Cómo funciona lo que funciona y por qué. Especialista en un renglón 3


¿Recuerdas cuando ibas a clase y dabas tal o cuál episodio de la historia? ¿O un teorema matemático? ¿O un problema de física? Miles de particiones del grosor de un par de párrafos bajo un titular: “La desamortización de Mendizábal”, “El principio de Arquímedes”, “La parábola”,…

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Los conceptos matemáticos y físicos, que pueden resumirse en diez o doce fórmulas fundamentales y teoremas quizá constituyan una excepción a todo el conocimiento que tratamos de bombear a presión en las mentes de nuestros estudiantes. Porque lo que es la disciplina histórica o la literatura son fuentes inagotables de fechas y nombres bailando. Cada uno de aquellos párrafos del libro de Historia puede ser subdividido muchas veces en cientos de libros, cada uno más enrevesado que el anterior.

El problema no es que la información estuviese desfasada, fuese errónea o aburrida. El problema estaba en resumir un siglo en el temario de quince páginas. Totalmente absurdo. Cada temario, de cientos de miles de libros de envergadura, eran reducidos a simples párrafos con algún que otro nombre de alguien que hacía algo en algún momento. Pero no sabías, ni cómo lo hizo ni por qué lo hizo, ni por qué era tan importante que lo hiciese o dejarse de hacerlo, ni de dónde venía ni lo que pretendía con ello, ni lo que significó en aquél momento, ni lo que ocurriría ahora si alguien lo hiciese. Vamos, que te has aprendido una lista diferente a la de los Reyes Godos pero una lista al fin y al cabo.

Y eso es lo que eres a nivel laboral para el temario de un libro (no ya de primaria, sino de bachillerato inclusive): un párrafo mal escrito. De lo que más tiempo he trabajado seguido (algo más de tres años en la misma empresa y luego cuatro en otra) ha sido de ingeniero en una empresa encargada de mejorar el sistema físico de las telecomunicaciones. Es decir, renovar el parque de antenas y equipos que hay en las cubiertas de los edificios. Hasta que no llegué a cuarto curso en la universidad nunca hubiese sospechado de su existencia. ¡Hay cientos en los tejados colintantes! ¡Se ven desde casi todas las ventanas de España! ¡Son la entrada a Internet y hablando con tu móvil cada pocos segundos! Y yo por aquél entonces estaba totalmente convencido de que eran los satélites los encargados de transportar, por ejemplo, una llamada telefónica. De modo que sospecho que a lo largo de los cientos de libros aprobados por el gobierno existirá un párrafo entero sobre las telecomunicaciones que se podrá resumir en la cabeza de un alumno como “¿Ein?”.

Toda la experiencia de los últimos cuatro años que he trabajado resumida en algo así como: “Las telecomunicaciones son muy importantes, ayudan a avanzar, todo es cada vez más rápido,…”. Y un largo etcétera de datos que los alumnos ya saben pero que no les explica de dónde se bajan las Apps, qué hacen sobre los tejados todas esas cosas rectangulares, y extendiéndome a más ámbitos:

  • ¿Por qué el panadero madruga?
  • ¿Qué es el mantenimiento de edificios?
  • ¿Cómo funciona una planta extractora de petróleo?
  • ¿Cómo se construye un barco en un astillero?
  • ¿Para qué valen los postes de electricidad?
  • ¿Cómo funciona una cremallera?
  • ¿Por qué mi llave solo abre mi puerta?
  • ¿Por qué conducimos por la derecha?
  • ¿De qué capas está hecha la calzada?
  • ¿Cómo funciona la red de alcantarillado?

Preguntas a cuya respuesta ni siquiera los profesores tienen interés en asomarse y que, sin duda, aportarán más datos útiles a los alumnos, que tendrán una idea de cómo funciona el mundo, por qué es a veces tan complicado, dónde encaja la matemática y la literatura, la importancia de la historia,…

Es decir, un sistema de aprendizaje no basado en la memoria y la repetición, sino en el visionado o lectura de miles de contenidos dispares que ayuden a contextualizar, por ejemplo, por qué puñetas Colón quería subirse a aquél barco o por qué hay pirámides en tres puntos del planeta creadas por sociedades tan dispares y de construcción similar. Por mi parte quitaba esa tontería nueva de educación para la ciudadanía o como quieran llamarla este curso y tendría una materia titulada “Cómo funciona lo que funciona y por qué”.

