trabajo


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Para lo bueno y para lo malo. Estamos tan acostumbrados a la explotación que, cuando digo que yo no tengo horario, me dan el pésame. En realidad, creo sinceramente que sin horario es como realmente se rinde. No creo que trabajar a la espera de que el reloj marque las seis de la tarde sea saludable para la mente. Todo el tiempo pendientes del reloj no puede ser bueno a largo plazo. Tengo una alarma a las seis de la tarde porque, sinceramente, ésta hora llega mucho antes de lo esperado. El día se me pasa volando. Por qué no tengo horario Bueno, vayamos por partes. Tenerlo, lo tengo. Técnicamente, según contrato y a nivel legal, se supone que estoy haciendo 40 horas semanales. Es lógico que esté reglado en algún sitio, y ese sitio es el contrato. Otra cosa es que se le haga caso. En mi trabajo nos pasamos las horas del contrato por ahí. ¿De qué sirve hacer 40 horas si la mitad estás ocioso? ¿Para qué ir a trabajar si no hay trabajo? ¿Por qué fingir que producimos cuando no lo hacemos? ¿Tiene sentido sentarse en una silla a mirar el periódico? Desde hace un mes, trabajo en una nueva ingeniería. Una con biblioteca. Y quizá sea por los libros que las condiciones tienen más sentido que trabajar 8 horas diarias. Además de una biblioteca hay café gratis, no tenemos horario de entrada o salida y nadie te mira mal si te vas un par de horas antes a casa. Nos hemos acostumbrado a una pésima cultura laboral en la que si entras el primero y sales el último eres mejor trabajador que quien más rinde. Hemos dado más importancia al horario que al trabajo en sí mismo, quizá porque su valoración es más sencilla. Motivación Pero a mí de nada me serviría llegar al trabajo a las 8:30h y salir cada día a las 18:00h. De seguro me acabaría aburriendo o estresando. El 90% de los días en mi empresa no tienen 8-9 horas de trabajo. O tienen más o tienen menos. Y exprimimos las horas al máximo. Las horas que estamos allí, trabajamos como si no hubiera mañana. Es por ello que no hay horario de entrada o salida. Los tres primeros días que estuve en la empresa ni siquiera fui. ¿Para qué? La persona encargada de explicarme los proyectos estaba de viaje. “Aunque sé que te incorporas el miércoles y sea ese el día en que gestionemos tu alta, prefiero que empieces a trabajar el lunes siguiente” Leer ese SMS de tu futuro jefe motiva. Motiva mucho. Motiva lo suficiente como para querer ir a trabajar y sacar todo el partido a tu día. E incluso a hacer horas extra. ¿Qué son un par de horas extra a la semana cuando ya me han regalado cuatro días desde que estoy allí? Y llevo un mes. Cuatro días regalados (que no cuentan de las vacaciones) en un mes. El por qué. La honradez Es […]

