Internet


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Internet es un lugar maravilloso. Estoy a punto de dedicarme a mendigar a través de Internet (como profesión) porque estoy convencido de la que gente me daría dinero cuando lo necesitase. Si tú te pones en mitad de la calle con la foto de tu hijo enfermo pidiendo algo de ayuda, aunque sea verdad y el chaval esté en las últimas, lo único que vas a conseguir son miradas de asco y que la gente se aparte. Que huyan de encontrarse con tu mirada. Sin embargo, cuando pones un cartel en Internet en el que pidas ayuda… aparece la magia. De verdad. La gente se lanza a ayudarte y te empiezan a llover emails de personas a las que no conoces de nada, pero a las que –por un motivo u otro– tu proyecto resulta atractivo y te ayudan a cambio de nada. Hace un par de días publiqué que un comentario crítico en el perfil de Amazon de mi libro había hecho que las ventas disminuyesen una barbaridad. Menos de dos días después, tres personas (dos de las cuales no conocía de nada) y que habían leído mi primer libro, se han lanzado a opinar que a ellos les ha gustado. Sin esperar nada a cambio, me han ayudado. No es la primera vez que me ha pasado, pero quizá si haya sido la más significativa últimamente. Quiero aprovechar para volver a dar las gracias. Tras meditarlo durante un tiempo, me he dado cuenta de que Internet es muy diferente al mundo AFK (lejos del teclado). Por algún motivo que desconozco, en Internet se presupone cierta buena fe de la gente, y mucha confianza. Me di cuenta de que no solo he recibido ayuda de extraños durante los 10 años que llevo navegando.  Quizá el no estar en contacto directo con la otra persona hace que le atribuyamos parte de lo que somos, tras lo que de manera casi automática nos cae bien. O quizá seamos más lanzados al no poder encontrarnos con su mirada, y vayamos corriendo a ayudar. Sea como fuere, Internet es un lugar maravilloso. ¿Alguien necesita ayuda en algo que yo domine?

Internet es un lugar maravilloso


Mapa de Internet en 2005, fuente: The Opte Proyect 2
La construcción con ceros y unos ya da sus primeras ruinas de 45 años. Internet nació en 1965 al conectar con un cable de cobre Massachusetts con California, las dos costas de Estados Unidos. Desde ese momento Internet no ha hecho más que crecer de manera exponencial, dejando de lado la curva exponencial del crecimiento de la población mundial, adelantándonos de tal modo que en comparación con su crecimiento la humanidad se consideraría estable. Hasta hace cincuenta años para que algo fuese catalogado de ruina debían pasar al menos cien años, momento en el cual los pueblos abandonados no constituían más que ruinas de rocas, y la madera había sido comida prácticamente en su totalidad por la fauna y flora de su entorno. La humanidad es experta en la fabricación de ruinas, aunque no todas se acabarán conservando. El último gran invento de la humanidad, un edificio situado en ninguna parte, sin puertas ni ventanas, que carece totalmente de dimensiones pero capaz de albergar ciudades que nunca llegarán a ser, nació en 1965. En ese momento la humanidad redescubrió el fuego. Pero este fuego era maleable, con él podía edificarse y destruir, y no solo calentar sino enfriar, y volar y vivir eternamente. En ese espacio sin dimensión construimos las que necesitamos: blogs, noticias, videos, grandes enciclopedias, entretenimiento, enseñanza, libros, juegos, lo prohibido. En Internet todo tiene cabida, de modo que la humanidad entera parece vivir últimamente solo para hacer crecer esta gran obra de arte viva que hacemos evolucionar a diario. Resulta curioso que toda la información que precedió a Internet ocupa tan solo una mínima fracción de su volumen: toda información que existía antes es tan solo una sombra comparado con lo que se ha escrito en los últimos 45 años. Muchísimo menos de un 1%. Por cada obra escrita en el siglo pasado hay cientos de libros que la mencionan. Por cada muro egipcio con jeroglíficos, miles de ensayos que hablan de ellos. Cualquier persona pensaría que todo aquello que la humanidad produjo antes de 1965 ya debería estar en Internet, pero al parecer escanear es mucho más difícil que crear, y seguimos creando habiendo introducido en Internet solo una fracción de lo que existía sin él. Y construimos y creamos como locos sin darnos cuenta (o no importándonos) que nuestros escritos acaben en el fondo de Internet, que nuestras películas sean objeto de la subdución informática y no se sepa más de ellas pese a estar ahí. Hacemos crecer nuestra última obra-de-arte-Museo donde metemos todo lo demás sin pararnos a apreciar que se parece a un queso de agujeros. ¿Recuerdas en qué red social te registraste por primera vez? Yo sí, se trataba de una red social para universitarios que ya no existe. Mi perfil estaba enlazado desde mi fotolog y desde mi página de MSN. Ahora, si entrase a algunos de esos dos perfiles (que no estoy seguro de que sigan ahí) apuntarían hacia un lugar vacío de Internet que nunca estuvo situado en ninguna parte. Cada vez que […]

