Evolución de Internet


¡Internet pronto dejará de ser para personas! Y dicho esta escandalosa (y más o menos cierta) afirmación, os explico el por qué: Internet surgió de la necesidad del envío de información de un punto a otro del planeta. Ya sea de China a América del Norte o de tu PC al móvil. Lo importante era poder transferir esa información entre ordenadores. Y para ello se escribieron una serie de protocolos. Para los que no sepáis de qué estoy hablando, básicamente a los ordenadores les tuvimos que decir axiomas como: - esto de aquí es información entrante; - esto otro es de salida; - esto analízalo cuando llegue; - borra esto otro; - almacena tal información; - etc Era importante que los ordenadores supiesen qué tenían que hacer con la información enviada y recibida, de lo contrario no sería posible verla como la vemos, y consistiría en un mogollón de ceros y unos “al tuntún” y sin orden. Complicando Internet Con los años hemos complicado este tipo de comunicación. Hubo que decir a los ordenadores de dónde venía la información y cómo lo hacía. Había que dar pautas específicas para PCs, Macs, teléfonos móviles, navegadores, routers, etc. Cada uno es capaz de hablar de un modo distinto, pero se tienen que entender todos igual. Un ejemplo es abrir esta web en un ordenador o en un móvil: el contenido es el mismo, pero la presentación cambia, y esto deben “saberlo” los dispositivos. De modo que complicamos las reglas del juego. Además dejamos de enviar información entre A y B, sino que comenzamos a almacenarla en servidores independientes (C) situados en cualquier lugar del mundo. Internet ya no servía solo para el envío de información puntual, sino que tú podías compartirla 24h gracias a estos servidores. Y, de nuevo, las reglas se complicaron más y más. Para que todo estuviese bien atado creamos mecanismos de control de tipo estadístico para volúmenes de datos que ni os podéis llegar a imaginar. Solo en Twitter, una de las redes sociales más simples o básicas, tenemos cientos de millones de usuarios lanzando al día más de diez veces esa cantidad de tweets. Tweets que se contabilizan, analizan, reparan, copian, relanzan, almacenan y se controlan cada poco tiempo por programas de ordenador independientes a los humanos. Eso por no hablar de la información dentro de cada tweet que ni siquiera es para nosotros. Cada vez que yo creo contenido en Internet varias bases de datos lo analizan con programas llamados bots. Programas automáticos que ya no dependen de personas para funcionar (aunque el fin último sea servir a nuestras estadísticas). La mutación de Internet, la expansión de su ecosistema Como ya concluí en La parasitación de Internet, éste está evolucionando hacia una integración total en nuestras vidas, con sus propios ciclos de crecimiento, sus especies (bots, programas, lenguajes, espacios, conexiones,…) y se está creando un ecosistema que, aunque paralelo y que ahora nos sirve, pronto alcanzará dimensiones casi incontrolables para nosotros. Y, lo más importante, que […]

Rogamos desalojen Internet. Gracias por su colaboración. Fdo: 01


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Ve un día al bosque más cercano que tengas de casa a observar. Hazlo como experimento o como salida campestre. Es posible que debas internarte bastante y estar en silencio para apreciar lo que comentaré a continuación. Tras un tiempo de andar hacia el interior podrás ver lo que los libros de texto llaman la cadena trófica en todo su explendor: árboles, roedores, insectos, capas de mantillo, arbustos bajos, algún que otro tipo de reptil, y, si acudes a una charca, una infinidad de mosquitos, termitas, pájaros.  A todo este conjunto se lo llama biodiversidad, la “diversidad de lo vivo”.  Materia orgánica e inorgánica – Fuente: CicloBioquímicos2013   Cuando observamos el primer tejido empresarial vemos grandes empresas que tienden a la monopolización. Grandes títulos en mayúsculas invaden las vías demostrando la grandeza de estos ahora extintos dinosaurios. Eran fuertes, eran robustos. No había quien se atreviese a toserlos. Tenían la fuerza de los ladrillos, las vías de tren, los astilleros, minas de carbón o vaquerías. Rudos, viejos pero inteligentes y, sobretodo, sólidos. De una robustez, consistencia y densidad considerables.  Eran estáticos, inmutables y eternos. Un punto de partida, un lugar donde hacer carrera subiendo de manera natural.  Pero la historia del mundo empresarial, junto con la primera crisis, nos enseñaron que estas macroestructuras de control rígido no eran tan estables como parecían frente a la ola de humanos-termita que habitamos en sociedad. Vivíamos, trabajábamos, comíamos gracias a estas megaestructuras de poder, alimentándonos de sus entrañas mientras las construíamos y reparábamos por dentro. Una simbiosis surgida de la necesidad del trabajo por el trabajo.  Pero las termitas, inconformistas como éramos, hicimos el mundo más rápido, más alocado. Lo aceleramos hasta que los grandes árboles de los que todos tomábamos parte se pudrieron, incapaces de soportar la carga que les transmitíamos. Y así la mayoría de ellos cayó, dando lugar a unas estructuras de comercio más pequeñas basadas en el empresario familiar, millones de ellas tomaron forma de las cenizas y detritus de aquellas grandes, y hoy en día aún sobreviven alguna de esas centenarias estructuras (remodeladas en tanto ha sido posible para no caer).  Ciclo de vida de la materia empresarial – Fuente: Red Peruana del Ciclo de Vida Las termitas creamos líneas de productos logísticos a lo largo del mundo entero sobre marabuntas de coches sobre raíles, bancos de barcos en puertos, bandadas de aviones. Allí donde plantábamos las semillas, crecían las empresas, y de sus raíces, tronco y ramas nos alimentamos. Extendimos nuestro ecosistema porque era lo que nos beneficiaba a sabiendas que todos los árboles tienen fecha de caducidad debido a su baja capacidad de adaptabilidad al medio que nosotros mismos acelerábamos.  De la caída de estas ahora no tan grandes estructuras dependemos. De su biomasa para seguir funcionando. Invertimos para ver cómo se hunde y así alimentarnos de la devastación causada. Habíamos creado el Mundo de los (des)Hechos. Un mundo creado por lo que ocurre y que se alimenta de todo lo que deja de ser al […]

LA PARASITACIÓN DE INTERNET. ECOSISTEMAS DE CEMENTO, FIBRA ÓPTICA, Y MATERIA VIVA