Yo no tengo horario


qué hacer cuando te despidan
Teniendo en cuenta el ritmo laboral, las bajadas en precios y los altos sueldos que ganamos (según nuestros empleadores), preguntarse cuándo te acabarán echando de alguna empresa quizá tenga más sentido que preguntarse si lo harán o no. Antes de que nadie me hable de optimismo, pesimismo o vasos con agua, o que me llame “cenizo”, aclararé que este no es un artículo negativo. De hecho, es un artículo que va en la línea opuesta del concepto de “mala suerte externa”. Ya sabes, eso de “la culpa es que ha sido de otro pero el marrón me lo he comido yo”. Ni soy negativo ni soy positivo: planteo una posibilidad plausible (hipótesis de partida) en un futuro a corto, medio o largo plazo. Quizá no te echen del puesto laboral que ocupas, pero sería raro que nunca llegasen a echarte de ninguna parte. Y este artículo surge para que te prepares bien si el momento llega. Yo mismo soy el primero que me he ido de todas las empresas en las que he trabajado. En este caso el que les ha despedido he sido yo, pero el caso contrario está a la orden del día. La última vez, a un compañero, no hace ni dos semanas. De modo que los despidos son una realidad. Quizá una menos frecuente si la comparamos con los cotilleos y las oídas de terceros, pero una posibilidad en el futuro. Un muro en nuestro camino. La relación con la empresa Me han calificado de muchas maneras. Por ejemplo, cuando cuento esto de lo que hablo aquí a algunos amigos, éstos me comentan que “voy a las malas” con las empresas. Cuando, en realidad, para mí es actuar de manera justa y según el acuerdo previo que tanto la empresa como yo hemos prometido (vía contrato) cumplir. Mucha gente me dice que, cuando una empresa te contrata, el comportamiento normal debería ser: Hacer horas extra; poner tu coche si hace falta; no hablar de dinero ni de horarios; poner de tu parte en todo. Pero creo que, como toda relación entre dos o más, todas las partes deben comportarse del mismo modo, y nadie tiene por qué bajarse los pantalones o humillarse. Si yo: Hago horas extra (algo que se puede hablar sin problema), estoy sacando trabajo. Es decir, la empresa está ganando dinero con ello, de modo que lo lógico sería que compartiese parte de ese beneficio que he ayudado a conseguir. Os pongo el ejemplo de las cajitas. Si yo trabajo ocho horas al día y saco ocho cajitas (unidades de trabajo útiles), y gano por ello ocho unidades monetarias, lo lógico es que, el día en que saque nueve cajas, se me diese una unidad monetaria extra. Porque la empresa la cobra y la factura. Pongo mi coche si hace falta. Algo perfecto, siempre y cuando el kilometraje incluya no solo la gasolina, sino el mantenimiento, la amortización o la posibilidad de accidente. Después de todo, es nuestro vehículo privado, el que usamos […]

Prepárate para cuando te despidan



Lo que diga mi jefe 6
Estos términos suelen confundirse bastante a lo largo del día en cualquier trabajo. Y es común que por satisfacer lo urgente lo importante sea dejado de lado bajo el dicho “Lo urgente quita tiempo a lo importante.”. Lo urgente es aquello que ha de hacerse de inmediato o en el plazo más corto para su entrega, probablemente debido a una mala planificación o gestión anterior, y suele tener consecuencias directas y rápidas, como por ejemplo el no entregar hoy un trabajo y que mañana por la mañana te estén llamando para echarte la bronca al respecto. Es algo que debes hacer, pero que no repercute en la empresa más que como trabajo puntual entregado. Lo importante es aquello que afecta de modo significativo a la empresa, por lo que postponerlo suele ser un error. Se me ocurre, por ejemplo, la sustitución de una máquina fotocopiadora en tu oficina. La máquina solo hace 100 fotocopias a la hora, es una antigüedad, y necesita ser retirada. Es un asunto importante, pero nunca hay tiempo para ello, y las fotocopias se amontonan en cola, se retrasan, y pasan a ser urgentes. Hasta aquí el mundo empresarial. Pero más de la mitad de nuestra vida no es empresarial. Ayer por la tarde, justo antes de que sonase un video del youtube colaron un anuncio por delante. No suelo hacerles caso, pero este llamó mi atención. En él salía una diferencia entre viejo y persona de tercera edad, y pedían a la gente que se cuidase siendo joven para llegar bien al término de sus vidas, porque no es lo mismo llegar cojeando y en silla de ruedas que llegar andando tranquilamente. Y, si bien esto no siempre puede controlarse, está claro que hacer ejercicio hoy te ayudará todos los demás días de tu vida. Por lo general llevo desde hace unos años siguiendo un estilo de vida con una filosofía: que todo lo que haga vaya encaminado a algo más grande y a futuro. De ese modo: ahorro, hago ejercicio, leo más de un libro semanal, camino en vez de coger el transporte público y cojo el transporte público antes que el coche. Tampoco me adeudo, y nunca pospongo un pago excepto si no hay intereses. Los intereses son lo contrario a mi filosofía de vida. ¡Hasta gasto mi ocio escribiendo como negocio pasivo! Quizá parezca poco, porque creo que venderé mi primer libro al precio mínimo, quizá a 99 céntimos. Pero si cada mes vendo un libro al final de mi vida habré ganado unos 888 euros con él. Y espero vender más de uno por mes y sacar más libros. Es decir: intento dar prioridad a lo importante para que luego no haya nada urgente, o que lo haya por necesidad pero que no me pille en gallumbos. Pero veo continuamente en mi entorno personas que se matan a trabajar para un tercero doce horas diarias, cobrando poco para las horas echadas y siendo imposible que puedan usar tiempo de ocio para […]

