Vergüenza


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De entre los comportamientos inherentes al ser humano que más me llaman la atención por absurdos, voy a hablaros hoy de la vergüenza ante determinadas situaciones en las que no deberíamos tenerla. Cuando llega el día de cobro en el trabajo y no ves tu cuenta corriente engrosada por el dinero que tu empresa debería haberte ingresado, esperas, esperas, y esperas. Esperas porque te da vergüenza decir que no te ha llegado el ingreso; te pones colorado si tienes que comentarles a tus jefes que se han olvidado de pagarte el mes. Pero el sueldo es un derecho contractual, es algo que te corresponde porque tú ya has trabajado, y por adelantado además. Tu jefe te exige que llegues a la hora, que hagas esto o aquello, a veces incluso te pide más de lo que debería, más de lo legal, como cuando te quedas una hora extra porque hay mucha carga de trabajo ese día y no te la pagan; o como cuando te acercas un fin de semana a la oficina a mirar algo que necesitan que compruebes con urgencia. Fuera del ámbito laboral, por ejemplo, en un bar, se puede dar la situación de que te cobren un euro de más por un trozo de pan que realmente no te han servido. Y parece que te da reparo hacer ver al camarero que, no sólo no has comido pan, sino que te lo están cobrando indebidamente. Entonces, si es obligación del jefe pagar; si es obligación del camarero cobrar sólo por lo que consumes, ¿por qué nos da tanta vergüenza indicarles su despiste o su error y reclamar que nos paguen o cobren como es debido? ¿Por qué nos ponemos tan nerviosos cuando de reclamar algo que nos corresponde se trata? ¿Es que tenemos el gen de la idiotez por defecto? ¿Será cuestión de la educación que recibimos, de cómo está arraigado ese tipo de costumbres en nuestra sociedad o depende del carácter personal de cada individuo en particular? ¿Vosotros qué pensáis? A mí no me queda claro, lo único que sé con certeza es que no pedir lo que es nuestro es de necios, y que muchos somos necios con conocimiento de causa, y sin poder evitarlo.

La vergüenza de pedir lo que es nuestro


Mi barrio 2
Tras muchos años de ser madrileño en Madrid he visto que la sociedad se distribuye no por ricos y pobres, gente con títulos o sin ellos, empleados o empleadores…sino por personas educadas y personas sin educación. Hoy es la segunda vez en una semana que casi me atropellan yendo en bici. Tengo chaleco, doy los “intermitentes” (con las manos…claro) y sigo todas las normas de un vehículo. Pero me temo que no se me puede atravesar cuando un coche se cruza dos carriles de golpe y sin mirar por el retrovisor al doble de la velocidad que se permite, es un fallo que tengo. Al llegar a mi casa me he encontrado con una escena preciosa, que encabeza este artículo. En realidad la foto es de hace poco, pero no tenía el móvil a mano. La escena es similar (o peor). Es, sin duda, algo nuevo para la naturaleza. De ahí o el árbol se muere o empieza a andar huyendo. Me gustaría decir que el problema es de una determinada etnia, raza o creencia. ¿No sería sencillo que un pequeño grupo de la población tuviese la culpa? Bastaría con un leve empujón, una reforma en la mentalidad de unos pocos o su inclusión en el resto de la sociedad y adiós al problema. Pero me temo que el problema no es tan sencillo. Es cuestión de empujar todos, en todas partes, en la dirección del respeto mutuo. Nos quejamos a diario de nuestros políticos cuando salen por televisión, pero no hacemos nada de esto: llamar la atención a alguien que tire un papel o una colilla al suelo; ser cívico y ceder el paso; recoger lo que otro ha tirado; ayudar cuando alguien nos lo pide; … Hay cientos de miles de tareas pendientes por parte de todos. tareas tan sencillas como no hacer algo: no tirarlo al suelo, meter en el bolsillo; no pitar, el atasco no avanzará si lo haces; no escupir al suelo; no orinar en la calle … El título de la entrada de hoy tiene por referencia la propagación de estos hábitos, que es cierto que he visto más en hombres que en mujeres, pero no demasiado más… Y tú, ¿qué haces y qué no haces?

Quiero para mi hijo un juguete varonil, a ser posible que escupa



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Cuando mis amigos y yo solemos salir por ahí, por lo general se repiten a mi alrededor frases del estilo: “Joder, tío, habla más bajo.” “¡Deja de hacer eso!” (esta última con cierta histeria) “Ya empieza…” Aquí un ejemplo que ocurrió en Valencia durante un verano con un par de amigos: Yo en un Burguer King – Fuente propia Por algún extraño motivo que desconozco, la gente no deja de usar un concepto que quedó sin activar en mi: la vergüenza. La vergüenza es eso que se interpondrá en tu camino y conseguirá que no hagas algo que deseas símplemente por el hecho de que otra persona pueda pensar de ti algo que no quieres. Voy a contarte un secreto: no puedes evitar que las personas piensen de ti lo que deseas. Es imposible. Siempre habrá alguien a quien no caigas bien, que piense que no actúas como debes o que querría que, en un momento determinado, te callases. “No voy a hacerlo, me da vergüenza.” también se usa como excusa para evitar problemas, situaciones incómodas ¿Para qué sirve este reto? ¿Qué gano? Hace ya mucho tiempo que descubrí que hay una relación increíble entre la vergüenza y la confianza en uno mismo. Cuanto más de lo uno, menos de lo otro. Y desde que comencé a olvidar que tengo vergüenza me ha ido mucho mejor en la vida. También existe, como es lógico, una relación entre la vergüenza y las oportunidades perdidas. No tengas miedo a hacer el ridículo. Puede llevarte hasta aquí, o incluso más alto.  Sí, soy yo. Y tú, ¿a qué te has atrevido últimamente? No olvides compartir si te ha gustado, o de compartir tus experiencias

SOBRE HACER EL RIDÍCULO. HAZ ALGO QUE TE DE MIEDO, Y HAZLO PRONTO