Caca


compostadora
Hoy vengo a hablaros de un tema un poco polémico y que tiene que ver con caca y otros objetos sin uso aparente para nosotros, y que responde a la pregunta: ¿Qué ocurre cuando tiramos la basura orgánica o tiramos de la cadena? Ocurre, al menos si los ayuntamientos están haciendo el trabajo como deben, que esa materia que para ti no tiene ningún uso se convierte en fuente de ingresos. Por ejemplo se puede usar como abono, desprende gas natural que se usa como combustible, se recicla para diversos usos, etc. De modo que me he preguntado, ¿por qué no reciclo yo mis propios alimentos tirados a la basura? La respuesta, tras un tiempo de investigación, ha venido por “Porque no tengo jardín”. Y la respuesta es así por dos motivos. Por un lado no hay donde dejar la compostadora. La compostadora es una máquina cuyo objetivo es hacer fermentar la basura orgánica hasta el estado de abono. El problema es que no se puede tener dentro de una casa por diversos problemas: olor, espacio, suciedad, etc. Por otro lado, aunque consiguiese meter la compostadora aunque sea en la terraza, ¿qué iba a hacer yo con un montón de mierda fermentada? De nuevo, la respuesta era: necesitas un jardín. De modo que queda decidido: si alguna vez soy capaz de tener un pequeño espacio de campo para mí, lo intentaré. ¿El motivo? Fácil. Cuando dispones de un jardín puedes poner un pequeño huerto. Y sí, un pequeño huerto puede dar mucho trabajo, pero tengo unos amigos que viven en la Sierra de Madrid (que no son las mejores condiciones donde tener un huerto) y en unos 15m2 tienen plantados tomates, pimientos, judías, cebollas, rábanos, pepinos,…ya podéis ir haciéndoos una idea. Resulta que cuando hacen la recogida comemos de ese huerto muchas familias durante bastante tiempo. La tierra da muchísimo, si se trabaja bien. Es decir, que con un huerto tienes gastos, y no tienes ingresos, pero sin embargo puedes tener un beneficio brutal gracias al no-gasto en comida del supermercado. Y todos sabemos lo que cuesta un kilo de tomates en el super. De manera que, en cuanto pueda y disponga de algo de terreno, comenzaré a plantar y a almacenar en compostadoras los restos orgánicos de la comida. No vale quejarse de que se tiene poco y no hacer nada, ¿no? Y tú, ¿tienes un huerto urbano o en el campo?

La retroalimentación de la alimentación, o cómo ganar dinero con tu caca


No se rían, la caca es algo muy serio 2
Ya sabéis los que me leáis que aquí no hay tabúes, y que se puede hablar de sexo y empresas en el mismo artículo sin problema. Hoy os traigo uno de los tabúes sociales que más me molestan: la negación de los fabricantes a decir lo que hacen sus productos. Cuando la televisión de mi casa está encendida no soy yo quien la ve, salvo si me he puesto alguna película adrede. Pero ocurre de vez en cuando que aparecen los anuncios durante 3, 6 o 10 minutos en función de lo que estén echando. Y es entonces cuando surgen un montón de anuncios bastante enigmáticos. No me refiero a los anuncios de colonia, todos sabemos que ni siquiera el director de estos anuncios sabe lo que quiere mostrar, sino a aquellos que sí lo saben pero no lo dicen. Y son los productos para hacer caca. Caca, mierda, defecación, heces…llámalo como quieras, pero voy a dar una serie de verdades sobre esta materia fecal: Todos la producimos. Y si no, malo; Todos la expulsamos. Y si no, de nuevo, muy malo. Casi peor que lo anterior. Teniendo en cuenta que es un producto único que todos los seres humanos lo realizamos según qué frecuencia, ¿por qué no nos atrevemos a hablar de ello? En estos anuncios que menciono se utilizan eufemismos bastante tontos como: mejora la flora intestinal; actúa regulando el tránsito instestinal; sonríe desde adentro; … Uno de los fallos de estas campañas es que cuando alguien busca en Internet “productos para cagar” no encuentra lo que busca: algo que pueda comprar en el supermercado del barrio y que le ayude con el atoramiento. Señores, estamos estreñidos, y cuando buscamos “estreñimiento” no encontramos sus productos. ¿El motivo? Las empresas ven un marketing negativo que se asocie su producto con las heces, inclusive cuando es su producto el que las descarga. Por alguna razón los fabricantes huyen de las palabras “culo”, “caca” y “estreñimiento”, salvo un par de excepciones. Obviamente estas empresas están perdiendo una ventana de negocio muy importante: Internet como medio de búsqueda de información. Si volvemos a la palabra “estreñimiento” en google nos aparecen un montón de remedios caseros contra el tapón, pero no nos llevan a productos. Al menos no en la búsqueda principal. Aparecen, sin embargo, a la derecha un par de páginas web que venden productos contra el estreñimiento, pero que ni siquiera quieren usar esa palabra. Así la primera web patrocinada es: www.alimentasonrisas.es/, un título tremendamente perverso para una web que sirve a un producto usado para cagar. Me pregunto qué pensará el cliente cuando busca estas marcas esquivas. Yo, por mi parte, y ya que me estoy sincerando, voy como un reloj.

