El derecho a trabajar de Tim, contra la estupidez generalizada 6


No sé dónde oí por primera vez que alguien prefería luchar contra un adversario inteligente. “Al inteligente puedes predecirle: tiene un método, una estrategia. Tiene un modus operandi, le puedes ver llegar y esperarte alguno de sus movimientos”, parafraseando. Pero al idiota no hay quien lo vea. Esto no pretende ser una lección como con las que Carlos nos ilustra día tras día, sino un recordatorio de lo absurdo que es en ocasiones el tejido empresarial, y que está en manos de todos que estas estupideces no pasan. Tomen asiento.

Luchar contra un idiota es terriblemente peligroso, porque a él no le importa acabar mal. Sencillamente, no piensa, solo actúa. Y, en muchas ocasiones, incluso contra sí mismo, como si apuñalarse en el estómago fuese el mejor plan para vencer. Y ahí, precisamente, está el problema: no hay plan. Porque, bueno… Porque es idiota.

Jonathan Pendleton - recortada

 

El lunes 26, por la mañana, estaba citado para algo llamado “proceso de selección de personal”. No es exactamente una entrevista sino, más bien, un proceso previo de descarte. En principio, para entrar a una empresa en febrero. El email, que pedía confirmación y puntualidad, estimaba la entrevista (o no-entrevista) en dos horas y media. No desvelaré la empresa por un extraño respeto con el que ellos no han tratado, y solo diré en su defensa que en el email se decía muy claro que habría entrevistas posteriores a esa. Es decir, que se trataba de un proceso abierto en el que habría varias fases. No creo que se pueda decir nada más  de ellos que juegue en su favor. En serio, nada.

Me desperté a las seis y media. Ese día quería estar presentable. Guapo no, uno tiene sus limitaciones, pero lo que se dice ir sin pelos en la nariz y ya cagado y con el culo limpio. Siempre hay que ir con la mente y el culo abierto a una entrevista de trabajo. Aunque la cita la teníamos a las diez de la mañana, yo llegué al lugar sobre las nueve. Después de todo, nunca había estado allí. Y no pillaba cerca de mi casa. Qué menos que ir con tiempo, máxime si no tenía otro asunto que atender.

Hasta las diez y diez no nos atendió nadie y, en ese tiempo de espera, los diversos compañeros/competencia empezaron a agobiarse unos a otros, amenazando con robar el oxígeno de la entrada del edificio. Solo dos aspirantes de veinte teníamos experiencia previa, y nos contábamos el uno al otro cómo de mala había sido. Esos momentos son mágicos. El resto, otros dieciocho participantes, no tenían ningún tipo de experiencia en el mundo empresarial. Ni siquiera de haber metido la puntita.

En ese momento (tarde) nos llaman a filas. A saber, dos, por orden alfabético, y nos conducen arriba, a dos estancias separadas con dos coordinadores diferentes. Al parecer es necesario ponernos un vídeo de YouTube antes del test. Y vaya que si lo hacen. Es un vídeo genial, con gente feliz y muchas cifras y porcentajes. Un vídeo, por otro lado, público y accesible. Uno que cualquiera que se hubiese tomado algo en serio aquella no-entrevista ya tenía visualizado. En el vídeo todo el mundo es feliz, como si al entrar en la empresa les inyectasen algún tipo de alucinógeno guay.

Pero el vídeo se acaba, y comienza el test psicotécnico de veinte minutos. Es importante destacar que el vídeo dura tres, lo que en total suman veintitrés minutos. Aún nadie nos ha preguntado absolutamente nada, ni lo harán.

— No se puede dar la vuelta al folio hasta que todos tengan uno — nos avisa la seño del examen con cara de pocos amigos.

Ejemplo de test similar

Ejemplo de test similar

En la parte del examen que se ve, una hoja de instrucciones, puede observarse a la izquierda un triángulo. Justo al lado aparece un triángulo más grande, pintado todo ello por dentro, como la figura anterior. Bajo el primer triángulo aparece un círculo, y bajo el triángulo grande aparece un círculo grande. A la derecha, en el mismo folio, aparecen varias figuras tachadas que indican que la operación que aplica es la de ampliar la figura de la izquierda del todo.

