Prepárate para cuando te despidan


Teniendo en cuenta el ritmo laboral, las bajadas en precios y los altos sueldos que ganamos (según nuestros empleadores), preguntarse cuándo te acabarán echando de alguna empresa quizá tenga más sentido que preguntarse si lo harán o no.

qué hacer cuando te despidan

Antes de que nadie me hable de optimismo, pesimismo o vasos con agua, o que me llame “cenizo”, aclararé que este no es un artículo negativo. De hecho, es un artículo que va en la línea opuesta del concepto de “mala suerte externa”. Ya sabes, eso de “la culpa es que ha sido de otro pero el marrón me lo he comido yo”. Ni soy negativo ni soy positivo: planteo una posibilidad plausible (hipótesis de partida) en un futuro a corto, medio o largo plazo. Quizá no te echen del puesto laboral que ocupas, pero sería raro que nunca llegasen a echarte de ninguna parte. Y este artículo surge para que te prepares bien si el momento llega.

Yo mismo soy el primero que me he ido de todas las empresas en las que he trabajado. En este caso el que les ha despedido he sido yo, pero el caso contrario está a la orden del día. La última vez, a un compañero, no hace ni dos semanas. De modo que los despidos son una realidad. Quizá una menos frecuente si la comparamos con los cotilleos y las oídas de terceros, pero una posibilidad en el futuro. Un muro en nuestro camino.

La relación con la empresa

trabajo

Me han calificado de muchas maneras. Por ejemplo, cuando cuento esto de lo que hablo aquí a algunos amigos, éstos me comentan que “voy a las malas” con las empresas. Cuando, en realidad, para mí es actuar de manera justa y según el acuerdo previo que tanto la empresa como yo hemos prometido (vía contrato) cumplir. Mucha gente me dice que, cuando una empresa te contrata, el comportamiento normal debería ser:

  • Hacer horas extra;
  • poner tu coche si hace falta;
  • no hablar de dinero ni de horarios;
  • poner de tu parte en todo.

Pero creo que, como toda relación entre dos o más, todas las partes deben comportarse del mismo modo, y nadie tiene por qué bajarse los pantalones o humillarse. Si yo:

  1. Hago horas extra (algo que se puede hablar sin problema), estoy sacando trabajo. Es decir, la empresa está ganando dinero con ello, de modo que lo lógico sería que compartiese parte de ese beneficio que he ayudado a conseguir.

Os pongo el ejemplo de las cajitas. Si yo trabajo ocho horas al día y saco ocho cajitas (unidades de trabajo útiles), y gano por ello ocho unidades monetarias, lo lógico es que, el día en que saque nueve cajas, se me diese una unidad monetaria extra. Porque la empresa la cobra y la factura.

  1. Pongo mi coche si hace falta. Algo perfecto, siempre y cuando el kilometraje incluya no solo la gasolina, sino el mantenimiento, la amortización o la posibilidad de accidente. Después de todo, es nuestro vehículo privado, el que usamos en nuestro día a día.
  2. No hablo de dinero u horarios. Mal. Gran cagada. Vamos a ver, tú no vas a trabajar para divertirte o hacer amigos. Sería genial si, además de currar, lo consigues. Pero tú trabajas por dinero y para vivir. Es así. Si no negocias dinero u horarios, si no reivindicas tus vacaciones o no llamas la atención en la entrevista de trabajo sobre el sueldo, probablemente acabes trabajando en un lugar donde estés a disgusto y consigas una pequeña úlcera al darte cuenta de que muchos de tus compañeros acaban cobrando más que tú.
  3. Pongo de mi parte. Por supuesto, siempre. Y es totalmente lógico que el empleado haga eso (tanto al principio como si lleva diez años con la empresa). Si hay un pico de trabajo, se puede atender con tiempo personal. Si hace falta adelantar un pequeño gasto, se puede hacer con dinero personal. Si es necesario hacer de chófer para un cliente, se coge el coche personal (y, además, le pones la música que le gusta). Pero cobras horas extra, te pagan al día los gastos y te pagan el kilometraje bien. Porque la empresa también debe poner de su parte.

Muchos de vosotros igual os estáis descojonando porque veis que ponéis mucho de vuestra parte pero no recibís nada de la empresa. Cosas sencillas como que tu puesto sea cómodo, tengas un reposapiés, una nevera, un lugar donde comer,…, no se cumple en muchas empresas.

Hoy vengo aquí a hablaros de un pequeño check-list de tareas que no pueden olvidárseos cuando os despidan.

