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publicidad papelera mierda marketing 2
No he podido dejar de apreciar el pequeño trayecto que realiza el papel publicitario. Los ahora llamados flyers, que han sido “propaganda” durante toda la vida. ¿Sirven de algo? En mi opinión tienen varias utilidades. La primera y más llamativa es utilizar a las personas menos cívicas de la ciudad para recogerlos de los repartidores. Una vez han realizado esta labor y los tienen en su poder, se limitan a dejar caer el pedazo de papel clorado como si la gravedad con que el planeta los atrae les eximiese a ellos de toda responsabilidad. De ese modo en Madrid se puede pasear durante todo el año sobre un magnífico manto publicitario que sustituye al aburrido mantillo clásico. ¡Y totalmente gratis para el paseante! Existen, por supuesto, otros usuarios de la vía que cogen los papeles y que en vez de arrojarlos al suelo los echan a una papelera. Probablemente la más cercana. Si te fijas bien puedes ver un montón de papeles tirados por el suelo en trayectoria a la papelera más cercana. Alguno, después de todo, se desanima tras un par de costosos metros portando algo tan pesado como un cuarto de hoja de papel y lo abandona, de nuevo a la gravitación, a la primera de cambio. Pero los que consiguen llegar (y encestar, que esa es otra) a la papelera tampoco están mucho más interesados en lo que ofrece la publicidad que el que la tira al suelo. De este modo se pueden observar papeleras abarrotadas de papeles de publicidad. El tercer y no menos importante uso de este tipo de publicidad es el talar árboles. Piensa que cada vez que estás cogiendo un panfleto publicitario estás destrozando una selva tropical. Porque es, de hecho, lo que estás haciendo. Todos nos preocupamos de cómo no contaminar, de qué podemos hacer para ahorrar energía y recursos sin cambiar nuestros hábitos. Llevo años sin coger publicidad. Ni la miro. Y he ganado varias cosas haciéndolo. Por un lado no me he visto bombardeado con ofertas de algo que no necesito y que acabo comprando. Es decir, que he ahorrado dinero. Y por otro puedo suponer que uno o dos árboles centenarios siguen donde deben estar gracias a mi. En su sitio, produciendo el O2 que tanto necesitamos y filtrando para nosotros el CO2 dañino. Y lo único que he tenido que no-hacer es coger publicidad por la calle. Ya que no imprimimos los correos web, seamos coherentes con la publicidad que cogemos por la calle. Y tú, ¿recoges publicidad?

Los diez metros publicidad (estilo libre)