La suerte se la busca uno


Aprovechando que hoy es martes y trece voy a hablar de otro tabú que sigue impreso en nuestra sociedad. Y es la cuestión de suerte.

suerte (1)

Hace unos días comentaba que no podemos sentir envidia de quien tiene algo sin haber intentado nosotros alcanzar ese mismo nivel. Por lo general tendemos a protestar antes siquiera de darnos cuenta de que podríamos llegar a conseguir las mismas metas de esa persona a la que odiamos sin motivo.

Es un concepto muy relacionado con el concepto de suerte. La suerte se define de varios modos. El primero (real) es el hecho de que un suceso benigno y poco probable nos afecte de manera directa. Por ejemplo el haber echado la lotería y que nos toque el primer premio: era estadísticamente improbable, pero nos ocurrió. El segundo (falsa creencia popular) es la de que algo te ha ocurrido debido a que has hecho una actividad con anterioridad sin que éstas tengan relación real entre sí.

Ejemplos de estas conductas son la de que te despidan habiendo roto un espejo con antelación. A menos que el espejo se rompiese en la cabeza de tu jefe es mucho más probable que te hayan despedido por un motivo real que quizá no quieras escuchar. O, por ejemplo, el haber tenido un accidente por no haber colocado un cirio a la Virgen del Pilar. Los eventos se suceden del modo:

Dado que ha ocurrido A y luego B, es gracias a A que ha ocurrido B, de otro modo no hubiese pasado.

Esta lógica aplastante la usan los guionistas de Los Simpsons en el diálogo:

HOMER: Sí. Ningún oso a la vista. La patrulla anti-osos funciona de maravillas.
LISA: Eso es autocomplaciencia, papá.
HOMER: Gracias, nena.
LISA: Según tu lógica ―recogiendo una roca del suelo―, yo puedo alejar a los tigres con esta piedra.
HOMER ¿Sí? ¿Cómo funciona?
LISA: ¡No funciona! Pero no ves ningún tigre por aquí. ¿O sí?
HOMER: Lisa, quiero comprarte tu piedra.

Por supuesto que ni la piedra funciona, ni el espejo fue la causa de tu despido, ni puedes alejar un terremoto con rezos (noticia verídica).

¿Por qué, entonces, algunos prefieren pensar que los problemas están relacionados con un tipo de eventos?

1. Les exime de responsabilidades

Si de lo malo se encarga la suerte o alguna entidad demoníaca, la culpa no es mía. De ese modo podemos andar con la cabeza bien alta sabiendo que no fue nuestra culpa el haber tenido aquél accidente, simplemente tenía que pasar.

2. De ese modo no tengo que pensar

Buscar las causas reales de un evento es duro: has de tomar datos, analizar las variables, plantear una hipótesis, formular una teoría, y luego andar comprobando que no te has equivocado. Tener fe en otros eventos es la respuesta fácil y de bajo rendimiento neuronal que nos resulta más cómoda.

Lo más gracioso del tema con el que he abierto el artículo de hoy (martes 13) es que nace en una cultura de hace 5000 años (el antiguo egipto), y ha conseguido sobrevivir hasta nuestros tiempos. Por suerte ya nos hemos librado de juegos tan poco recomendables como la trepanación para que saliesen los malos espíritus.

Queda mucho camino por recorrer. La pregunta es: ¿Elegimos la dura ciencia o la fácil fe?