Cuando lo urgente quita tiempo a lo importante


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Eso lo saben casi todos los jefes malhumorados: un empleado feliz es un empleado que no produce. ¿Por qué se ríe? ¿No sabe acaso que el trabajo es algo muy serio? Está demostrado (lleva décadas siendo así) que el humor y el buen rollo en el entramado empresarial es sinónimo de beneficios, de mejor trabajo y de mejores ideas. Pero entonces, ¿por qué los empresarios temen esto en sus oficinas? Lo cierto es que no lo sé. Para una de las últimas empresas en las que he trabajado las cuatro de la tarde era la hora tonta. Era la hora de hacer chistes, de reírte sin control y ese momento del día en que la gente tropieza o se cae de la silla sin más. Por mi parte (y por lo que observaba por parte del entorno por la de mis compañeros) era la más productiva. No me entendáis mal, no era aquello una cafetería o un club de monólogos, pero en esa franja horaria la tensión acumulada durante toda la jornada rompía en risas histéricas, y eso ayudaba a seguir trabajando un par de horas más o tres. ¿El por qué? No tengo ni idea. Lo cierto es que sé muy poco sobre cómo funciona la risa y el buen rollo, pero hay algo importante: funciona. Y tú, ¿te ríes en el trabajo?

Cuando te ríes no trabajas



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Para los que no lo sepáis la Generación Y es una tanda de personas nacidas entre los años 1985 y 1990 aproximadamente y que suceden a la llamada Generación X. Ayer sin ir más lejos leí un artículo en el que se recolectaban entrevistas de trabajo de miembros de esta generación, entre la cuál me encuentro, y una frase me llamó la atención: “Dime lo que hay que hacer, no te metas en cómo lo hago, respeta mi vida y dime cuánto me vas a pagar.” Si siendo yo empleado de recursos humanos me viene alguien así le contrato directamente sin seguir con la entrevista, probablemente. Veo que es alguien con iniciativa, del tipo de personas que piensa y se vale por sí mismo, tiene claro lo que quiere y hasta dónde va a dar, cumplirá el horario laboral pero seguramente sea de los que echarán horas para que los proyectos salgan bien. Y tiene toda la pinta de que se tomará a nivel personal el trabajo. Es posible que, por ser perteneciente a esta generación, me sienta identificado con esa frase. La última vez que realicé una entrevista de trabajo fui brutalmente sincero. La entrevista era para un puesto de delineación en una empresa de telecomunicaciones y yo no cumplía ninguno de los requisitos que se pedían. ¿Por qué me hicieron la entrevista? Porque pedían tanto que solo cuatro personas aplicaron a la oferta. Según entré por la puerta me presenté y me mandaron sentar en unas sillas con las típicas revistas desfasadas apiladas sobre una mesita baja con asientos de aeropuerto alrededor. Lo primero que noté es que si venía alguien más a sentarse a mi lado (como sucedió minutos más tarde) su cabeza estorbaba en la vertical contra una manguera de incendios, de modo que fue lo primero que dije en la reunión cuando empezó: tendréis que recolocar la entrada para que las personas que esperan no sufran una lesión cervical. Por supuesto me ofrecí a ayudarles según terminásemos la entrevista, aunque desecharon mi intento de optimizar la salita de espera. Me llamaron a la semana para darme un puesto de trabajo, pero no iba a ser de delineante, iba a ser en el departamento de ingeniería (aguas abajo en el proceso de trabajo de la organización) con las ventajas que eso conllevaba: me había saltado un paso, estaba más cerca del cliente, había recortado tiempo de aprendizaje. Analizando ahora mi entrevista de trabajo pasada tengo claro lo que hice bien: Ser sincero (aunque rechine); Sonreír; Durante la mitad del tiempo de la entrevista las preguntas las hice yo; Dejé claro los límites temporales aunque en caso de alta carga de trabajo me quedaría según disponibilidad; Mi carrera (aún en curso) era más importante; Pero quería quedarme al menos dos años en esa empresa y aprender; El tema económico quedó zanjado casi en los primeros cinco minutos. Desde luego soy de esa generación Y: tendemos a ser directos y protegemos nuestros intereses. La pregunta es entonces: ¿Por […]