La seriedad (no tomada en serio) de los productos para hacer caca



camiseta-caca 4
Ayer fui a una charla de un evento TEDx con Alberto Guijarro como moderador. El tema era la caca, un tema considerado como poco apropiado que nos saca la misma sonrisa que cuando hablamos de sexo o de pedos. ¿Por qué la caca es tabú? Es curioso cómo uno de los emojis que más nos gusta poner (caca) con 6 millones de usos es uno de los que menos se habla. Es sorprendente que se cumple una relación bastante absurda sobre lo que los seres humanos hacemos más y lo que hablamos sobre ello. A saber: todo el que trabaja gana un sueldo, pero nadie habla de ello; todos cagamos o nos tiramos pedos, pero nadie habla de ello; todos tenemos (o queremos tener) relaciones sexuales, pero nadie habla de ello. En la misma charla Alberto preguntó quiénes de nosotros anunciábamos públicamente que íbamos a cagar cuando íbamos a cagar en vez de utilizar eufemismos del tipo “Voy al baño”. Por supuesto los que me conozcáis sabréis de mi naturalidad para hablar de todos los temas del mundo: desde mi posición de creencias hasta la opinión política. Vivimos en un mundo en el que se supone que la información es importante, en el que los foros se construyen entre todos y en el que el conocimiento para la población de nuestro entorno parece constituir un hecho. ¿Por qué, entonces, no se habla de caca? Pues en la charla Alberto me despejó una duda que tenía desde el principio: ¿Será igual en todas las culturas? La respuesta es sí. Parece inherente al ser humano el evitar ciertos temas, y la caca está entre ellos. No conozco el motivo, supongo que me criaron de un modo extraño o poco normal, pero recuerdo perfectamente una anécdota de cuando tendría 6 o 7 años en un campamento que se montaba en una granja. En este campamento se te enseña el trato con los animales, a realizar actividades ya obsoletas y a apreciar la naturaleza. Los monitores, para llevar un control, preguntaban una vez al día (justo en la hora de la merienda, que era cuando estábamos calmados con nuestro bocadillo) si habíamos ido o no al baño, qué habíamos hecho y en qué estado. Es posible que hablar de ello con un bocadillo en la mano y delante de otros niños haya cambiado mi percepción de tabú. Me pregunto ahora qué me habrá pasado con el sueldo, la política, el sexo o la fe, y si estará todo relacionado. ¿Por qué debemos hablar de caca? Por supuesto hay varios motivos para hablar sobre este tema con amigos y familia. Desde el egoísmo médico de saber si soy regular al querer cambiar el mundo a mejor llevando sanitarios a donde no se tiene cultura de que existan o que sirvan para algo. Algo que aprendí es que el sanitario salva millones de vidas debido a que es un elemento que desinfecta nuestro entorno evitando enfermedades como la diarrea (que es la segunda causa de muerte para […]

Las princesas de los cuentos también hacen caca


Matar moscas a cañonazos es la expresión conocida por todos para resolver un problema mediante el uso de muchos más recursos de los que necesitas. De ese modo usamos el fregadero para tirar el aceite (rompiendo nuestras tuberías) y la taza del váter para tirar desde papeles hasta chicle pasando por el contenido del recogedor. A este ritmo estimo que dentro de unos pocos años las neveras se usarán a modo de armarios y para bajar ríos a modo de canoa, y los lapiceros a modo de llave allen. ¿Por qué usamos unas pocas herramientas “para todo” y no como deben usarse? Hospital Ramón y Cajal – Fuente: Google Maps Hace relativamente poco tuve que hacer una serie de visitas muy seguidas al hospital Ramón y Cajal, en el norte de Madrid capital. Este hospital cuenta con tres secciones principales que han llamado con los correctos nombres: Sector Izquierdo, Sector Central y Sector Derecho. En cada una de estas secciones hay tres ascensores para el usuario que van desde la planta -2 hasta la número 11. Esto, incluyendo la planta baja, son 14 plantas. Los ascensores son antiguos, cosa que de por sí no tendrían que dar mayor problema salvo contados fallos ocasionales debido a algún problema en los motores o un problema en puertas atascadas. Lo cierto es que funcionan bastante bien, son robustos y más rápidos que muchos ascensores nuevos. Además pueden subir  o bajar fácilmente a unas veinte personas en cada viaje. Y hasta ahí, bien. ¿Dónde surge el problema? En el momento en que a los humanos nos dan acceso a botones retroiluminados que se encienden al pulsarlos. Creo que existe una patología no documentada a tocar todos y cada uno de los botones que funcionan de este modo para ver la lucecita encendida. Deben producir algún tipo de reacción química que induce a la gente a pulsarlos como posesos una y otra vez aunque en realidad no necesitemos (y no debemos) pulsarlos. Lo que también creo es que soy inmune. Existen dos botoneras para estos ascensores: una fuera para llamarlos y una dentro para elegir el piso. Vamos a analizar el complejo funcionamiento de la botonera exterior, de la que tengo una foto similar a los instalados: Sistema encriptado para llamar al ascensor – Fuente: Epsilon Elevators El funcionamiento (que por lo que he observado exige que hayas hecho un doctorado en ascensores) es el siguiente: si quiero ir hacia arriba (el número de la planta a la que voy tiene que ser más grande que el número de la planta donde estoy) pulsaré el botón superior, que tiene una flecha en vertical hacia arriba. Si, por el contrario, lo que deseo es ir hacia abajo (el número de la planta a la que voy es menor que el número de planta en la que me encuentro) se debe pulsar la tecla inferior, que posee una flamante flecha vertical apuntando hacia abajo. Debido a la complejidad del sistema os dejo un esquema científico para que […]

LA TAZA DE VÁTER ES PARA HACER CACA, Y MI PROBLEMA CON LOS ASCENSORES