Repasemos: triángulo, triángulo grande; círculo, círculo grande. Pero ni cuadrados ni rombos, ¿eh? Me siento como uno de esos alumnos que aprenden a no interactuar con medios peligrosos a través de imágenes de lo que no se debe hacer, del estilo de “El pequeño Tim sabe que no debe meterse ese excremento de perro en la boca. Tim es bueno. La caca de perro es mala”. Por suerte, Tim no está en el folio. Tim me pone nervioso cuando habla de sí mismo en tercera persona, y necesito estar concentrado para este test.

— Ya podéis dar la vuelta a la hoja — doy la vuelta a la hoja.

Más triángulos, cuadrados, círculos y otras figuras planas. Todas con una ley de recurrencia basada en tamaños, giros y otras transformaciones simples: figuras que se alternan, puntos que crecen, flechas que miran para uno u otro lado. Me siento realmente estúpido. Temo que en cualquier momento Tim aparezca y me susurre algo como “Tim sabe que no debe meter los dedos en los enchufes. Tim es bueno. Los enchufes son malos”.

A los cinco minutos he acabado el test. Diez segundos más tarde, una segunda cabeza se levanta de la hoja. Ella también ha terminado. Y su compañero. En menos de cinco minutos todos están lo suficientemente satisfechos de su resultado como para dejar el boli en la mesa, pero nadie habla aun a pesar de que la coordinadora nos ha dejado solos. “Tim sabe que no debe hablar en un examen”.

Dos minutos después de que los terceros diez minutos acaben, viene la coordinadora. Nos ha dejado treinta y dos minutos para un examen de cinco, y he de reconocer que me estoy meando. Nos recoge los exámenes uno a uno y nos pasa un formulario de consentimiento que dice que la empresa puede usar nuestros datos. Como si antes no pudiese.

— Muy bien chicos, gracias por venir, os iremos llamando — la coordinadora nos sonríe. Nosotros nos miramos los unos a los otros.

¿Ya? No hemos hablado, no nos hemos presentado, solo hemos marcado casillas a, b, c o d en un test de mierda. De las dos horas y media de entrevista solo hemos hecho un test de treinta minutos. Nos ha llevado cinco, y ahora nos dicen que nos volvamos a casa. Tim no entiende nada, y está asustado en una esquina tirándose del pelo y susurrando. Tiene un tic en el ojo.

timseyes

Cuatro días antes, a Ramón (el nombre no es real) le llega un correo. En él dice que tiene la oportunidad de asistir a un proceso de selección para un puesto de consultoría. Es necesario tener la carrera terminada y poder incorporarse en febrero. El puesto, en principio, es en Madrid, lugar de la entrevista. Pero Ramón vive en Tenerife y, para él, asistir a este proceso es coger un vuelo de ida y vuelta.

Algo parecido le pasa a Joaquín (inventado, obvio), que viene desde Badajoz con tres amigos. Aprovechan y se quedan a dormir en un hotel cercano. No es aconsejable conducir toda la noche la víspera de una entrevista de trabajo. Qué suerte, les han llamado a los cuatro amigos para la misma entrevista. La empresa tiene buena pinta.

En un pueblo de Asturias, Carlos convence a sus padres para que le paguen un billete de tren a Madrid. Una entrevista de trabajo en Madrid no es moco de pavo, y no puede desperdiciar una oportunidad como esta.

Cuando la coordinadora nos dice que nos vayamos a casa, soy el único en la sala que vive a menos de dos horas de su casa. El siguiente vive en un pueblo al sur de Toledo, y ha tenido que elegir entre ver a su novia la semana que viene o esta entrevista. Ha elegido la entrevista. “Tim sabe que no debe distraerse con las mujeres. Tim tiene que levantar un país”.

Ocho personas en la sala han tenido que pagar un hotel para hacer un test en cinco minutos en Madrid. Una de ellas, además, un vuelo. Tim está confuso y desorientado, y se pregunta si el psicotécnico podría haberse hecho desde la web.