La Generación Y y mi experiencia en las entrevistas de trabajo


Drew Manning, y fuerza de voluntad gráfica 3
Joder, mira ese qué abdominales tiene, y yo con esta barriga…¡qué suerte tiene! Mira su cochazo, o el tamaño de su casa…qué envidia, ¿verdad? O no. Es improbable que a todo el que le vaya bien en algo lo tenga por genética. “Venía genéticamente preparado para ser el mejor vendedor de televisores del país.” Pues lo dudo, sinceramente. Hoy os quiero abrir la mente en cuanto a lo que el resto de personas hace, y a aprender a valorarlo, una asignatura pendiente por parte de muchos. Si buscas ‘iceberg‘ en google te saldrán cientos de imágenes en las que se ve cómo el trabajo duro apenas es percibido por el entorno. Quién sabe, quizá de aquí a unos años iceberg se haya adjetivado: “Menudo iceberg está hecho Carlos.” para decir de él que trabaja y se esfuerza en algo que queda ‘en la trastienda’. Hace poco oí en una conferencia a una muchacha que estaba interesada en los procesos sociales que quedan tras la cortina, como puede ser el mantenimiento, reparaciones de calzada, telecomunicaciones, el sembrado de farolas, etc. Multitud de actividades de la que la falta se notaría pero en las que no se tiende a reparar cuando se producen (cierto que a veces a horas intempestivas). Por lo tanto no podemos quejarnos de la suerte que tiene todo el mundo sin hacer el esfuerzo que hay detrás de esa persona. ¿Quieres adelgazar? Plantéatelo como un balance entre lo que entra y lo que sale. El tipo de la foto se llama Drew Manning, y engordó 30 kg solo para entender a sus clientes, y para luego demostrarles que el esfuerzo sostenido en el tiempo vale la pena. ¿Quieres ser mejor en tu trabajo? Aprende técnicas de desarrollo personal y estudia todos los artículos que encuentres del sector. ¿Quieres trabajo? No eches 5 candidaturas diarias de tu sector en tu ciudad. Echa de cualquier sector en donde sea. Y echa 20. Personalmente he tenido que aprender inglés practicándolo una hora al día durante años, viendo todo en ese idioma y esforzándome a leer al menos alguna noticia al día. Y ni siquiera soy bueno en ello. Es más, diría que soy un cafre en inglés. Por lo que sea a mi me cuestan los idiomas, pero eso solo significa que debo redoblar esfuerzos para aprenderlo. Tampoco soy bueno en animación 3D, que estudio por mi cuenta desde los 16 años. Hace falta muchísimo esfuerzo para ser un iceberg. La pregunta es: ¿Estás dispuesto? Tendemos a sentir envidia de los demás sin hacer nada para conseguir lo que tienen.

