ocupación


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Hará unos meses hice una pregunta a mis lectores sobre si habían notado una falsa alarma en el móvil alguna vez. Es decir, si habían pensado que había vibrado o sonado cuando en realidad no había sido así. El 85% (de 35) comentaban que le pasaba con una frecuencia semanal o incluso mayor. el otro 15% está seguro de que le ha pasado al menos mensualmente. Yo llevo usando un smartphone desde hace tres años aproximadamente, y uno de los primeros programas han sido los de comunicaciones: Whatsapp, Hangouts, skype y, hace poco, Messenger Facebook; en función de quien me hable. Tengo preferencias personales, pero no todos mis contactos tienen instalado el programa que yo quiero usar, y me adapto bien. Por supuesto llevo siempre el móvil en silencio y sin vibración. Solo las llamadas hacen algo: vibrar. Y no siempre acabo por atenderlas. Pero tengo activado un led verde que me informa si alguien me habla directamente (sin grupos, correos, menciones de twitter, actividad en Facebook y todas esas cosinas). Como podéis imaginar la luz acaba por parpadear todo el día y gran parte de la noche (aunque suelo apagarlo). Se me da bien ignorar esa luz. Pero hace unos días acudía a una biblioteca casi vacía. Suelo ir pronto, en cuanto abren, de modo que imaginé que era el motivo de la ausencia de gente. De 132 puestos solo 8 personas los llegamos a ocupar a lo largo de toda la mañana. A las pocas horas, al ir a mirar el correo, descubrí el por qué: el wifi tenía contraseña y no hay conexión de red por ser un sótano. Por supuesto puedes solicitarla en el mostrador, pero es una enorme caminata de un par de peldaños y un larguísimo trámite burocrático consistente en hablar durante casi treinta segundos con el administrador. Así que empecé a preguntar a esas siete personas. He de decir en su bien que menudo buen rollo y qué colaborativos: ¿Sabías que el wifi tiene contraseña? Sí por parte de 5 de ellos. No por parte de los otros 2. ¿Lo tienes activado? Sí por los mismos 5. No por los restantes. De ello deduje que: hay quien no lo usa y que le da igual, y que todos los que lo usan lo acaban activando. Es decir, que el que usa datos de manera habitual corre a activarlo o no aparece por esa biblioteca. Nadie que quisiese Internet iba a estar ahí dentro sin activar el servicio. Con estos datos subí a la recepción y pregunté durante cuánto tiempo tienen el wifi con contraseña. Al parecer llevan unos ocho meses. Pregunté si habían notado una menos afluencia y me enseñaron las tablas de ocupación: había bajado de una ocupación media de 30 personas (con y sin época de exámenes) a 3. Dice mucho. Por la tarde acudí a mi biblioteca habitual, un poco más lejos que la primera pero que prefiero. Hay en ella unos 200 puestos, de los que a media tarde todos […]

La no-disponibilidad de datos