Qué hacer para cuando te despidan

preparate para ser despedido

No creo que se despida a la gente por rencor o por incompetencia. La mayoría de las veces se despide porque las cuentas no salen. Y es lógico que la empresa tome la decisión de echarte si no con tu trabajo no se cubren los gastos que generas. Es decir, las empresas no son máquinas sin alma. Los jefes sí, porque no se reflejan en los espejos, pero las empresas no tienen por qué.

Número uno. Guarda los contactos

Una regla de oro de las relaciones laborales es: ten relaciones laborales. No lo de tirarte a algún compañero/a, sino lo de conocer y ampliar tu red de conocidos. Lógico. Tampoco me refiero a hablar con Paco y Mari, tus clientes de toda la vida con los que incluso a veces te vas de cañas. Hablo de tener una pequeña (o grande) base de datos con todo lo que puedas recabar de los contactos que vayas haciendo.

Cuando un nuevo contacto aparece por mi lado en el trabajo, lo primero que hago es tomarle el nombre, el teléfono y el email. Luego, además, voy completando campos como “empresa” o “cargo” en un pequeño gran Excel. No se necesita más. Si le llamo mucho, meteré a esa persona en mi teléfono móvil. Si no, lo incluiré en esta lista de contactos.

Nunca se sabe a quién se puede llamar cuando tu empresa te ponga de patitas en la calle tras un “Lo siento, nos hemos quedado sin el contrato y ahora no hay puestos libres en la empresa para reubicarte” un lunes cualquiera.

Mi consejo es que no tengáis una línea de empresa, sino un teléfono de vuestra propiedad con una SIM vuestra. Y que paséis los gastos a vuestra empresa actual. Yo, por ejemplo, uso Simyo, y las facturas que me han entrado no superan los 10 euros (que la empresa paga encantada por ser un precio tan bajo). La empresa se ahorra una línea de teléfono y yo gano un teléfono profesional. Cuando me echen, me llevo el número y los contactos contenidos en el teléfono, que también es mío. Y todos con los que he trabajado previamente podrán localizarme en el mismo teléfono.

Número dos. Cierra tus cuentas

También en un Excel de datos mantengo mis cuentas. Todas mis cuentas. Cada correo, contraseña y base de dato en la que se me haya dado de alta en la empresa actual. No suelen ser muchas, pero son unas pocas, y nadie se acuerda de cerrar este tipo de servicios.

Esto puede resultar en que durante un tiempo tu correo o usuarios andan siendo usados por tus compañeros para “cerrar puntos abiertos”. Y puede traer problemas, en especial si deseas seguir en el sector pero en otra empresa.

Es por eso que, un día o dos antes de que se haga efectivo el despido, enviaré los emails y haré las llamadas necesarias para que se corten de raíz mis cuentas asociadas a la empresa, como puede ser el correo electrónico. Ya lo genere directamente la empresa o una intermediaria, son cabos sueltos que no merece la pena ignorar, y que hay que cerrar como cuando apagas el fuego antes de salir de casa.

Número tres. El registro del ordenador y el material

Cuando recibes material en tu empresa, se te hace firmar una hoja de “recibí” en la que se indica que te haces cargo de un objeto (ya sea un teléfono, un ordenador o un coche). Recuerda, cuando salgas, obligar a la empresa a firmar la devolución del material, para que guardes constancia de que lo has entregado y que no se te puede hacer responsable.

Esto es aplicable a las llaves de la oficina y cualquier otro material relacionado. En el caso de que la empresa no quiera firmar la hoja de devolución, siempre puedes pedir a un compañero que se haga responsable de ese material al igual que lo hiciste tú.

Número cuatro. Tus cosas

Yo tenía una profesora que nos prohibió decir la palabra “cosas” por resultar poco específica. Supongo que esta vez me lo pasará, porque por “cosas” entiendo “todo aquél material personal que hayas ido almacenando en tu oficina, lugar de trabajo o coche de empresa a lo largo de los años”. Llevo en mi actual empresa poco, y espero durar mucho. Pero tanto si estoy con ellos diez años como diez días, yo ya he empezado a amontonar trastos en mi estantería.

Libros, algún que otro cuaderno, una sudadera, la alfombrilla del ratón, algunos bolis (prefiero Pilot a Bic, y es comprensible que los lleve yo dado su coste y su no-necesidad), una taza,…

Poco a poco voy llenando el espacio de la oficina con objetos que, bien porque los quiera tener cerca mientras trabajo, bien porque los uso para él pero constituyen un capricho por mi parte, me tendré que llevar cuando me despidan.

 

Porque es muy posible que te despida en algún momento. O que salgas tú por la puerta grande, coreado y a hombros, habiendo firmado la hoja de baja. En un mercado donde las empresas se aprovechan de un modo nada oculto de los trabajadores, huir de ella a veces se convierte en una necesidad.
Imagen | Thomas LeuthardMarius Boatca