Umwelt


La ampliación del umwelt de aquél joven estaba basada en el mapeo tridimensional por ondas. Y gracias a eso iba a salvar catorce vidas hoy. El pequeño emisor electroacústico de su espalda, a modo de mochila, lanzaba pulsaciones esféricas constantes que avanzaban en frecuencia en un amplio rango cada pocos segundos. Las ondas ultrasónicas barrían el espacio a lo largo de su avance, rebotaban en los objetos y volvían hacia aquél muchacho ciego, donde los transductores implantados a lo largo de todo su sistema óseo recibían la información y la amplificaban, haciendo vibrar ligeramente los huesos.

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Estas vibraciones eran percibidas por los músculos, quienes enviaban los impulsos al cerebro. Y hasta ahí la magia de la ciencia. El resto era trabajo del cerebro, quien se adaptaba a cualquier tipo de impulso eléctrico para conformar la realidad.

Habían pasado años para que la imagen del barrido tridimensional fuese interpretada al detalle por el cerebro de Izan, que con tan solo diez años se había quedado completamente ciego. Fue entonces cuando las primeras ampliaciones de umwelt, de la mano del doctor Eagleman, permitieron que los ciegos volviesen a ver parte de la realidad perdida a través de la sustitución sensorial. Izan, de quince años ahora, había recibido desde hacía un año una formación especial desde que se dieron cuenta de los usos de sus nuevas capacidades. Desde entonces se había incorporado e integrado a la perfección en el equipo de zapadores, que seguían sus instrucciones sin una sola queja.

Izan comenzó a explicar la situación al jefe de ingenieros mientras el resto de técnicos se reunían a su alrededor. Él los detectaba como espacios tridimensionales ocupados por una sustancia blanda. Lo suficiente como para que las ondas la atravesasen lentamente.

En el edificio derruido, de siete plantas que incluían tres de garaje, había catorce personas. Izan podía ver el edificio bajo sus pies. Seis de ellos se movían ligeramente entre los cascotes en los pisos dos y tres, pero el resto apenas sí respiraban con dificultad. Izan señaló los tres puntos de extracción sobre los que se tendría que empezar a trabajar para alcanzar primero a aquellos que parecían más débiles debido a los movimientos de sus cajas torácicas. Podía leer e interpretar sin problema variaciones de unos pocos centímetros en un radio de más de veinte metros, y cinco de los cuerpos que visualizaba estaban completamente quietos desde que había comenzado a emitir hacía tres minutos. Probablemente estuviesen ya muertos.

Los zapadores comenzaron a cavar en los puntos dos y tres con maquinaria pesada, debido a que en esos puntos las personas se encontraban a mayor profundidad, junto a las salidas E y F el parking derrumbado. Pero en el primer punto, diez personas paleaban y levantaban cascotes con las manos. Izan sentía cómo la respiración de aquella mujer, a dos metros por debajo de ellos, se volvía lenta e inconstante. De vez en cuando, su pecho se sacudía. Tosiendo, interpretaba Izan, en un esfuerzo por respirar.

Izan realizó el cálculo mental en función de lo que sabía que los ingenieros hubiesen hecho sin él ahí. De cómo hubiesen primero asegurado la zona que él podía percibir detalle a detalle. Cómo habrían cavado todo con palas. Cómo las personas hubiesen dejado de respirar poco a poco. Sonrió sabiendo que siete nuevos implantados se reunirían con él en dos semanas en las minas de Kiruna, en Suecia. Había leído y estudiado los informes de todos ellos, y el pequeño experimento del cuál formaba parte comenzaría a salvar vidas de forma masiva y alrededor de todo el globo.

Cuatro de ellos habían sido ampliados basándose en una mejora del sistema de ampliación del umwelt de Izan, pero tres tenían un umwelt basado en tres sistemas diferentes. El de Laura en la percepción de variaciones en campos magnéticos, el de Özgür en la captación de ondas sísmicas, y el de Balig podía captar la radiación sobre el ultravioleta y por debajo del infrarrojo, así como servir como contador Geiger.

Los zapadores llegaron a la mujer y consiguieron sacarla. Izan contempló cómo la entubaban dentro de la ambulancia. Él se había quedado ciego, había perdido parte de su realidad, pero ahora veía mucho más que ninguno de ellos. Si hubiese sabido antes lo que era percibir todo movimiento en una esfera de veinte metros, habría sacrificado antes la vista.