El esfuerzo (no visible) de los demás



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Nuestro cerebro no está hecho para pensar de manera lateral. Es rígido, cada vez más. Y sin embargo se nos pide ser creativos. Toda la sociedad avanza a velocidades vertiginosas hacia una vorágine de cambio en la que pronto andaremos averiguando los futuros valores de bolsa lanzando runas al suelo. “Bienvenido al mundo laboral, este es su puesto, siéntese. Muchas gracias. Ponga la mano ahí, ese es su teclado. La otra ahí, en esa cosa, en el ratón. Muy bien, ¿alguna duda?” ¿Te suena que todo sea para ayer, que no te formen ni te expliquen los alcances de tu trabajo? Pues eso eran problemas antiguos y clásicos. No significa que no los tengas, no. Pero significa que tendrás eso más los nuevos. A saber: la obligatoriedad de renovarte por segundos. Hace un par de días en una conversación con un conocido hablamos sobre las evaluaciones. Medir objetivos por año es bastante esclarecedor, hacerlo casa seis meses o de manera cuatrimestral ayuda a ver hacia dónde se va, hacerlo mensual es gastar demasiado tiempo en evaluar y detener el trabajo. Hacerlo diario es la idea más absurda y que otorga más impedimentos al trabajo de todas. Y, sin embargo, es así. Necesitamos gente que se adapte al trabajo variable, que sepa responder ante los imprevistos, y además queremos un ejército así. ¿Problema? Que el ser humano no quiere ser creativo, al menos no de manera natural. Tú estás controlado por una pequeña parte del cerebro llamado cerebro reptiliano que no quiere que innoves, seas feliz o sonrías a diario. Quiere que sobrevivas y, si puedes, que tengas hijos. No estamos preparados para el cambio, a pesar de que oímos durante años eso de que el ser humano se adapta a todos los medios es bastante deprimente. Lo cierto es que vive en un rango de 500m arriba-abajo, y ni pensar en bajo el agua o en cumbres durante más de unos días. Y ese es nuestro límite de adaptabilidad. Pero cuando llegues a la oficina se te pedirá que cambies tus pautas cada cinco minutos, si es que puedes. Y si no ya sabes dónde está la puerta. ¿Solución? Está claro…leerme a diario Y compartirme, claro…

Se nos pide ser antinaturales


Y ahora piensa bien si lo has intentado todo o no
Nos ocurre en la vida diaria que tenemos una serie de problemas (ahora handicaps si tomas café en el Starbucks) que no sabemos cómo resolverlos. Desde el sobrepeso a la falta de ganas para ir al trabajo. ¿Te suena? Hoy te voy a dar un par de pautas que a mi me funcionan, pero puede que a ti no. Y, en el caso de que así sea, puede que tengas que plantearte si esa actividad o problema con el que no puedes es realmente necesario. Hace unos años comencé a estudiar HTML por mi cuenta para montar una web. He de decir que las soluciones plug&play no existían a coste cero hace diez años, de manera que empecé a montar un dominio con un lenguaje HTML que haría reír a cualquier programador serio. Pasé dos meses dedicándole más de cinco horas diarias y aprendí bastante, pero por supuesto ni remótamente como para montar una web. De modo que decidí esperar a que alguna empresa pusiese a mi disposición algún mecanismo que me facilitase el trabajo. Tardé nueve años en reemprender el proyecto, y está aquí. Por supuesto no era una necesidad. Uno de los problemas que tenemos actualmente es la falta de trabajo, o al menos del tipo de trabajo que sabemos desempeñar. En menos de una década hemos pasado de un modelo estable de trabajo basado en contactos a una serie de herramientas web como LinkedIn o Infojobs. Y ahora que estas herramientas están saturadas no hemos dado el siguiente salto. Pero, ¿cuál es el siguiente paso? He encontrado de todo: desde hacerse tarjetas personales para vender tu marca personal a montar un blog. Por supuesto las acabaré probando todas si el coste es bajo, pero puede que el coste no sea tan bajo como parece, sobretodo en tiempo. Montar una marca personal a través de redes sociales, blogs, sistema de correos o similar es muy costoso y necesita mucha constancia, los resultados son a largo plazo y requieren paciencia. Desde luego el consejo más importante que puedo darte es que leas cada semana un libro. No me refiero a una novela. Las novelas están bien, a mi personalmente me gustan bastante y les dedico tiempo de transporte público, pero me refiero a libros sobre conocimientos específicos. ¿No hay nada sobre lo que quieras saber más? Léelo durante meses, cuando lleves ocho libros sobre la materia serás bastante competente. Al entrar en foros y unirte a chats abiertos sobre el mismo asunto serás capaz de contrastar parte de la teoría, de aprender de la práctica de otros y de dar el siguiente paso para ser un profesional de eso. Tenemos la idea equivocada de que hace falta un título para todo. Yo, personalmente, espero tener algún día una empresa, y lo que menos miraré serán los títulos o los idiomas a no ser que sean imprescindibles para el puesto de trabajo, algo que dudo. Lo importante será la terquedad, testarudez o cabezonería del trabajador. Las ganas de trabajar y […]

Cuando ya lo hayas intentado todo, excepto lo que no quieres intentar