Física


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Por turnos, las fichas de madera se desplazan por el tablero. Por turnos, van cayendo. Cada par de jugadas despeja un poco más un campo previamente saturado. Por turnos, se acercan las unas a las otras para masacrarse entre sí. Las fichas, dispuestas con simetría en un inicio,  bailan caóticamente ordenadas por el tablero. Pero este tablero carece de límites, y es ahí donde el juego difiere del ajedrez. Sin límites, las piezas tienen la habilidad de huir ad infinitum, escapando de sus cazadores a los que dejarán atrás. O, al menos, lo intentan. Hace tiempo que juego al ajedrez despejado, un juego en sincronía con la idea del espacio einsteniano, en el que la materia del espacio (piezas de ajedrez) deforman el espacio en sí mismo (tablero). El ajedrez despejado tiene exactamente las mismas reglas que el ajedrez normal, y estas aparecen dispuestas en el mismo orden que en el tablero original, con alguna salvedad: Las celdas son , del mismo modo, fichas que se pueden mover, y aparecen en una cuadrícula de 10×10 en un inicio (en vez de las 8×8 convencionales). Se establece la diferencia: fichas para las celdas y piezas para las figuras clásicas. Cuando una pieza del tablero (una pieza de las clásicas) quiere avanzar a una casilla fuera del 10×10 original, solo tiene que situar más fichas fuera, creando más superficie de juego. Pero no se puede hacer un tablero infinito, de este modo, la tercera regla del ajedrez despejado establece que ninguna pieza podrá desplazarse de modo que quede a más de 11 celdas de radio de alguna de las otras piezas dispuestas ya en el tablero. Pronto el tablero se combará bajo el peso del movimiento. En el tablero inicial, una diagonal mide 8 celdas, y es lo más alejadas que están unas piezas de otras. En el ajedrez despejado, cada pieza no solo estará limitada por su movimiento natural, sino que, además, estará limitada por la posición del resto de piezas a lo largo de un tablero cambiante. Un tablero que, además, puede simular persecuciones. Si, por ejemplo, al final quedan un par de piezas por el tablero, éstas podrían correr la una a por la otra en una persecución sin límites en la que el tablero “crecería” hacia el lado del avance y “decrecería” por el otro extremo. Pero siempre manteniéndose (como máximo) en una longitud de 11 celdas. La idea del ajedrez despejado nace de la idea que Einstein nos dio sobre cómo influye la materia sobre la forma misma del espacio. De este modo, las fichas representan la materia que, moviéndose, deforman y crean el espacio (las celdas). Además, existe una atracción de todas las piezas entre sí basada en la mecánica newtoniana, de modo que no pueden alejarse de manera indefinida. Esto genera agotadoras partidas de semanas de duración, por supuesto, pero se trata de hacer algo diferente… y de ganar. Y a ti, ¿se te ocurre ampliar un juego clásico con física teórica?

El ajedrez despejado