— Sí, pero así os veíamos la cara” — sonríe la coordinadora.

Carlos, el asturiano, arranca del entusiasmo el marco de la puerta al irse. Es evidente que está contento por haber pagado un tren y verle la cara a la coordinadora. Está tan contento que ni se despide. No habla. Baja al vestíbulo, sale a la calle y tira su identificador a la papelera más cercana. Los edificios modernos de cristal son una maravilla. Tim se pregunta si el cristal se romperá si empuja a la coordinadora contra él, y si morirá en la caída. El tic del ojo de Tim se acentúa.

eyes-insanity-uzumaki-higuchinsky

Pedimos explicaciones del por qué se nos cita para marcar casillas cuando la prueba de inglés se hace a través de Internet. Y, claro, no se nos dan. Porque, bueno… Porque son idiotas. Y no hay nadie contra quien luchar. No hay inteligencia. No se trata de una empresa tiránica y malvada que se aprovecha de las esperanzas y sueños de los pobres. De ser así, sería comprensible (que no excusable) el habernos citado en Madrid. Pero, en realidad, no hay ningún motivo. Simplemente, ¡nadie había pensado en ello!

Una compañía con presencia en más de setenta países y trescientos mil trabajadores en todo el mundo no ha pensado que a lo mejor no era necesario mover a veinte personas (veinte personas solo hoy) para marcar unas casillas. La coordinadora tiene cara de idiota, ella tampoco lo había pensado, y ni siquiera sabe lo que decirnos a los que quedamos en la sala, que la miramos a ella.

— Bueno, chicos, gracias por venir — no hay disculpa, porque no entiende el problema.

No se puede luchar, porque no hay inteligencia contra la que jugar al ajedrez. Se trata de una lucha contra un adversario puramente estúpido. Él mismo se acaba de atravesar el vientre con un cuchillo, y nos sonríe desde la puerta.

Joder, hasta Tim sabe que no debe jugar con cuchillos.

  • http://www.anabolox.com Ana Bolox

    Cada día me convenzo más de que lo mejor es trabajar para uno mismo. Además, si me quiero un test, me lo hago en mi casa… ;-)

    Genial (y triste) artículo.

    Un abrazo.

    - Tuitea este comentario

  • CrisMandarica

    ¿Y te han llamado para otra entrevista? A más grande la empresa, más probabilidades de encontrarte con gente idiota. Y, además, se aprovechan de que hay mucha necesidad de trabajar. Biquiños!

    - Tuitea este comentario

    • http://www.pensamientolateral.org/ Marcos Martinez

      Pues te voy a ser sincero: no realicé la prueba de inglés. De hecho, borré el email para no caer en la tentación de lanzarme a ello. Tras año y medio en paro, los principios se tambalean y comban, pero he sido fuerte. Es que, simplemente, no quiero trabajar en una empresa que no optimiza los recursos de sus posibles candidatos.

      ¿Quieres que resolvamos un psicotécnico? Perfecto, manda prueba de inglés y psicotécnico por mail y lo hago. Sin problema y, además, encantado. Pero hacer perder (¡Sin motivo!) el tiempo a la gente de ese modo. Por no hablar del dinero…

      En fin. Al menos me ha pasado algo bueno, me han cogido como redactor de contenido y editor de http://www.ennaranja.com/ por cómo escribo. No da para comer, pero tampoco lleva mucho tiempo escribir. Al menos, para alguien acostumbrado a un artículo diario como fue el año pasado :D

      - Tuitea este comentario

      • CrisMandarica

        Ya me he ido para allí, y al final me he registrado en Disqus para poder comentarte, ¿estarás contesnto eh? :P Biquiños!

        - Tuitea este comentario

  • http://www.adellabrac.com/ Adella Brac

    No sé si reír o llorar…

    - Tuitea este comentario

    • http://www.pensamientolateral.org Marcos Martinez

      Bailemos. Por suerte, hay más empresas en el mundo, muchas de las cuales se esfuerzan día a día en tratar a los trabajadores con todo el respeto posible.

      Bueno, baila tú, que yo soy malísimo ^^

      - Tuitea este comentario