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Lo que costaba y lo que cuesta (en euros y malestar) 2
Durante las décadas de los 80 y 90 y, gracias sobretodo a la tecnología y a la automatización, la curva de lo que cuesta hacer un trabajo ha ido a menos: con los mismos recursos podemos realizar más tareas. A su vez, el precio que se ha solicitado a cambio de un trabajo ha ido bajando un poco más rápido: cada vez el beneficio es menor. ¿Quién no ha oído expresiones del estilo “margenes ajustados”? Pues cada vez están más ajustados en el mundo empresarial, eso es algo visible a simple vista en el mercado. Lo divertido aparece tras 2008 (aproximado), momento en el que ya no hay tanto flujo económico y los contratos se vuelven terríblemente competitivos. Vamos a suponer, por suponer, el estado de un hospital público y ficticio “Hospitalito”. Se trata, como todos, de un hospital con un cierto número de camas y cierto número de quirófanos, con personal administrativo y sanitario, además del necesario para su mantenimiento y buen funcionamiento. Pondré números redondos para visualizar el problema. Imaginad que el hospital necesita 10.000.000 euros para funcionar bien en el nivel de mantenimiento (filtros, limpieza, obra interior, remodelaciones, acondicionado de salas, nueva maquinaria, calefacción,… Es decir, para que la gente sea atendida del modo en que debe. Para ello sale a concurso la oferta pública de la gestión privada del hospital. Antes de 2008 las empresas concesionarias (las que se quedaban con la gestión del hospital) podían llegar a demandar 12 ó 13 millones de euros por mantenerlo activo. Y la administración no tenía problemas en dárselo, por lo que de la diferencia obtenían el beneficio. El problema empieza en 2008. La administración no puede seguir pagando 12 o 13 millones por el hospital de ese número de camas, y saca a concurso por 10.500.000 euros una oferta laboral. En este concurso participan las misma decena de empresas que en los concursos anteriores, pero ahora se subasta al menor precio incluso por debajo del dinero que realmente hace falta para dejar el hospital en condiciones de funcionamiento. De modo que la empresa ficticia “Omega” acaba cobrando 8.000.000 euros por el mantenimiento del hospital “Hospitalito” Por supuesto es una empresa y necesita rentabilizar su dinero, de modo que de esos 8 millones llegan 7 útiles o efectivos al mantenimiento del hospital. Y el hospital comienza a deteriorarse. Durante los primeros años no se aprecia mucha diferencia: hay despidos en mantenimiento pero los costes siguen siendo asumibles porque las reparaciones son baratas y se va ahorrando de todo lo que se puede. Pero poco a poco se estropean puntos críticos del hospital: una caldera, la bajada de aguas principal, un quirófano ha de ser restaurado,…Se juega entonces a los platillos chinos con cada vez menos personas y recursos. Y los platillos comienzan a caer. La falta de presupuesto deja a mantenimiento boqueando en el suelo por más recursos, y se empiezan a realizar ñapas en vez de reparaciones, se compra lo barato para salir del paso y se trabaja […]

“Por debajo de la necesidad” o “El ABC de perder un buen servicio”