vaya a ser que luego no haya nada. Y lo hemos conseguido: hemos llegado a edades de 100 años sin demasiados problemas, no cuidándonos mucho y con un par de conflictos bélicos de por medio (porque los que hoy tienen 100 años las han pasado putas en su vida). Así que es muy probable que nuestro límite esté algo por encima de esa cifra, quizá incluso en el doble. Lo cierto es que no se sabe, nunca nos habíamos cuidado tanto como hasta ahora, y serán necesarias varias generaciones de sosiego (si es que lo conseguimos) para ver hasta cuándo conseguimos llegar. Pero no deja de ser una auténtica mierda que nos gane a este juego prácticamente cualquier otro sistema vivo. Sin ir más lejos, las lentas tortugas son capaces de vivir ciento cincuenta años sin demasiado problema (salvo que seas de esas especies que viven poco). Aunque por suerte somos la envidia de casi todo el reino mamífero, y si seguimos cargándonoslo, igual somos los únicos que llegan a 100 años sin mucho esfuerzo. El problema y la envidia aparecen a nuestro alrededor con células unas cuatro veces más grandes que las nuestras. Me estoy refiriendo a las plantas. Las plantas, o vegetales para ser más formales, tienen una longevidad que ya quisiéramos. Un pino, de esos que has visto miles de veces en tu vida, puede llegar a los 500 años sin más esfuerzo que estar ahí quieto. Es decir, cinco veces más que la mejor esperanza de vida, y con mucho menos riesgo de atropello. Una secuoya puede vivir unos 4000 años, pero aún se queda corta con respecto al ser vivo más grande del mundo. Se trata de una colonia de clones surgidas del mismo árbol y comparten raíces: el Pando. El Pando tiene 80.000 años y un peso de 6.600.000 kg. Este superorganismo ha vivido lo que 800 personas puestas en fila (lo que supone más de 2500 generaciones), y no tiene visos de dejar el mundo. De modo que toda tu vida es un puf de este gran ser vivo. Pero si todavía no te estás viendo suficientemente pequeño, sigo. Aunque voy a hacer un pequeño salto de sistemas vivos a sistemas vivientes como las montañas. Vale, las montañas no se reproducen, pero casi todo lo demás que hacen los seres vivos lo acaban por hacer los montes. Un monte pequeño, como cualquiera que tenga un kilómetro de altura, necesita varios millones de años para llegar a esa cota. Varios millones de años. Un millón de años son 10.000 vidas […]

La vuelta de tuerca de la longevidad


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Hace tiempo me hicieron una pregunta que, bien mirada ahora suena bastante absurda. Me preguntaron, de forma retórica, qué ocurriría con la vida del encuestador si le echaban de la empresa. En aquél momento no supe sacar palabras de consuelo, y he de decir, en favor de esa persona, que aún no le han despedido. Aún. Lo cierto es que no me extrañaría que cualquier día me llamase (o más bien me mandase un texto por whatsapp comentando la trágica noticia: “Marcos, estoy en la calle.”. Llamémosle Paco. Paco no iba a quedarse en la calle ni para atrás: tiene una casa pagada sin hipoteca, no tiene hijos y su pareja trabaja. Paco en realidad no tiene ningún tipo de problema con su empresa, que lo valora y se fía de él. Tiene algún dinero ahorrado, no mucho pero sí para sobrevivir unos cuantos años de asilo. Lo peor que le puede pasar a Paco definitivamente no es quedarse sin trabajo, eso sería (a estas alturas de su vida) un inconveniente. Pero Paco vive acojonado perdido, con un miedo al miedo atroz y del todo irracional. La idea de poder perder el trabajo le está consumiendo el cerebro por dentro, y no le suelta ni a la de tres. Está más preocupado por lo que podría pasar que por lo que le está pasando. He empezado diciendo que en aquél momento no tenía palabras para su pregunta, pero ahora, tiempo después, sí las tengo, y se las comenté ayer por la tarde entre risas (las mías). ¿Qué ocurre si le despiden? Nada. Bueno, que dejaría de madrugar durante una temporada, claro. Pero no se moriría, ni se quedaría sin casa o sin comida. De hecho estoy seguro de que encontraría trabajo pronto. Hay personas que se las ve totalmente capacitadas para ello aunque ellas mismas no sepan observarlo. Le comenté algo que oí en una charla hace poco: ¡El 99.99999% de la población no tiene tu puesto laboral y vive! Luego hay vida fuera de tu trabajo! Preocuparse, aun en las condiciones de Paco, por conservar o no un trabajo, es un poco estúpido. Si te verdad tienes dudas de si podrías perderlo no te quedes quieto: ponte a buscar como si tu vida dependiese de ello. Pero si aun despidiéndote eso no supone un problema para tu nivel de vida, entonces preocuparse no merece la pena. Los seres humanos nos pasamos la vida preocupados por sucesos que no han tenido lugar nunca y que es muy probable que nunca lleguen a ocurrir. ¿Habéis visto alguna vez a un perro triste? Supongo que en algún vídeo sobre violencia contra los animales, porque dentro de una familia los perros son lo más feliz del mundo: se preocupan por lo que tienen delante. No se complican la vida con cavilaciones futuras que pueden o no ocurrir. Si les lanzas la pelota corren tras ella, pero no se ponen a buscar una pelota que no has lanzado. Sin duda debemos estudiar mucho más […]

