Chuparla


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Hace poco me comentaron que hablo bastante mal: maldigo, insulto, me cago en muchas cosas y mis coletillas usan palabras malsonantes. Y es cierto, joder, hablo de puta pena. Podría tratar de reformarme, pero no me interesa en absoluto. Curiosamente, cuando maldices y te quejas, la gente se une a ti y se crean sinergias chulas. Creo sinceramente que las llamadas “palabrotas” ayudan mucho a liberar tensión, al igual que usar de saco de boxeo a un enemigo o salir de una oficina cerrando la puerta como si la fueses a arrancar de sus goznes. Pero, diferencia de las puertas y los Nemesis que encontramos por la vida, las palabrotas no te llevan de cabeza a una multa o una represalia legal. Al menos no siempre. Todo esto para explicar el título del artículo (pues empezamos bien). Con “chupársela” no me refiero a que os remanguéis la camiseta, os pongáis de rodillas y os metáis su pene (o similar) en la boca. Obviamente es una bonita metáfora para “hacerle la pelota a tu blogger favorito“. Hacerle la pelota mucho. Pero hacer la pelota es demasiado suave, demasiado “light”. “Chupársela” lleva implícito connotaciones de bajada de pantalones y casi servidumbre que la otra expresión no guarda. Entraremos al tema, y veréis a lo que me refiero, y por qué uso esa expresión y no otra.

Por qué chupársela a tu blogger favorito