Filosofía simpsonística 1: sobre la teoría de Nucel y el Nucelio. 3


Soy un gran fan de Los Simpson. Me parecen una de las creaciones más geniales que se han hecho. Pero no solo por el mero divertimento que constituyen. Personalmente, pienso que esta serie también aporta conceptos que pueden ser aplicados en la vida diaria: toda una filosofía vital. Hoy quiero contarte la primera de ellas: Filosofía simpsonística 1 (sobre la teoría de Nucel y el Nucelio)

En algún sitio leí que los Simpson gustan más a gente de clase media-baja, que entienden mejor sus bromas y chistes. Seguramente esto se debe a que su experiencia vital les permite mejor empatizar con las apreturas económicas de Homer, un empleado de bajo rango en una central. Un proletario a fin de cuentas.

Supongo que esto se debe a que los guionistas vierten parte de sus propias vivencias en cada episodio, por lo tanto puedes identificar frases y extractos de verdaderas lecciones vitales entre los cientos de chistes (varios por minuto) que contienen sus alocados episodios. Y, si no, te inventas tú la lección vital a la que es de aplicación dicha secuencia.

Esto que afirmo puede parecer contradictorio viniendo de una serie que se titula The Simpons, nombre que esconde un juego de palabras perpetrado por su creador Matt Gröening, puesto que Simpson significa Son of a simp, es decir, “hijo de un tonto”.

Hoy vengo a hablarte de una de estas perlas de filosofía que adapté a mi propia vida.

Mi primer trabajo fue como calcador. Una empresa privada fue subcontratada por otra empresa pública del gobierno regional para llevar a cabo un proyecto con fondos europeos. El motivo de la subcontratación era obvio: abaratar los costes.

Para ello, la empresa privada concesionaria contrató a licenciados e ingenieros recién titulados para que hicieran de fotointérpretes, porque el proyecto trataba de crear un Sistema de Información Geográfica para poder comprobar que las ayudas por superficie que se daban a los cultivos eran correctas. Pero para pagarnos una mierda de jornal nos acogieron a la categoría más baja que pudieron: calcador.

Calcadores eran los profesionales que se encargaban de copiar planos en papel cebolla en los estudios de arquitectura.

La cuestión es que en esta empresa estábamos los subcontratados de la empresa privada y un equipo directivo de la empresa pública, que eran las cabezas pensantes, y los expertos en el programa informático que manejábamos.

Cuando tenías cualquier duda tenías que apelar a su inconmensurable sabiduría para que te guiaran hacia la luz del conocimiento.

Sin embargo, había un par de factores que hacían que esta relación de directivo-dirigido fuera un poco especial.

En primer lugar, tuve el privilegio de entrar a trabajar con un amigo que, hacía años, había participado en el diseño de dicho programa, aunque después había caído en desgracia en dicha empresa pública, acabando en la subcontrata como un esclavo más.

Antes de empezar el curro él me subió a una metafórica montaña e, igual que el padre de Conan, me instruyó en los secretos del acero, Crom mediante.

O sea, que me explicó de pe a pa como funcionaba el programa.

Otro factor que jugaba en contra del equipo de expertos era el siguiente. Predominantemente, la empresa pública los contrataba de la Facultad de Agrónomos, y solía coger a estudiantes de último curso, que al final se acostumbraban al sueldo fácil (la empresa pública sí pagaba dignamente) y caían en un bucle que les impedía terminar los estudios. Uno de los pioneros se dedicó a atraer a amigos y conocidos, por lo que, digámoslo así, el equipo no se formó con, dijéramos, lo mejor de dicha facultad.

Con estos ases en la manga comencé a trabajar con un programa que de por sí ya tenía una curva de aprendizaje bastante sencilla, por lo que en un par de semanas el dominio a nivel de usuario, a fuerza de práctica intensiva (jornadas de 7 a 15 unas semanas y de 15 a 23 las semanas alternas), fue total.

Los Simpson y la energía nucelar

Y aquí es donde entra en juego la sabiduría de Homer Simpson, que seguro que ya te estabas preguntando para qué te soltaba tanto rollo.

Pues bien, un fatídico día en el que surgió una duda clave, al acudir en busca de socorro a uno de estos directivos, pude comprobar, basándome en el conocimiento del manejo del programa que ya había adquirido, que la explicación que me daba era imprecisa y demasiado genérica. Básicamente me habló sin decirme nada en concreto y se escabulló a gran velocidad.

Como fuera que la escena se repetía cada vez que había dudas de manejo a nivel avanzado, mi mente no pudo evitar hacer una analogía con Los Simpson.

Concretamente con un capítulo en el que Homer se embarca en un submarino atómico, pero justo antes del embarque el ejército hace una ceremonia, y el conductor de la misma le dice a la tripulación que estén tranquilos porque entre sus filas cuentan con Homer Simpson, un experto en energía nuclear, a lo que Homer, con aire condescendiente, apostilla:

-Nucelar, la palabra es nucelar.

Con lo cual llegamos a la conclusión de que el supuesto experto en realidad no tiene ni puta idea.

Y es que ese era el caso de nuestro equipo asesor.

Así que, desde ese momento, cada vez que se acercaban a contestarnos con incoherencias alguna cuestión, no podía evitar decir: “Nucelar, se dice nucelar”.

Gracias al pensamiento encadenado y al aburrimiento en los descansos, aquello fue ganando consistencia, y al final se creó toda una historia alrededor, en la que un tal Nucel había creado la teoría del nucelio, que usaba para explicar los grandes misterios de la existencia que escapaban a la comprensión del resto de los humanos.

Y ahora viene el giro argumental que le deja a uno frío, ese que hace que en las pelis de miedo te enteres de que en realidad alguien es un fantasma.

Y es que, con este sketch, los Simpson plasmaron con gran ironía el hecho de que en alguna intervención pública George Bush, cuando hablaba de armas nucleares, en lugar de nuclear weapons se refería a nucular weapons, con el consiguiente descojone de la audiencia.

Lo cual refuerza la teoría de que los jefes incompetentes recurren a la teoría del nucelio.

Me da terror pensar en un hombre que tenía el dominio sobre el poder nuclear de una gran potencia y ni siquiera sabía pronunciar el término.

Al final va a resultar que los Simpson tienen más chicha de la que parece, ¿no crees?

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Imágen | La tostadora

  • CrisMandarica

    Pues claro que me ha gustado la teoría del nucelio, de hecho me encuentro con muchas personas llamadas Nucel a lo largo del día. Biquiños!

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    • R R Lopez

      Jaja! Me alegro de que así sea. La verdad es que Nucel dejó una gran cantidad de seguidores de su teoría repartidos por “Eppaña”

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