“Tiburón”, el juego en el que aprendes a hacer que otros pierdan


Recuerdo que cuando era pequeño nos dejaban jugar, al finalizar las clases de natación, a un juego llamado Tiburón. En el juego, un tipo se la ligaba haciendo de este animal. El resto (unos quince nadadores) disponían de una colchoneta cuadrada de flotabilidad dudosa de unos tres metros de largo que podía sostener (si uno se estaba lo suficientemente quieto) a unos cinco niños encima.

Accidentes-en-la-piscina

¡Que no te cojan!

El juego no trataba sobre fuerza o destreza física (aunque alguno había que golpeaba el agua de tal modo esperando ganar). Se empezaba todos en la orilla, la colchoneta en uno de los lados de la piscina y con un minuto de ventaja con respecto al tiburón, que esperaba en el otro extremo de la piscina el momento de saltar. ¿En qué consistía el juego? En que el tiburón no te cogiese en el agua, momento en el que tenías que dar la vuelta a una columna del centro de la piscina (sí, había una enorme columna en el centro de la piscina de dos metros de diámetro) y te convertías en tiburón. ¡A cazar niños!

El juego consistía en tirar a otros de la colchoneta más que de mantenerse arriba, quedando el último y ganando por ello a todos los demás. El resto había perdido. Me gustaba porque se me daba muy bien golpear a otros niños para que cayesen al agua.

El mundo empresarial es en ocasiones similar. La colchoneta es el mercado (clientes y clientes potenciales). El tiburón es la ruina empresarial, y tus compañeros nadadores los competidores directos. No, no es lo ideal, ético u honrado tirar al resto de competidores a la ruina económica, pero es un método de ascenso muy eficaz. Si consigues hundir a parte de tu competencia haces lo mismo que al ganar clientes con métodos más honrados: ganar cuota de mercado. Lo sé, no es nada ético, pero dudar de la práctica resulta absurdo, como dudar de que el marketing fabrica o no necesidades. Lo cierto es que de la teoría empresarial a la aplicación práctica hay un trecho enorme. Vamos, como que no se parece en nada. Cuando tu competencia se pone en el local de al lado y baja los precios por debajo de los tuyos, el compañerismo, la ética y el valor de la honradez desaparece para dar paso a un tiroteo empresarial con todas las armas de que dispones, porque el cliente no suele querer dos productos de las mismas características, y desde luego no comprará uno más caro porque sí.

La pregunta es: ¿Estás preparado para hacer que otro caiga?

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