virtual


el día en que la humanidad se muera de aburrimiento 2
¿Os imagináis que de un día para otro la gente se aburra de manera natural de absolutamente todo? Pues creo que es algo bastante factible si la tecnología sigue por el lugar a donde va. Y ojo, porque yo soy el primer fanático de la tecnología, pero eso no me evita ver a dónde va a conducirnos, y en mi amor-odio estoy entusiasmado-aterrado por la idea de un futuro en el que los seres humanos no tengan nada que hacer y lo tengan todo. ¿Os lo imagináis? Creo, según nos ha demostrado la ciencia hasta ahora, que es factible que llegue el momento en el que nuestras obligaciones terrenas se acaben y que no «tengamos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente». Ni, ya puestos, ninguna parte de nuestro cuerpo. Lo que va a ser maravilloso, porque evitará muchísimos atascos a las 7 de la madrugada de un lunes cualquiera. Pensadlo por un momento (aunque, y eso espero, seáis algo escépticos). Poneos en situación. Dentro de una serie de años, vete tú a saber cuántos, llegará el momento en el que los robots y las máquinas trabajarán para realizar las labores básicas como la cosecha, nuestras prendas y nuestras casas, y que poco a poco también empezarán a ocupar puestos de responsabilidad en las empresas y a realizar trabajos artísticos. Sí, eso ocurrirá, lo siento al que le acojone. Cuando llegue ese momento y el ser humano pueda dedicarse a la vida contemplativa y a meditar, ¿qué hará con su vida cuando ya lo hayan hecho todo? Aunque muchos de nosotros somos capaces de vivir enganchados a un buen libro y a Internet, ¿qué ocurrirá cuando nadie tenga que trabajar y cuando pueda estar con sus amigos eternamente? ¿Seguiremos considerando Internet como un lugar donde refugiarnos y aprender? Pero puede que no llegue ni a ese momento. Es muy posible que perdamos las ganas de vivir mucho antes de que las máquinas nos sustituyan. Pongámonos en situación de nuevo. Es 2050 (de nuevo, vete a saber la fecha, pero casi seguro que será un poco antes de que los robots empiecen a pensar) y se ha inventado eso que llaman realidad virtual. Pero no como en los juegos malos en los que algunas pantallas están pixeladas, no. Digo cuando nos sea físicamente imposible distinguir la realidad virtual de la realidad en la que más nos vale que comamos y nos aseemos. En la realidad virtual podremos hacer lo que queramos: saltar en paracaídas en una distancia infinita, vivir en la cama con nuestra pareja perfecta, habitar una casa de esas que te quitan el hipo o andar eternamente por esos bosques húmedos que atrapan al caminante. Podremos, en esencia, ser dueños de todas aquellas experiencias que nuestro cerebro demande, en tanta intensidad como deseemos. Ahora bien, ¿qué ocurrirá cuando despertemos? ¿Qué ocurrirá cuando debamos ir a trabajar ocho horas después de haber vivido en el paraíso varios años? ¿Seremos capaces de seguir adelante sin recurrir al infantilismo […]

El día en que la humanidad se muera de aburrimiento


Vista de calle a través de Ingress
Pues ya no se trata de un “¿Y si…” sino de un “¿Pagarás por ello?”, porque este modelo ya existe aunque no lo veamos mucho por aquí. Que sí, que existen agencias de publicidad que te llevan los clientes a tu tienda, aunque el cliente no sabe exactamente que va a tu tienda. Qué jaleo. ¿Cómo funciona esto? Hace un tiempo hablé de un juego llamado Ingress y las ventajas a nivel físico que planteaba, uniendo un mundo puramente friki con el deporte en equipo o en solitario. Para los que no leyeseis el artículo, Ingress es un juego de realidad aumentada que ha construido un universo sobre la realidad. Y en este universo ficticio has de jugar capturando lo que en el juego se conoce como “Portales”. Básicamente se trata de un “Captura la bandera” a nivel mundial con decenas de millones de banderas distribuidas por todo el planeta y que solo se ven usando los dispositivos móviles. Esto te ayuda a moverte y a quemar calorías. Pero hoy no hemos venido a hablar de eso, sino de cómo Ingress se ha convertido en un modo de llevar a clientes que ni siquiera saben que son clientes a las tiendas de empresas que pagan a Ingress por ello. Suena a Un mundo feliz, pero está pasando. Dentro del juego podemos hacer varias tareas: capturar portales (banderas) enemigas, defender las propias, obtener energía de las que controlamos, atacar portales enemigos,…todo ello lleva un puntaje a nivel mundial en el que dos equipos compiten entre sí por superar al otro. Es decir, que si hoy sales con tu bici por Madrid y consigues sustraer unos cuantos miles de puntos a tu enemigo, eso apenas significará nada para el puntaje global, compuesto por la suma de los puntos ganados por millones de personas activas diarias. Y ese es el truco: millones de personas activas diarias. Y donde hay una concentración de gente, Google lo explota. Ingress es un juego desarrollado por una StartUp de Google para dispositivos Android. Pero la publicidad no está dentro del juego, sino fuera del mismo. Jugar es totalmente gratuito (a pesar de que se puede pagar por accesorios extra) y no es necesario desembolsar un euro. Se puede jugar con el simple gasto de la batería y el uso de las piernas para moverte de un sitio a otro. Y entonces, ¿de dónde sale el dinero? Imagina que tienes una empresa, llamémosle Bar Desierto. El Bar Desierto sufre una mala racha: han retirado unos cuantos locales cercanos y ahora se ha convertido en un lugar algo apartado del núcleo comercial más cercano, por lo que apenas pasa gente que se pare a tomarse un café. ¿Cómo lo arreglamos? Hablamos con nuestro amigo Google, que nos ofrece la oferta clásica de poner nuestro anuncio en sus webs de búsqueda. Y esa es una opción. Pero existe otra. ¿Y si Google te mandase a los clientes directamente a la puerta de tu local? Pues puede hacerlo. Dentro de Ingress […]

¿Y si los anuncios llevasen a la gente físicamente a tu tienda?