Los perros optimistas viven más años



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Como sabéis los que me leéis a diario he tenido muchísimas ideas malas a lo largo de mi vida, todas y cada una de ellas peores que la anterior. Por supuesto esto no ha supuesto ningún tipo de inconveniente para ponerlas en práctica. La gente a menudo me dice “no sé cómo puedes escribir tanto, yo no tengo ideas”, a lo que respondo que no, que ideas tiene, pero que no las desarrolla, y al no hacerlo las ideas que sigue teniendo son igual de lamentables cada semana. Todo el mundo tiene ideas, es un hecho. Si eres un ser humano (no se considera ser humano si ha salido alguna vez en Sálvame) eres un generador natural de ideas. Dentro de tu cerebro un millón de procesos electroquímicos ocurren a cada segundo. Cada varios miles de millones una neurona vibra de modo tal que otra de ellas la sigue, generándose un efecto cascada similar a un Trending Topic: el resto de neuronas acompañan el impulso eléctrico desde la neurona generadora, alterando el mensaje inicial, que cambia otros miles de millones de millones de veces. Y es en ese momento en el que tú abres mucho los ojos, sonríes, te excusas y te levantas corriendo para ir al baño a cagar. Ocurre todos los días (con suerte), y como esto ocurren otras decenas de procesos: deseo, aprendizaje, comprensión, interiorización, disputas dialécticas, entendimiento, generación de estrategias, ideas,… El problema es que el 99.99 % de las ideas que tenemos a diario son una mierda. Yo, casi de manera semanal, tengo una idea maravillosa que va a cambiar mi vida y me va a catapultar a la riqueza. En ese momento la escribo en un folio (o diez) analizando los pros y los contras, lo que cuesta en tiempo y dinero, a dónde me puede llegar, qué necesito, qué puede darme, los pasos para conseguirlo,.. Básicamente redacto un pequeño informe operativo que leo a la semana o al mes, llamándome gilipollas como poco, porque esas ideas no es que sean malas, es que son de las que te pueden arruinar la vida de un modo estrepitoso si las pones en práctica. No obstante pierdo/invierto mi tiempo en redactarlas y darme cuenta de dónde están los fallos, qué puedo mejorar, qué cambiar, qué tirar directamente a la basura, etc. Por ejemplo llevo casi siete años construyendo la línea argumental básica de una novela que me temo que tendrá cerca de seis tomos bastante gorditos, y escribiéndola. Tengo cientos de páginas y más o menos la misma cantidad de esquemas, pero sé que como está no gustará. Como está es una mala idea, y puede ser mejorada hasta una novela de verdad. Es por eso que cada poco la guardo en un cajón (y en un cajón virtual) y paso de ella, la olvido y sigo con otras cosas. Y cuando se me ocurre una idea miro a ver si puede ser incorporada, si la novela resulta coherente con esa nueva aportación. Suele ser un […]

Las ideas malas nos acercan a las buenas


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Que la humanidad esté buscando siempre nuevas formas de matarse brutalmente es maravilloso. Definitivamente somos una de las especies más divertidas. Dejando claro varios puntos, como son el hecho de que toda la vida grande (de insectos para arriba) en la Tierra es puntual y que la vida no necesita ser más que una bacteria, estamos consiguiendo una tasa de jolgorio admisible al precio que acabaremos pagando. Ya desde que el ser humano nació como tal no pudo dejar de observar que era increíblemente más fácil asesinar brutalmente y con saña a alguien que se encontraba por debajo de ti. Y me refiero a literalmente bajo tu persona. Esta técnica se usó no solo para la caza, como cuando cazábamos grandes mamíferos desde riscos lanzándoles piedras, sino también con familiares molestos, a los que cazábamos desde riscos lanzándoles piedras. El ser humano ha usado desde que inventó la estrategia el beneficio de la altura. Cuanto más alto me pueda poner para lanzar un objeto mortal, mejor. Y esto se ha extendido generación tras generación. De hecho en la época del nacimiento de la democracia en el mundo también se tenía esto en cuenta, y una infinidad de catapultas y ballestas eran empujadas a la loma más alta antes de una batalla para aplastar a mucha gente después. Fue en ese momento en que la humanidad se dio cuenta de que con una misma piedra podía matar un mogollón de personas, momento a partir del cual se buscaron tres aspectos fundamentales: el sitio más alto, el objeto más mortal y el más grande. Cuanto más grande, más mortal y más alto, mejor. Siglos después, y en un alarde de imaginación, inventamos el globo, invento que nos ayudó a subir un montón de cosas divertidas como mazas, bolas de cañón y sacos de pulgas (no, no es coña, se ha llegado a atacar al enemigo usando estos parásitos). De hecho la humanidad, en su curiosidad, se preguntó qué pasaría si se batían dos combatientes en un duelo sobre globos aerostáticos. La idea era dispararse a mucha altura sobre París, de modo que dos globos, con dos oponentes y sus correspondientes padrinos, se elevaron en 1808. Ambos bajaron, pero lo que pasó es que uno de los duelistas fue más listo que el otro, y disparó a su globo. Esto resultó como uno se espera que resulte: el otro duelista y su padrino bajaron mucho más rápido que el oponente, matándose en el último tramo (conocido como tramo del suelo). Lejos, muy lejos de aprender absolutamente nada sobre civismo, Estados Unidos y Rusia se enzarzaron en una absurda guerra fría a modo de carrera armamentística espacial tras la carrera espacial propiamente dicha. El objetivo de ambas superpotencias era la de llenar el espacio (no el cielo, sino el espacio) de un montón de bombas nucleares como elemento disuasorio ante una posible nueva guerra. (Todo el mundo sabe que la tenencia de armas nucleares siempre ha sido un elemento disuasorio que ha calmado las […]

El hiperespacio es el terreno más elevado