Ruinas modernas: la construcción con 0s y 1s



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Hace unas semanas hablaba en La Piedra de Sísifo sobre la pérdida de conocimiento debido a la ‘subida del mar de conocimiento que es Internet’ en un artículo llamado La profundidad de Internet. Más que conocimiento, datos no estructurados que se aglutinan en la red. Y es que pronto la mayoría (si no totalidad) de nuestro periplo por Internet quedará sepultado por las siguientes capas de sedimento en forma de datos expulsadas por los humanos. Si hace cincuenta años hubiésemos anunciado que generaríamos 365 veces 2 exabytes de información en 2012 se nos hubiesen quedado mirando con cara de pocker. Algunos preguntarían qué es un exabytes, pero la mayoría negaría con la cabeza en un intento de borrar ese dato incongruente y absurdo. En todo el planeta ha habido un movimiento de apoyo a Internet caracterizado en una alabanza a sus características. Coge un proyecto técnico cualquiera de hace quince o menos años y empezará hablando de cómo Internet nos ha ayudado en la comunicación. Es un hecho contrastado, y lo sé porque he copiado varios proyectos. Si encuentras alguno que no lleve eso hay que darle un premio. Y si localizas a uno que hable sobre el cubrimiento de los datos por otros datos de modo similar a cómo dos placas de la litosfera se pisan unas a otras, envíamelo. Hace unos días hablaba con Alejandro Gamero sobre, precisamente, la estratificación de Internet. ¿Os habéis dado cuenta de que hay billones de hipervínculos que no llevan a ninguna parte? Grandes secciones de Internet han sido borradas. Es el equivalente a viajar a Roma y encontrarse con una esfera de vacío en mitad de la ciudad que abarque gran parte de las ruinas antiguas y los museos. Y no solo hay información borrada, también hay información soterrada bajo varias capas de actualidad. Hace unos años los únicos generadores de contenido eran las que hoy se conocen como ‘cuentas oficiales': colegios, información pública, empresas, cadenas de televisión, bloggers famosos, grandes distribuidoras de contenido,…Pero poco a poco se ha ido sumando el público general a la emisión de datos, haciendo que gran parte de ellos no puedan ser visualizados por falta de tiempo de la humanidad. Pronto tener una web será tan común como tener una cuenta de correo actualmente. Es decir, que todo el ‘primer mundo’ será en menos de veinte años emisor de contenido en mayor o menor medida. Esto ya está ocurriendo en micro con tuiter, facebook y google+. Por mucho que queramos leer webs y ver vídeos de amigos todo el día el crecimiento exponencial de este fenómeno hará indudablemente que la mayoría de los datos sean leídos una o dos veces como máximo, mientras que unas pocas, en función de una combinación de suerte, viralidad y posicionamiento, serán accesibles. No digo que serán acogidas, leídas y compartidas. Digo que, simplemente, serán accesibles en las primeras búsquedas de la web. He buscado, por probar, “Pensamiento Lateral” en Google. Por suerte estoy en las primeras páginas gracias a una suerte de […]

Subducción informática


¡Internet pronto dejará de ser para personas! Y dicho esta escandalosa (y más o menos cierta) afirmación, os explico el por qué: Internet surgió de la necesidad del envío de información de un punto a otro del planeta. Ya sea de China a América del Norte o de tu PC al móvil. Lo importante era poder transferir esa información entre ordenadores. Y para ello se escribieron una serie de protocolos. Para los que no sepáis de qué estoy hablando, básicamente a los ordenadores les tuvimos que decir axiomas como: - esto de aquí es información entrante; - esto otro es de salida; - esto analízalo cuando llegue; - borra esto otro; - almacena tal información; - etc Era importante que los ordenadores supiesen qué tenían que hacer con la información enviada y recibida, de lo contrario no sería posible verla como la vemos, y consistiría en un mogollón de ceros y unos “al tuntún” y sin orden. Complicando Internet Con los años hemos complicado este tipo de comunicación. Hubo que decir a los ordenadores de dónde venía la información y cómo lo hacía. Había que dar pautas específicas para PCs, Macs, teléfonos móviles, navegadores, routers, etc. Cada uno es capaz de hablar de un modo distinto, pero se tienen que entender todos igual. Un ejemplo es abrir esta web en un ordenador o en un móvil: el contenido es el mismo, pero la presentación cambia, y esto deben “saberlo” los dispositivos. De modo que complicamos las reglas del juego. Además dejamos de enviar información entre A y B, sino que comenzamos a almacenarla en servidores independientes (C) situados en cualquier lugar del mundo. Internet ya no servía solo para el envío de información puntual, sino que tú podías compartirla 24h gracias a estos servidores. Y, de nuevo, las reglas se complicaron más y más. Para que todo estuviese bien atado creamos mecanismos de control de tipo estadístico para volúmenes de datos que ni os podéis llegar a imaginar. Solo en Twitter, una de las redes sociales más simples o básicas, tenemos cientos de millones de usuarios lanzando al día más de diez veces esa cantidad de tweets. Tweets que se contabilizan, analizan, reparan, copian, relanzan, almacenan y se controlan cada poco tiempo por programas de ordenador independientes a los humanos. Eso por no hablar de la información dentro de cada tweet que ni siquiera es para nosotros. Cada vez que yo creo contenido en Internet varias bases de datos lo analizan con programas llamados bots. Programas automáticos que ya no dependen de personas para funcionar (aunque el fin último sea servir a nuestras estadísticas). La mutación de Internet, la expansión de su ecosistema Como ya concluí en La parasitación de Internet, éste está evolucionando hacia una integración total en nuestras vidas, con sus propios ciclos de crecimiento, sus especies (bots, programas, lenguajes, espacios, conexiones,…) y se está creando un ecosistema que, aunque paralelo y que ahora nos sirve, pronto alcanzará dimensiones casi incontrolables para nosotros. Y, lo más importante, que […]

Rogamos desalojen Internet. Gracias por su colaboración. Fdo: 01