  • http://annoys.wordpress.com rachael calabrian

    En realidad, no todos los profesores se ciñen exclusivamente al temario. Si bien la gran mayoría de ellos sólo reproduce de palabra (o mediante un proyector, actualmente) el tema que toca ese día, algún que otro buen profesor nos ha enseñado muchas cosas que no venían en los libros (doy fe).

    Algún que otro buen profesor hacía un inciso y te exponía casos particulares o creaba una gran metáfora para explicar lo que nadie parecía estar entendiendo. No es que pueda extenderse a cada uno de ellos, pero los ha habido muy buenos, al margen de lo que el sistema de enseñanza tradicional (y precisamente por ello) pretendiera vaciar en las curiosas mentes de los estudiantes…

    He tenido pocos buenos, pero nadie olvida a quien detiene una clase y te ilustra acerca de cosas que jamás habrías entendido sólo mediante la lectura del texto escolar. En la Universidad, como ya sabemos, es muy distinto, porque la bibliografía no se reduce a un único texto (en la UNED sí que hay uno de referencia), te remite a otros autores y a otras muchas lecturas…

    Los buenos profesores, independientemente de la asignatura que impartieran (y debiera darse en todas) eran los que, haciendo balance de las escuetas explicaciones del libro, te enseñaban cosas a partir de él, pero complementarias y útiles, y luego te pedían que leyeras el resto del tema en casa, por tu cuenta y riesgo, porque si no todas, sí la mayor parte de las dudas habían quedado resueltas en todas aquellas explicaciones, anécdotas, metáforas y hechos, reflejados todos en palabras y dibujos blancos que manchaban las pizarras verdes, dejando marcas imborrables en el recuerdo de nuestras propias mentes…

    Yo no pondría una asignatura específica. Los actuales profesores tienen una muy buena preparación (algunos más que otros, claro) para impartir sus materias y hacer los incisos que consideren necesarios. El problema es que están desbordados. Se les “encasqueta” (porque no puede llamarse de otra forma a lo que se les exige) una determinada asignatura que no se corresponde con toda la amalgama de temas que el libro contempla y que ni siquiera contienen sus páginas y esperan que en cuestión de una hora les expliquen a esas mentes, distraídas por la tecnología (aunque capaces de absorber y retener todo tipo de información) las más diversas teorías, fórmulas, códigos y normas lingüísticas… En fin, algunos de ellos son héroes y salvan cada día a más de uno… (otros no, claro.)

    Gracias. Un saludo.

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    • Marcos Martínez

      Con respecto a la preparación teórica he de decir que nuestros profesores, con grupos de 15 alumnos en primaria y unos 20 en bachillerato y universidad, se defienden muy muy bien. Caso distinto es un profesor para 30 niños (lo tengo en mi familia) que por muy bien preparado que vaya le van a dar por el culo a todos los renacuajos.

      Luego por otro lado está la crítica de la calidad del temario que se les enseña (en mi opinión lo más crítico porque es la base sobre la que el profesor construye su clase). Sinceramente cada vez los libros, de mano de políticos y editoriales, vienen con contenido más y más absurdo que ni es útil ni divertido.

      Y para finalizar están los profesores. Yo he tenido mucha suerte: he tenido siete profesores y tan solo setenta y cinco retrasados mentales. Lo tengo calculado junto con un amigo de la carrera, que para su desgracia solo contó con tres profesores. La palabra profesor está sobreutilizada. Ni de coña todo el que cobra una nómina a tal título se merece una calificación semejante. Sin ir más lejos el profesor que más me ha enseñado (y mejor) venía borracho a clase, portando únicamente un anillo (con el que nos amenazaba) y nunca llevó un libro. Sigo recordando perfectamente y con mucho cariño la biología de tercero de la ESO. Tras él estuvo un profesor de matemática (no matemáticas) que se vio obligado a terminar físicas puras antes de meterse a magisterio (a mitad de la carrera vio que lo suyo era enseñar, pero ya que había empezado lo terminaba). Hace unos años publicó un libro de física cuántica elemental que devoré y se puede quedar con él para tomar algo tranquilamente y dialogar. El problema es que tras estos había 75 funcionarios de “yo salgo a la una” y “ese no es mi problema”. No se puede mantener un sistema motivacional de este modo.

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  • http://annoys.wordpress.com rachael calabrian

    A ver cuando pones un botón de “Me gusta” para ahorrarnos los comentarios de una frase :)

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